¿Deberías echar a tu hijo de casa?

Querido padre o madre del siglo XXI:

Si estás leyendo este artículo es porque tu hijo o hija está viviendo en tu casa y quieres saber cómo ayudarle a emanciparse.

Bienvenido.

Sé que ahora mismo tienes la mosca detrás de la oreja. Algo dentro de ti te dice que te van a echar la bronca. Los padres actuales conviven con la voz machacona de los psicólogos diciendo “no lo estás haciendo bien”. Mi madre siempre dice que los padres de su generación (nuestros abuelos) tenían las cosas más claras: sus hijos habrán salido mejor o peor, pero nadie se siente culpable por ello.

Mi primera misión es tranquilizarte. Estamos todos del mismo lado: tu hijo, tú y yo. La culpa nunca ayudó a nadie a hacer un cambio positivo, así que vamos a echarla del terreno cuanto antes.

Mi segunda misión es convencerte de lo siguiente: para que tu hijo sea un ser humano independiente y feliz, mientras antes se busque un trabajo y se vaya de casa, mejor. He escrito un artículo entero sobre el tema aquí, pero es un poco largo y no quiero perderte antes de terminar esto. Así que mejor quédate conmigo y yo te lo resumo:

– Tu hijo está poniendo en juego su futuro laboral. Toda la gente que se ha visto alguna vez en la situación de contratar empleados me dice lo mismo: cualquier experiencia laboral es mejor que ninguna. Pablo, mi chico, que ha fundado ya varias empresas, va más allá y me dice que él “ni en pedo” (argentino para “ni de coña”) contrataría a alguien que no ha trabajado en nada antes de, digamos, los veinticinco años. “¿Qué estaban haciendo hasta ahora? – me pregunta -. ¿Qué problema tienen? Si nadie los ha contratado hasta ahora será por algo, ¿por qué iba yo a correr el riesgo con mi empresa?”.

No solo es terrible que no pueda trabajar de lo suyo; es terrible que no pueda trabajar en nada. Implica que no es capaz de aportar NADA de suficiente valor como para que alguien le pague, y eso es muy grave. Es de vital importancia que tu hijo encuentre la forma de insertarse en el mundo laboral cuando antes y de lo que sea; además, aprenderá mucho más que en cualquier master.

– La salud mental de vuestra familia está en riesgo: a partir de cierta edad, no emanciparse es una situación anómala que trastoca los roles de la familia. Es como dejarle pañal a un niño de cinco años o seguir llevando en el carrito a uno de diez. Necesitáis relacionaros entre vosotros como adultos libres e iguales, porque es lo que sois; si no, corres el riesgo de ejercer presión sobre tu hijo o de sentir que se aprovecha de ti.

– El mundo funciona con dinero y tu hijo no está aprendiendo su valor: ganar y administrar el dinero suficiente para vivir es una tarea difícil que requiere práctica. Mientras dependa económicamente de ti, no sabrá calibrar las consecuencias de sus actos y estará viviendo en una burbuja que explotará tarde o temprano.

– Tu hijo se ha vuelto sumamente frágil: no quiero ponerte nervioso, pero tú no vas a estar ahí para siempre. ¿Qué pasaría si te pierde de un día para otro? ¿O si tú pierdes tu fuente de ingresos y no encuentras una nueva? ¿Se moriría tu hijo de hambre? ¿Acabaría debajo de un puente? ¿De verdad quieres que esté expuesto a esa situación, o a la caridad de otros?

Un contrincante terrible

Espero haberte convencido, querido padre o madre del siglo XXI, porque necesitamos toda tu fuerza con nosotros. Tu hijo, tú, yo y todos los que le queremos estamos luchando contra un ser potente y maligno, de oscuros tentáculos y fea cara.

Úrsula la de la Sirenita El Miedo.

Puede venir acompañado de otros colegas: la Inercia, la Pereza, el Victimismo. Sin embargo, el jefe de la pandilla que nos mantiene a los jóvenes cobijados bajo el ala de nuestros padres es el Miedo. Miedo a trabajar, a no saber hacerlo bien, a que nos rechacen, a que nos exploten. Miedo a un país extranjero, a perder el tiempo en algo que no es “de lo nuestro”, a gastar nuestros ahorros.

