7. Lo que el campo no tiene

Estoy sentada a horcajadas frente a Pablo junto a la reunión de una vía de escalada: una grieta de apenas diez metros que él acaba de equipar maldiciendo la mala calidad de la roca. Ahora eso nos da un poco igual: nos miramos con cara de amor idiota, observamos el paisaje y dejamos que nos dé el sol en la cara. Planeamos quitarnos los pies de gato y bajar andando por la parte trasera de la vía, que desciende suavemente hasta la carretera.

Hace unos días, mientras caminaba por La Pedriza con unos amigos de Cádiz, pensaba en un post del tipo “Diez razones para pasar tus fines de semana en la naturaleza”. Sería un post de obviedades, claro. Porque el sol te da vitamina D, porque el ejercicio baja el colesterol, etcétera. Hoy, sentada con Pablo sobre la extraña roca del Barranco de la Hoz, en Guadalajara, pensaba que quizá lo interesante de la naturaleza no es lo que tiene, sino lo que no tiene.

En la montaña no hay tiendas. Quizá no te hayas dado cuenta, pero pasear por cualquier ciudad implica convertirse en un monedero andante. Dejas de ser un individuo y te transformas en el objetivo de cientos de estímulos que tienen como único objetivo hacer que gastes. Lo urbano genera insatisfacción: está diseñado para que sea así.

En la montaña no hay restaurantes, y aunque no hay nada de malo en sentarse a compartir una comida con los amigos, es importante darse cuenta de que comer también es consumir, y de que hay cierto límite a la variedad sensorial que uno puede experimentar a lo largo de una vida. Puestos a entretenerse, prefiero con diferencia algo que implique acción.

En la montaña no hay muchedumbres, y desde que vivo en Madrid creo que subestimamos el impacto del hacinamiento. Las horas de transporte público son a menudo horas de invasión continua del espacio personal. En mis peores momentos aquí, sentía que no me quedaba sitio ni para pensar. La montaña te permite decirle a tu inconsciente que hay espacio suficiente para todo.

En la montaña no hay carreteras. No hay pasos de cebra, ni semáforos, ni luces de neón. Hay menos humo de tabaco, a no ser que te juntes con hordas de escaladores paradójicamente ahumados. No hay música, ni vallas publicitarias, ni repartidores del 20 minutos, ni paradas de metro.

La montaña tiene mucho menos que ver con lo que te da que con lo que te quita, y en eso pienso mientras bajo detrás de Pablo procurando no caerme ladera abajo con todo el material colgado del arnés. Me gusta escalar por muchísimas razones, pero incluso a quien no escala le seguiría recomendando que no se olvide de la naturaleza. No sólo por el sol, o por el ejercicio, o por los amigos, o por este indio encantador que me tiende a ratos la mano para ayudarme a bajar. Sobre todo, porque es una manera sencilla y barata de recordar lo que significa ser persona.

Que empecéis bien la semana, queridos jipis 🙂

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12 Responses to 7. Lo que el campo no tiene

  1. Juan Carlos junio 16, 2013 at 9:38 pm #

    Ooh! 🙂 Feliz semana

  2. Paula junio 17, 2013 at 12:08 am #

    Mi experiencia con la montaña, el mar y la naturaleza en general es que sin darte cuenta te van relajando a medida que pasan las horas, seguramente por lo que tú dices de falta de estímulos. Además la belleza y el silencio se van colando en tu corazón. He estado varias veces en Los Pirineos y siempre digo que tengo que volver aunque sea cada 2 ó 3 años, cosa que por circunstancias no cumplo. Otra cosa que no tiene la naturaleza son comodidades, y en las dificultades se potencia el espíritu de solidaridad y el compartir. Po otra parte en la vida diaria tenemos múltiples cosas para evadirnos y para que se nos pase el tiempo (de hecho se llaman pasatiempos), y que muchas veces nos dificultan la comunicación con los demás favoreciendo el aislamiento. Y desde luego el hacinamiento, desde el trabajo, el metro, los grandes almacenes, el tráfico…estoy segura de que nos perjudican y no despiertan precisamente nuestros mejores sentimiento. Gracias Pitu por hacernos pensar. Un beso.

  3. KHaL Yeleytr junio 17, 2013 at 12:44 am #

    La naturaleza es un medio hostil para mí, pero coincido en que necesitamos desconectar del agobio y la tensión de nuestra vida diaria para conservar la salud mental.

