Por qué he dejado Facebook: un año después

Hace ya más de un año que borré mis cuentas en las principales redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram. Cuando escribí el artículo sobre Por qué he dejado Facebook y cómo puedes hacerlo tú también, incluí mis primeras experiencias después de un mes; hoy voy a contarte qué tal ha ido todo durante el último año.

¿Ha cumplido mis expectativas dejar las redes sociales? ¿Soy más feliz? ¿He caído en el ostracismo y ahora solo hablo con mis gatas?

Mis amiiigaaas

La respuesta es mixta: estoy mejor que hace un año, pero no me he convertido en una mezcla entre Buda y el de Rainman. Hoy te cuento qué beneficios pensaba obtener y cuál ha sido la realidad.

Al final del artículo te explicaré también cuáles van a ser mis siguientes pasos para controlar las pantallas en mi vida. Ah, y pondré la foto de lo que pasó inmediatamente después del momento de arriba con las gatas, porque no tengo redes y he de compartirlo.

Beneficio 1: recuperar mi cerebro

En este tiempo, no he tenido cuentas ni en Twitter, ni en Facebook, ni en Instagram, pero todavía conservo rastros de impureza social:

  • Whatsapp. Es el mayor obstáculo actual a mi liberación de las redes porque me paso el día spameando a la gente con fotos de mi hija.
  • Tengo cuenta en LinkedIn, pero jamás he usado LinkedIn y de hecho no tengo muy claro cómo se utiliza. No lo he abierto ni una vez en el último año.
  • Me registré hace tiempo en Pinterest para guardar imágenes para mi novela, pero tampoco sé muy bien cómo se utiliza y lo he abierto quizá una vez en el último año.
  • Kindara: es una app para registrar tus ciclos menstruales y embarazos, y tiene una función social donde puedes cotillear los perfiles de otras usuarias y comentar sobre sus vidas reproductivas. La he instalado y desinstalado a ratos todo el año; ahora mismo llevo un mes sin ella y mi objetivo es no volver a utilizarla.
  • He accedido algunas veces a información que solo estaba en Facebook (por ejemplo, empresas que solo tienen página allí).
  • He mirado algunos perfiles de Instagram por curiosidad malsana, y siempre me arrepiento porque me hacen sentir mal con mi vida y los cierro jurando que no lo volveré a hacer.

Te cuento esto porque el aprendizaje más importante de este año ha sido que es muy difícil resistirse a las redes: al refuerzo intermitente de los “me gusta” y a la fuente de estimulación constante que nos dan. Por eso, el beneficio principal que buscaba cuando lo hice, que era recuperar mi cerebro y mi capacidad de leer, es el que menos estoy notando. Todavía conservo el tic de mirar el móvil a cada rato, lo que pasa es que ahora voy de Whatsapp al mail y del mail a Whatsapp.

¿Es esto menos dañino que las redes sociales? Sí y no.

Sí porque en ambos la estimulación es finita. Si no tengo mensajes de Whatsapp, no los tengo, punto. Si no tengo mails, más de lo mismo. La tendencia a bajar en la pantalla durante horas está más o menos controlada.

No porque el ritmo de estimulación es lo bastante frecuente como para tenerme todavía enganchada a mirar el móvil cada dos por tres.

Sí porque en el mail y en el Whatsapp tengo más control sobre lo que veo y lo que no.

No porque la gente también comparte vídeos y enlaces absurdos por mail y Whatsapp.

Sí porque al menos es gente cercana a mí.

Y ya paro, que parezco Homer con el Yogulado, y lo del Yogulado es un chiste que llevo repitiendo desde que empecé Psicosupervivencia, así que no voy a poner imagen y si te interesa lo puedes buscar en Youtube (¡¡pero no ahora!! ¡¡No te distraigas!!).

Uno de mis objetivos al dejar las redes era leer más y mejor; un año después, no leo mejor que antes. Sí más, porque tengo más tiempo libre, pero me sigue costando la misma vida seguir textos difíciles.

Mi mente funciona así:

 

Lo que más me preocupa es que ya casi no leo ficción, y la que leo tiene que ser muy fácil de seguir o me canso enseguida. La Marina del pasado no se lo podría creer, porque hasta la adolescencia yo me pasaba leyendo casi todo el tiempo que estaba despierta. Mis profesoras me regañaban porque escondía libros bajo la mesa. Mi madre se arrepentía de haberme enseñado a leer porque ya no quería jugar. Comía leyendo. Leía en el autobús de camino al colegio. Leía mientras esperaba a que me recogieran mis padres, y siempre había alguien que se me acercaba y me decía: “a ti te gusta mucho leer, ¿verdad?”, y yo le ignoraba porque mi libro era mucho más interesante que esa persona.