Cuando el Miedo entra en una casa, ataca a todo el mundo, y a ti no te está dejando indiferente. Tienes miedo a que tu hijo desperdicie su futuro, a que eche por tierra toda su formación y su esfuerzo, a que otros le adelanten porque tienen más títulos o más formación. A que tire el dinero en un alquiler, a que lo pase mal en otro país, a que se sienta frustrado.

Yo no tengo hijos, pero he conocido a muchos padres y madres, y el Miedo está con ellos desde el primer día del embarazo. Primero es miedo a perder al bebé; luego a que no sea un mutante con siete dedos en cada mano. Evoluciona a miedo a que se asfixie durmiendo, a que no esté creciendo lo suficiente, a que tenga problemas en el desarrollo. A que lo esté pasando mal en la guarde, a que nunca duerma como debería, a que se metan con él sus amigos del cole. A que vea demasiada tele, a que hable con desconocidos, a que tenga ese Déficit de Atención del que habla todo el mundo. A que nunca se le cure el acné, a que se quede embarazada, a que tome drogas. A que suspenda los exámenes de la facultad, a que su novio no la trate bien, a que le atraquen en ese viaje en autostop que planea por Europa.

Si algo sé de padres del siglo XXI es que son expertos en combatir contra el Miedo.

Por eso, déjame que te diga una cosa: ahora es el mismo perro con distinto collar. Quizá se disfrace, el muy sibilino, porque se supone que encontrar trabajo e irse de casa es algo que todos queremos en abstracto. ¿Cómo iba a dar miedo eso? Pero créeme: está ahí y es un enemigo temible.

Ser padre o madre es un superpoder

De acuerdo: estamos convencidos y conocemos al contrincante. Tu siguiente pregunta es: ¿¿y yo qué hago?? “A ver, Marina – me dirás, preocupado -. Si es que la cosa está muy mala. Él está haciendo lo que puede. Además, ¡es su vida! Se tendrá que buscar las habichuelas. Y si se quiere ir, que se vaya. Yo no se lo impido”.

Sin embargo, tienes mucha más influencia en tu hijo de la que crees. Sigues siendo Su Padre o Su Madre: respeta tu opinión y tu experiencia en la vida. Un amigo mío estaba pensando hace poco en mudarse a Inglaterra a trabajar. A sus padres les daba miedo y no lo veían claro; no le prohibieron nada, pero acabó convencido de estudiar oposiciones en casa. No sé si a la larga las oposiciones serán mejores para él, pero es innegable que sus padres tuvieron un efecto muy potente en su decisión. Se equivocará o acertará, pero no será ni su error, ni su acierto.

Si tu hijo se equivoca, por lo menos que el error sea suyo, no tuyo (tuitea esto).

Pasemos a lo práctico

Aquí tienes algunas ideas para empezar a echar a tu hijo de casa. Ninguna de ellas incluye ponerle las maletas en la puerta, aunque si crees honestamente que es la única forma en la que el Miedo se va a dar por aludido, hazlo. Si prefieres ser más sutil, esto es lo que te propongo:

1) Confía en sus proyectos absurdos: si está dispuesto a asumir la responsabilidad y los costes, que no te importe lo absurdo que sea su proyecto; lo importante es que tiene uno. Vivimos en un mundo muy raro. Uno se puede hacer rico vendiendo los píxeles de una pantalla o visitando todos los países del mundo. No hace falta que entiendas los proyectos de tu hijo: basta con que él sí lo haga.

2) Alégrate si fracasa: va a aprender mucho más de ese fracaso que de no haber hecho nada. Hace poco leí un artículo espeluznante de una chica que creó una empresa a los 19 años y vio cómo se hundía. Perdió millones de dólares, sus socios también perdieron dinero y oportunidades, cancelaron su visado americano y tuvo que volver a Australia, ¡¡con poco más de veinte años!! No me quiero imaginar lo que pasaron sus padres viéndola sufrir y penar todo ese tiempo. Pero aguantaron. Ella aprendió y es más fuerte para la próxima.