  4. alejandro junio 17, 2013 at 6:30 am #

    Estando en tu situación no sé si me daría tiempo de pensar en todo eso o en que espero que no me caiga!!!. Pienso que lo que quieres reflejar y es cierto que no teniendo nada nos amoldamos al sitio y no tienes que quejarte, la montaña no te va a dar el restaurante que pidas porque quieres comerte un chuletón. Te resignas, tu mente lo adapta y ya está. Cuando nos metemos en la ciudad al tener de todo, queremos más porque creemos que podemos tener más. No hablo en sentido de apropiarnos de nada si no con la idea de que todo está al alcance de nuestra mano. Algunas veces como dices, hay que ir a la montaña para encontrarnos con nosotros mismos. Besos!

  5. Pedro junio 17, 2013 at 8:54 am #

    ¡Gracias Marina! Mi mente demanda naturaleza, mínimo una vez al mes. Son dosis de paz y gozo que obtengo de cada jornada de pesca, que es el motivo por el que más tiempo paso en el campo o sobre el agua.

  6. Vanesa junio 17, 2013 at 1:17 pm #

    A mi la naturaleza me pone de muy buen humor! me encanta sobretodo en otoño con el olor a tierra mojada, el año pasado tuve la oportunidad de probar una actividad de orientación (te dan un mapa y haces un recorrido) y salí encantada, además de hacer senderismo que ya me gusta mucho vas descubriendo el lugar y pasando un buen rato con los compañeros, la montaña siempre ha sido como un alto en el camino (de la ciudad)

  7. Elsa junio 17, 2013 at 5:07 pm #

    ¡Viva el campito!

  8. Antón Pirulero junio 17, 2013 at 5:54 pm #

    En el campo los pensamientos se tornan más nítidos. Quizás sea la ausencia de ruido y distracciones y el espacio libre.

  9. volboretinha junio 17, 2013 at 9:00 pm #

    Justo ayer, veía una noticia sobre lo moda que está últimamente el volver al campo…y los llamaron neorrurales!! jajaj!! Como me reí!!. El caso es que si que está de moda, si. Pero se van al campo por todo lo alto, a una casa maravillosa con un gran terreno y montando un negocio, según decían, quieren llevar al campo lo que no hay, osea lo que hay en las ciudades; negocios originales…Y me quedé pensando que si llevamos lo que hay en la ciudad a los pueblos campestres, al final los convertiremos en pequeñas ciudades…y ya no será lo mismo. Me ha gustado mucho tu observación sobre el consumismo… por que el consumismo no sólo afecta a la compra de Ropa, como casi siempre se piensa. El consumismo afecta a todas las áreas en las que nos gastamos el dinero…Hay consumidores compulsivos de cultura, de comida, hasta de libros…

    Yo necesito la naturaleza, la montaña, y el mar…No me gusta vivir en las ciudades, y si es así intento que no sea en el centro. Ahora tengo un pequeñito jardín y no sabes lo bien que me ha venido. Creo que es importante ser conscientes de todo lo que creemos que necesitamos, pero no necesitamos. Saber disfrutar de las cosas de la vida sin necesidad de comprar y consumir es uno de mis objetivos…

    Muchos besos guapa!! Tu reto va fenomenal!!

  10. Silvia C junio 17, 2013 at 9:44 pm #

    Pues a mi me ha encantado la frase que dice…

    …”Nos miramos con cara de amor idiota”

    ¡me encanta! Jajajajajja… Porque en ese estado, los sentidos se agudizan y disfrutas mucho más de TODO

    :))

  11. Marta (Galicia) junio 18, 2013 at 2:35 pm #

    Para mí la naturaleza también es imprescindible. Pasar el rato en una calita con poca gente o nadie oyendo el sonido del mar, o en la montaña, o cerca de un río… En ese sentido es genial que escales, porque eso ya te garantiza tu dosis. Yo echo mucho de menos esto en Madriz, tengo que subir a Galicia a menudo. Y si paso mucho tiempo aquí, tiene un efecto en mi estado de ánimo que es casi absurdo.

    Un besote!

  12. Gorka junio 20, 2013 at 6:37 pm #

    ¡Cuánta razón! Este año empecé a ir a la montaña, pero no a escalar. Escalar lo probé en rocódromo de ciudad y no es lo mío.
    Vamos 3 o 4 colegas y nuestro comportamiento cambia radicalmente. En los bares de la ciudad no callamos y estamos diciendo tonterías todo el rato. En la montaña (hacemos rutas de entre 15 y 40km) permanecemos mucho tiempo en silencio y cuando hablamos es para decir cosas que hemos pensado mucho. Nos saca una vena sincera. Será el aire fresco.

    Aprovecho para felicitarte por tu decisión de escribir 30 días seguidos, porque veo que estás cumpliendo (con ideas muy buenas!) y además se ha incrementado sustancialmente el número de comentarios.

    Saludos :D!

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