La Marina del pasado con su capacidad atencional intacta

Como el problema persiste después de dejar las redes, mi conclusión es que el problema no son ellas: es el estilo de lectura y la atención fragmentada que fomenta Internet.

Veredicto: objetivo conseguido al 20%.

Beneficio 2: vivir sin compartir

La segunda mejora que esperaba obtener del experimento era dejar de vivir mi vida pendiente de lo que pensarían los demás de ella. Esto también lo he conseguido solo a medias y también es por culpa de Whatsapp. Ya no quiero impresionar a una masa imprecisa de seguidores, pero no sé estar sola. Todo lo que veo o pienso me recuerda a alguien, y cada dos por tres tengo el instinto de echar mano al móvil y enviarle, por ejemplo, una foto a Pablo de las golosinas paradójicas del Mercadona.

Que lo haga o no depende de mi autocontrol en ese momento. Si estoy muy cansada o muy saturada, me puedo pasar media hora seguida mandando audios a gente. Es curioso, porque antes no mandaba tantos audios: parece como si tuviera una cuota fija de necesidad de contar mi vida que ha de salir por algún lugar.

Lo que ha disminuido mucho es el deseo de mostrar que mi vida es estupenda, quizá porque la gente con la que me comunico es más cercana y no necesito impresionarles. Por otra parte, es como si ya no supiera estar sola de verdad y llevara a todas partes conmigo a un montón de personas. Esto podría parecer bueno, ¡más comunicación! Sin embargo, la sensación que tengo es que no proceso lo suficiente la realidad por mí misma antes de compartirla.

También me pasa que cuando termino una película o un libro, lo primero que hago es buscar reseñas. Es más fácil leer lo que dicen otros y estar de acuerdo o en desacuerdo, que hacer yo el esfuerzo de pensar qué es lo que opino.

Veredicto: objetivo conseguido al 60%

Beneficio 3: más relaciones reales

Este año me he esforzado más de lo que es habitual en mi introvertida persona y he quedado con más GQNEP (Gente Que No Es Pablo): amigos, mis vecinas, compañeros psicólogos para un grupo que hemos montado e incluso lectores. A pesar de esto, me he dado cuenta de que cada vez es más difícil quedar con gente en la vida real. Tienes que ser muy insistente. O igual es que en realidad no caigo bien, no lo sé.

[Lectores-barrita-a de entre veintimuchos y treinta y pocos, ¿os pasa esto? ¿No os da la impresión de que está todo el mundo como superocupado siempre? Me interesa el tema y agradecería comentarios.]

Ahora que he tenido a Alana, me pasa como cuando sacas los donetes: que me salen por todas partes amigos y familiares que quieren conocerla. Intuyo que este efecto irá disminuyendo a medida que se pase la novedad.

Me acaba de entrar antojo de Donetes

Efecto Alana aparte, el tiempo que paso cara a cara con GQNEP sigue siendo menor de lo que me gustaría, y es posible que una parte se deba a lo que mencionaba antes de creerme que voy rodeada de gente cuando en realidad estoy sola. Aún me falta motivación para buscar más compañía que la que me proporciona el Whatsapp.

Lo que no he notado es que me haya quedado fuera de nada por dejar las redes, aunque esto es difícil de valorar, porque puede que hay eventos que me estoy perdiendo y no sé que me los estoy perdiendo. Quizá la forma correcta de decirlo es que mi vida social sin redes no me parece peor que antes y es posible que incluso haya mejorado un poco.

Veredicto: objetivo conseguido al 60%.

Beneficio 4: menos dosis de comparina

La comparina es una sustancia ficticia que inventó un cliente de terapia: esa sustancia a la que todos somos adictos y que consiste en estar todo el rato preguntándonos si somos mejores o peores que los demás.

No estar en las redes sociales ha disminuido MUCHO los chutes de comparina que me meto y ha aumentado MUCHO mi satisfacción con mi propia vida. Todavía no estoy libre por completo. Ayer, por ejemplo, me metí en el perfil de Instagram de una conocida que tuvo a su hijo casi a la vez que yo y observé su gloriosa foto al sol con su bebé metido en el fular de porteo. Yo todavía me pongo el fular fatal, y o comprimo peligrosamente a Alana o se me va escurriendo poco a poco.