3) Constrúyete una vida llena y rica: quiérele, pero no le necesites. Tú te crees que tu hijo, que tiene siete piercings, se pasa el día por ahí o no limpia su habitación, pasa olímpicamente de ti y de tus problemas, pero no. A tu hijo le importas. En un nivel inconsciente, quizá esté saboteando sus esfuerzos por irse de casa para ayudarte a ti o a tu matrimonio. Y si no es así, quizá el Miedo esté utilizando esa excusa para impedirle arriesgarse, lo que es igual de malo. Cultiva tus amistades, sal por ahí, pásatelo bien y no confíes en tu hijo para que te dé vidilla; si el Miedo quiere buscar excusas, que encuentre otras.

4) Córtale el rollo. Déjame que te presente a la Jeta, una colega muy cercana del Miedo: aprovecha que él tiene controlada la situación y se instala en casa.

A los hijos, lo reconozco, nos das una mano y nos cogemos el brazo.

Hace poco, mi madre recibió dinero de una herencia y lo donó a una ONG. Me llamó para decirme que iba a donarlo en mi nombre y que así yo pudiera desgravar a Hacienda. Lo primero que mi mente egoísta y malvada pensó fue: ¿¿y por qué no me da ese dinero a mí?? ¡¡Me vendría muy bien!! ¡Y eso que ella ya me estaba dando dinero!

Claro que te viene bien. Te viene bien que tus padres te den dinero, que te laven la ropa, que te dejen el coche, que te hagan la comida. Te viene bien quedarte con el cuarto que nadie usa y convertirlo en tu estudio/gimnasio/habitación nudista/picadero. A veces necesitamos un empujoncito para dejar a la Jeta y salir de nuestra zona de confort.

Algunas ideas para plantarle cara:

Dale una paga fija a tu hijo y sé firme. Firme es firme. Firme es, como vi yo hacer a un padre en un hospital de día en el que trabajé, que si tu hijo pierde el abono transporte y no tiene para comprarse otro, vaya andando, aunque le salgan ampollas en los pies.

Si a ti se te acaba el dinero a final de mes: ¿puedes ir a tu jefe y explicárselo para que te dé más? Es probable que no. Recuerda que no lo haces con mala leche: estás intentando enseñarle a la Jeta cómo es el mundo real.

Tus cosas son tuyas. Tu coche, tu ordenador, tu estudio. No se las dejes a tu hijo porque “a ti no te cuesta nada”: claro, cuesta menos quedarte sin coche que tolerar su malestar o su enfado, pero a la larga será bueno para él.

Si trabaja y contribuye a los gastos de la casa, que contribuya a TODOS. Comida, agua, luz, hipoteca, impuestos, seguro del coche.

Dale tareas de la casa. No como castigo, sino como forma de colaborar: si ayuda en las tareas estará o bien quitándote trabajo a ti, o disminuyendo la necesidad de que alguien externo trabaje en la casa, y por tanto ahorrando dinero.

5) Explora y trabaja tus propios sentimientos. Todavía hay padres que “se llevan un disgusto” cuando su hijo se va de casa. ¿Va a ser así en tu caso? ¿Te sentirás rechazado si se va? ¿Estarás preocupado, solo, aburrido? ¿De qué tendrás que ocuparte cuando se marche? Si tus sentimientos son contradictorios o negativos, tu hijo lo percibirá, y será un lastre para sus intentos de emancipación.

6) Ayúdale a poner un plazo y estableced consecuencias. Ponedlas de común acuerdo, de forma que él no lo viva como un ataque, sino como un empujoncito. Esto supone sacar al Miedo de los oscuros sótanos donde está escondido y decirle: “¡eh, capullo, da la cara!”. Un amigo me contó hace poco que va a decirles voluntariamente a sus padres que no le den NADA de dinero; se ha dado cuenta de que es la única forma de “espabilarse”.

Termino el artículo contando un cuento que me gusta mucho:

El espíritu de Bucay acaba de poseerme

 

Aquí tienes una versión en vídeo de la historia, contada por mí.

(Por favor, no me juzgues con dureza: es mi primer videopost)

(Cuando digo que el enlace está abajo, me refiero en la página deYoutube. Ups :/)

Ahí va la versión escrita:

“Érase una vez una ranita que iba por el campo. “Croa-croa, croa-croa”, hacía. Entonces llegó a una zanja en medio de un camino y escucho unos gritos.

– ¡Socorro! ¡Socorro!

Se acercó y vio que había otra ranita dentro de la zanja.

– ¡Me he caído y no puedo salir!

La Ranita Número 1 era una ranita proactiva que siempre quería lo mejor para los demás.

– No te preocupes – dijo -. Te extenderé la mano, y así podrás salir.

Así lo hizo.

– ¡No llego, no llego!

– Bueno, entonces agarraré un palo y te lo alcanzaré.

La Ranita Número 2 saltaba desesperada, pero tampoco podía llegar al palo.

– Vale – RN1 no se desanimaba -, me descolgaré por el borde, a ver si puedes agarrarte a mi pata (o anca).

– ¡No llego, no llego!

– Me temo – dijo, muy triste, RN1 – que no tengo más remedio que irme. No puedo hacer nada para ayudarte.

Y siguió saltando por el camino. “Croa-croa, croa-croa”, hacía.

Un rato después, escuchó a alguien detrás de sí. Se dio la vuelta: ¡No podía creerlo! ¡Era la Ranita Número 2!

– ¿Qué haces aquí? – le preguntó -. ¿Cómo has conseguido salir de la zanja?

– Pues verás… oí que venía un camión… y salí.”

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19 Responses to ¿Deberías echar a tu hijo de casa?

  1. Gloria agosto 13, 2014 at 9:01 pm #

    ¡Me ha encantado tu videopost Marina!. Has estado estupenda contando la historia y me ha encantado ponerte voz y cara. Me alegro de que definitivamente hayas dejado atrás la etapa chunga que estabas atravesando y vuelvas a apostar por el blog y a tratar temas interesantes con tu genial sentido del humor. Un besote. 🙂

    • Marina agosto 13, 2014 at 10:27 pm #

      ¡Gracias! Todavía tengo que progresar mucho como videobloguera, pero es un mundo interesante que me apetece explorar. ¡Yo también me alegro de haber dejado atrás mi etapa chunga!

      Un abrazo.

  2. cigi agosto 13, 2014 at 9:11 pm #

    Hola Marina,
    Haces mucho incapié en el tema laboral y no creo que sea el principal motivo por el cuál a la gente le cueste tanto independizarse. Antes de la crisis ya existía esta situación y tengo amigos y conocidos que tienen trabajos estables, algunos muy bien pagados, algunos incluso con pareja y vivienda comprada y nada, que siguen viviendo con los padres. Yo tiraría más por el entorno tan sobreprotegido en el que hemos crecido y siguen creciendo ahora los niños que en cierto modo nos desactiva a la hora de enfrentarnos con posterioridad a los desafios de la vida.
    Una pequeña anecdota de la cuál me he acordado: una conocida tiene al hijo trabajando en otra provincia. Cuando este vuelve de visita los padres se van de hotel para que el chaval se pueda explayar a gusto en su reencuentro con la novia porque dice que dormir en la residencia donde vive ella le da cosa. ¿No es esto el mundo al revés?

    • Marina agosto 13, 2014 at 10:30 pm #

      Me quedo muerta con la anécdota.
      Tienes razón; a lo mejor es porque la postura del hijo que se queda en casa de sus padres ganando un sueldo me parece tan marciana que no sé por dónde empezar a defenderla. O porque hoy día todo el mundo tiene la crisis tan en la boca que copa todo lo demás.

      Me interesa saber si los demás opináis como Cigi: ¿conocéis a mucha gente con curro y con sus padres? ¿Cuál creéis que es la razón de que sigan allí?

      ¡Gracias por comentar, hermosa!

      • Sergio agosto 20, 2014 at 10:57 am #

        Qué los padres de ahora son cojonudos ?!

        Fdo. un padre

  3. cigi agosto 13, 2014 at 9:56 pm #

    Oooops, quería escribir hincapié

  4. cubbi agosto 14, 2014 at 3:04 am #

    una razon podria ser que sus padres puede que sean majos, y disfrutan de su compañia y/o se sienten responsables de no dejarlos solos,. por amor,..