O tengo estas pintas

En cuanto me di cuenta de que mi mente me estaba regalando pensamientos como «su vida es perfecta y la tuya un asco, ella es mejor y tú peor», cerré la página y me fui a abrazar a Pablo y a darle besitos a mi bebé. Aun así, estas dosis de comparina son homeopáticas en comparación con los chutes brutales, tipo Renton en Trainspotting, que me daba antes.

El aumento de mi satisfacción con el presente es el beneficio que más he notado desde que dejé las redes. Ahora no estoy expuesta todo el rato a las versiones filtradas de las vidas de los demás y puedo centrarme en lo que tengo yo. Todavía me entra envidia de la mala en ocasiones, porque no puedo evitar por completo el contacto con el bien ajeno, pero eso ya es porque yo en el fondo soy mala y me lo tengo que trabajar.

Veredicto: objetivo conseguido al 90%

¿Ha sobrevivido mi negocio?

Este año he ganado una cantidad suficiente para vivir sin lujos, así que no creo que hagan falta redes sociales para tener un negocio saludable. Sé que las redes pueden ayudar mucho, sobre todo si estás dispuesto a pagar por tus campañas, pero sigo fuera de ellas porque mientras tenga para vivir, no me compensa participar en ese juego. No quiero contribuir al tipo de mundo que están creando y no me sentiría bien aprovechándome de sus beneficios.

[Quiero dejar súper mega claro que no te juzgo en absoluto si usas las redes sociales para promocionar tu negocio. Sacar adelante algo propio es MUY DURO, cada uno nos buscamos la vida como podemos y creo que todos lo estamos haciendo lo mejor posible.]

En lugar de usar las redes para compartir información, lo que hago ahora es escribir cada semana la Psicoletter de los Viernes: un mail en el que cuento un poco mi vida y hablo de lo que leo, las pelis o docus que veo, los artículos que me han gustado, los psico-experimentos que voy haciendo, etc. Es como mi mini-red social. La hago interactiva publicándola también online y permitiendo que la gente comente y cuente qué hacen ellos. Es una bonita manera de relacionarme con mis lectores y conmigo misma, y lo disfruto mucho más que las RRSS.

[Si quieres que te llegue la Psicoletter cada viernes, te puedes suscribir en la cajita que encontrarás al final de este artículo]

¿Y ahora qué?

Después de escribir este artículo, me doy cuenta de que todavía me queda mucho por andar. Pensaba que quitarme de Facebook me convertiría en una humana más iluminada, y es cierto que me he quitado mucha basura mental y que he dejado los comportamientos psicopáticos de espiar a amigos de mi infancia o discutir sobre política con gente a la que no conozco.

Sin embargo, mi capacidad atencional sigue afectada. No puedo leer ni pasar mucho tiempo haciendo tareas aburridas y está afectando a mi calidad de vida.

¿Por qué me pasa esto todavía? La teoría que tengo después de leer The Shallows (En español: Superficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?) es que los factores que me están convirtiendo en una ameba son dos:

  • Leer a menudo en Internet, que predispone a mis neuronas a cambiar el análisis profundo por un repaso muy rápido de la mayor cantidad de información posible.
  • La adicción a mirar el móvil cuando no tengo nada que hacer.

A partir de ahora, por tanto, voy a enfocarme en leer menos en Internet y en mirar menos el móvil.

¿Cómo?

Tengo varias ideas, pero la más importante es empezar con un día a la semana de Desconexión Total, en el que solo podré leer en papel, usar el móvil para llamadas y el portátil para escribir. Como sé que será difícil evitar las distracciones, planeo comprar de segunda mano un móvil antiguo sin Internet y un portátil al que Pablo pueda desactivarle la conectividad sin que yo pueda arreglarlo. Mi teoría es que después de unas cuantas horas sin Internet, mi atención y mi creatividad mejorarán y las consecuencias de las pantallas en el resto de mi vida serán menores.

Si quieres saber más sobre cómo voy a desconectar, es el tipo de información que compartiré en la Psicoletter de los Viernes; suscríbete en el casillero que encontrarás debajo de este artículo y te la envío.

Y como lo prometido es deuda y yo también necesito compartir, aquí tenéis la foto de después de la del principio.

Si te ha gustado este artículo, ¡no lo compartas en tus redes! En lugar de eso, envíaselo a alguien a quien crees que le puede servir. O coméntalo en persona. O deja tú las redes y crea un blog para contar tu experiencia. Compartir en redes es de lo menos interesante que puede hacerse con algo.

Algunos enlaces interesantes:

 

 

 

 

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23 Responses to Por qué he dejado Facebook: un año después

  1. Rober diciembre 6, 2018 at 6:58 am #

    No voy a alargarme mucho porque desde hace un tiempo ando en las mismas aventuras y me he sentido muy identificado, en lo que se refiere tanto a conducta como a carácter, con la dificultad añadida de que mi principal foco laboral (tengo varios) este año es un negocio 100% online, lo que hace de todo este jaleo algo muy confuso y paradójico.

    Así que solo compartiré dos impulsos:

    1. En cuanto a lo de “leer en Internet”, y esto va muy en serio, he alcanzado un punto en el que solo echo de menos (cuando has estado de baja o cuando te retrasas) tu Psicoletter semanal y tus posts trimestrales. Solo para que lo sepas.

    2. Una pregunta que me ronda por la cabeza y que me cuesta responder con cierta claridad: ¿los blogs no forman también redes sociales?

    Un abrazo fuerte, Marina

    • Marina diciembre 6, 2018 at 7:54 pm #

      Rober:

      1. Eres más apañao que las pesetas.
      2. Yo creo que los blogs pueden parecerse a las redes sociales en algunas cosas, pero que en general conservan el mérito de tratar de ir un poco más allá del “compartir” o del actualizar y ser más creativos o aportar valor.

      A mí también me confunde y me resulta paradójico que mi negocio sea 100% online y que, como dices, note cómo me afecta pasar tiempo frente a una pantalla. De momento, lo que trato de hacer es preservar Psicosupervivencia como un espacio libre de links-cada-dos-por-tres y escribir artículos que requieren un poco más de atención de lo normal. Aun así, admito que a veces me planteo abrir una consulta de las de toda la vida, anunciarme con folletos y quemar el portátil. Quizá llegue a un punto en el que esto no me compense, no lo sé. Estoy explorando.

      Otro abrazo fuerte para ti y los tuyos (bueno, las tuyas!).

      Marina

  2. Jorge diciembre 6, 2018 at 7:30 am #

    Hay un número a partir del cual los estímulos empiezan a machacar nuestra paz mental. Alcanzada esa masa crítica nuestro cerebro comienza a perder aceite. Internet y las redes sociales han conseguido que nuestro cerebro esté estimulado permanentemente, eso sin entrar en la calidad de dichos estímulos. La consecuencia más inmediata es la dispersión. Se puede luchar contra eso pero no es fácil en los tiempos que corren. A mí me sigues pareciendo divertida y creativa, Marina.

  3. Rocío diciembre 6, 2018 at 8:53 pm #

    ¡Marina!

    Borré mis rrss después de leer tu primer articulo sobre el tema (por el que descubrí este blog este agosto) y la verdad es que era el empujón que necesitaba. Ha sido genial leer este articulo y que no quedara todo en propósitos que conseguir sino ver la realidad de verdad.

    Por mi parte: Las dosis de comparina se han reducido tanto en unos pocos meses que solo por eso ha merecido la pena. Además siento una alegría profunda cuando me tropiezo con alguien por la calle a quien no suelo ver y me pregunta de verdad por mi vida. Disfruto mas aún de sus reacciones de sorpresa cuando descubren cosas que no sabían y les choca no haberse enterado por rrss, porque he desaparecido. (Quizá esto tenga que ver con algo de fobia social).

    Sin embargo hay un tema que me preocupa por igual que a ti y que también he notado ¿por qué es tan difícil quedar con la gente en la vida real? Todo el mundo está ocupadísimo y cuando encontráis un hueco te descubres a ti misma diciendo “ojala pudiera estar durmiendo en lugar de haber quedado con _______”. Y luego salen anuncios de Rua Vieja modo… “tenemos que vernos mas” y te llevas las manos a la cabeza cuando ves que te lo mandan personas que “no tienen tiempo para nada”.

    Imagino que será cuestión de prioridades o de coincidir… en fin.

    Muchas gracias y te leo en las psicoletters!!!!!

  4. Marimar diciembre 6, 2018 at 9:20 pm #

    Hola, Marina. Gran artículo, para pensar.