  5. kaperucito agosto 14, 2014 at 8:04 am #

    Sí! Conozco a alguien y ya se lo he hecho llegar. 🙂 Ojalá les funcione. Bravo como siempre y qué guay ponerte voz sensuarl y sepsi.

    • Marina agosto 14, 2014 at 9:12 am #

      Jajaja ¡gracias! Yo me veo una voz un poco ronca y rara, pero es un alivio que a alguien le guste. Un besaco.

  6. Laura agosto 14, 2014 at 8:06 am #

    ¡Me ha encantado ponerte voz! 😀 Está genial el vídeo de verdad, me ha gustado mucho!!

    • Marina agosto 14, 2014 at 9:13 am #

      ¡Gracias, bonita! Un beso grande.

  7. Mario agosto 14, 2014 at 9:27 am #

    ¡Hola Marina! Un placer ponerte cara y voz, muy valiente de tu parte:)

    Me encanta tus ultimos posts, estoy totalmente de acuerdo. Ademas me siento muy identificado en mi, podríamos llamar proceso, hacia la independencia, que no siempre me resulta fácil.. de momento me encuentro en posición semi-contemplativa:S jeje.. Pero algo me dice que aunque sea joven, por mi salud y la de los que me mantienen ya va siendo hora.

    Un besazo!

    PD. Te diré que estoy leyendo el “Regalito veraniego” de posts que nos mandaste el año pasado al mail y que se me quedó pendiente. Es una deliciaaaa!

  8. juan carlos agosto 14, 2014 at 5:13 pm #

    Me encanta haberte puesto voz y acentillo!!!!! Da mucha mas cercania el video 😉

  9. Ester agosto 14, 2014 at 6:22 pm #

    Excelente artículo

  10. paula agosto 14, 2014 at 9:36 pm #

    GUAPAAAAAA…Me encantan el video, tu sonrisa y tus gestos.

    Como madre me encuentro en la situación que describes y créeme, no es tan fácil salir de ella aunque esté totalmente de acuerdo contigo. La crisis empeora las cosas, pero yo también conozco hijos con trabajo que siguen viviendo con sus padres a pesar de tener un buen sueldo. Espero que a mi no me ocurra lo mismo. Un beso fuerte.

  11. Bea agosto 25, 2014 at 3:48 pm #

    Acabo de leer los artículos, que los hijos deberíamos irnos de casa.. sé que no todos somos iguales y que cada uno en su cassa tiene las circunstancias que tiene.. en mi caso yo soy hija, tengo un trabajo estable y sigo viviendo en casa de mis padres, y muchas veces me he planteado irme, pero ya sea por la situación que tengo en casa ó por miedo al qué pasará, que aquí sigo. Leyendo los artículos espero que mucha gente se lo piense y sepa que no tenemos que abusar de los padres hasta el infinito (cada uno que se aplique lo que mejor le parezca) y que una de las maneras de crecer como personas es empezar a ser independientes de ellos en la máxima expresión, que es irnos de casa. Pero no toda la culpa es nuestra.. los papás y mamás también deberían animarnos y darnos ese último empujoncito que nos falta para sentir que no estamos haciendo algo mal, sino algo natural, que es seguir creciendo sin ellos 🙂

    Marina, genial el cuento y geniales los artículos. Que te siga yendo todo bonito 🙂

  12. mari abril 20, 2015 at 5:03 pm #

    Tengo un hijo de 36 años dando muchos problemas ya que aunque trabaja no se quiere ir de casa no colabora en nada ningun gasto y ningun trabajo y encima con su hermana se lleva fatal, asi que esto es un sin vivir ella no tienen trabajo aunque cuando le sale algo aporbecha para irse aunque luego tenga que volver, por no tener trabajo, pero el por mas que le decimos que se valla y empieze su vida por otro lado pone como escusa que su hermana esta y el no se va a ir que podemos hacer yo estoy ya desespera.

  13. Maria enero 13, 2016 at 8:40 pm #

    Tengo una hija que me tiene la vida de cuadritos y quiero votar de mi casa. Es una grosera. Le di techo, la ayude cuando salio embarazad a los 16 años, le he pagado estudios universitarios, le he buscado empleo y se mete con mi tercer esposo. Soy divorciada.

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  1. ¿Deberías echar a tu hijo de casa? - agosto 18, 2014

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