    Creo que las redes sociales distraen mucho, pero son una parte de la “fuerza distractora masiva”, que es internet. Yo solo tengo Facebook y paso días sin entrar, pero siento igualmente que he perdido mucha capacidad de atención desde hace años. Al igual que tú, leía mucho de pequeña y no me costaba leerme un libro de cabo a rabo sin que nada me distrajera. Ahora, con 34 años, sigo leyendo bastante pero lo de leer un libro del tirón prácticamente solo me pasa con libros de Sophie Kinsella y similares, salvo contadas excepciones. Creo que tener internet a mano nos proporciona una cantidad de estímulos infinita, lo cual no es malo de por sí (accedemos a información que de otra forma sería inaccesible), pero a la vez caemos (bueno, yo caigo) en una espiral de búsqueda de información absurda pero extrañamente imprescindible en ese momento (¿los pingüinos tienen rodillas? ¿quién inventó la fregona? ¿es bueno comer aguacate todos los días?, etc, etc). Estas dudas trascendentales me surgen muchas veces cuando estoy leyendo, y de forma inexplicable tengo que satisfacer esa curiosidad, lo que acaba resultando en que dejo el libro y cojo el ordenador. No sé si hay solución más allá de mudarme al pueblo de mi madre, donde no hay internet, pero por ahora estoy intentando apagar el ordenador cada vez que me pongo a leer, y dejar el móvil en otra habitación para no tener la tentación de mirarlo cada 30 segundos.

  5. Rick diciembre 7, 2018 at 1:46 am #

    Desde ya hace un buen rato, leo tu blog (estoy suscrito a tu psicoletter) porque me fascinan las recomendaciones y las explicaciones que das. Y debo decir que agradezco mucho el que nos hayas compartido la experiencia de tu proyecto, en mi caso porque es algo que quiero intentar desde siempre (al menos llegar al punto de reducir el uso de la computadora a sólo un par de días y dejar a un lado el smartphone), pues se que existen muchas razones además de las que tu enuncias, como anomalías del tipo anatómicas y fisiológicas. Aunque sé que esto no es fácil de llevar a cabo (llevo muchos intentos algo frustrados), si que he notado mejorías en mis hábitos… Para mi un verdadero cambio en esto implicaría una revolución hasta en lo que me dedico de profesión, mismo que desde hace mucho rato estoy dispuesto a tomar, a ver que tal.

    Y por cierto, lo de hacer amigos en ese rango de edad, yo lo he intentado pero he tenido resultados muy pobres, pero creo que la clave está en como tu dices: ser insistente, que a veces siento que ni eso… lo que sí es que he podido recuperar amistades viejas.

    ¡Saludos!

  6. Laura diciembre 7, 2018 at 6:33 am #

    Marinaaaa!! Cómo echaba de menos tus entradas!

    No sé por qué pero, aunque me di de alta en su día, no me llegan las psicoletters de los viernes!

    Bueno, me he vuelto a dar de alta a ver si ahora sí.

    Me siento taaaan identificada contigo. Yo dejé las rrss como un mes después que tú.

    Y las sensaciones han sido muy parecidas. Resumiendo:

    Pros: tengo más tiempo el cual lo invierto en la gente que realmente está en mi vida, ya no saco fotos por publicarlas, ahora las saco para mí y eso hace que, uno, saque muchas menos y, dos, que disfrute más los momentos sin necesidad de compartirlos con una masa de gente.

    Contras: realmente no son contras, son cosas que aún siguen ahí, como dices tú. Mi atención sigue siendo un asco. También me cuesta leer cosas largas, me distraigo muchísimo, soy impaciente, si estoy esperando el ascensor o en la cola de la compra, no puedo evitar sacar el móvil y mirarlo (ahora el whatsapp, el mail, el periódico…). Y también llevo tiempo pensando cómo mejorar esto… así que tomo nota de tus nuevas medidas.

    El whatsapp me cuesta mucho dejarlo, es que es tan fácil para comunicarse… pero sí quiero hacer limpieza kármica de grupos. Y aunque lo deje, quiero conseguir mirarlo a lo mejor dos veces al día y el resto del tiempo dejarlo solo disponible para llamadas, por si hay algo urgente. No sé.

    Y lo de leer en internet (que estoy 100% de acuerdo que es lo que nos sigue produciendo ese problema de atención), voy a intentar también restringirlo, leer más libros…

    Bueno, iremos informando de los nuevos retos. Un besito muy fuerteeeee!!

  7. Naz diciembre 7, 2018 at 7:59 am #

    Hola! He intentado buscar the Creepy line en Amazon pero no puedo verlo… Parece que no está disponible en España, al menos de momento… O algo no he hecho bien…
    Gracias por tus artículos!

    • Marina diciembre 7, 2018 at 9:15 am #

      ¡Hola, Naz!

      Nosotros lo hemos alquilado en iTunes; en Amazon, efectivamente, no está disponible en España. No sé si se puede usar iTunes si no tienes Mac. Espero que encuentres una forma de verlo, porque merece la pena. Un abrazo,

      Marina

  8. Elena diciembre 7, 2018 at 9:50 am #

    Hola Marina! Yo llevo 11 meses sin Facebook ni Instagram y también he sobrevivido. Me quite porqué cuando hacía “algo chulo”, ya pensaba en que fotos iba a subir, y me sentía estúpida!!! En vez de disfrutar plenamente aquella vista, situación… Pensaba en que mis ciber amigos tenían que verlo, así que FUERA. Ahora lo disfruto simplemente o mando alguna foto al círculo más cercano. Me ha fastidiado la opción de estados del WhatsApp!!! Maldito invento, me tienta a subir cosas y veo lo de los demás…. Intento no entrar ni subir nada pero me cuesta mucho.
    Un saludo

  9. Mariú diciembre 7, 2018 at 10:01 am #

    ¡Hola, Marina! Yo tengo 27 años y estudio la oposición para ser Juez desde hace tres años. Supuestamente, debería estudiar diez horas cada día, seis días a la semana. Estudio en casa, por lo que relacionarme con gente en persona se ha vuelto una necesidad absoluta para mi salud mental. Como tú dices, cuadrar los horarios con los demás no es fácil, así que yo lo que he hecho ha sido arrastrar a amigos a mis rutinas o adaptarme a las de ellos. Por ejemplo, he conseguido captar a dos amigos para que me acompañen dos días a la semana al gimnasio a las 9 de la noche, y los beneficios son dobles: por un lado me “fuerza” a ser constante con el ejercicio y, por otro, es un contacto social que sé que voy a tener fijo todas las semanas, sin necesidad de andar escribiendo por wassap o pensando en un plan. Otra cosa que hago es acompañar a otro amigo cuando sale a pasear a su perro después de comer. Es poco rato cada día pero, al ser un contacto tan frecuente, creas esa “familiaridad” que es tan reconfortante en la amistad. ¡Espero haberte dado alguna idea! ¡Un abrazo!

  10. Mayte diciembre 7, 2018 at 12:44 pm #

    Estoy siguiendo tu proceso de desconexión como quien ve un documental de National Geografic, a ver qué pasa.

    Cuando leí tu post pensé los mismo que cuando alguien me explica pormenoriza y vehementemente por qué no quiere tener RRSS o por qué son EL MAL: ¿a qué viene tanta explicación? Si no te gustan, bórrate y no las uses, no es necesario que expliques por qué lo dejas. Es como tener que explicar que no te gusta el azul: no te gusta y punto. Incluso teniendo un negocio on line.

    Entiendo las razones, claro, aunque no comparto algunos de los argumentos. Por ejemplo, si pasas tiempo estalkeando a antiguos novios o amistades, a lo mejor el problema es que no has cerrado historias y sigue habiendo rencor o algo un pelín malsano, no que pasas tiempo estalkeando al personal.

    Si te preocupa que te has descubierto pensando en cómo hacer una foto para que parezca un momento superguay, el problema no es Instagram, ahí hay otras cosas.

    En fin, siendo consciente de todos los ¿peligros? ¿complicaciones? (no sé cómo definirlo) que supone tener cuenta en las RRSS, a mí me han traído grandes, no, espera, ENORMES beneficios+satisfacciones+alegrías, a nivel personal y profesional. Y eso que mi negocio no es on line.

    Así que voy a seguir con curiosidad cómo sigues este camino, seguramente yo también aprenderé cosas en el proceso.

    ¡Un beso!

    • Noelia Castro diciembre 7, 2018 at 4:01 pm #

      Hey! Mayte, yo también estoy de acuerdo contigo. Creo que el problema no son las redes sociales porque finalmente sigues teniendo a la mano las opciones de privacidad para que controles qué postear y que no. Sin embargo, el problema realmente radica en el uso que le das.

      Con respecto a tu post Marina, se me hace interesante leerte cada viernes aunque no siempre comente jijijiji. Aunque debo decir que con respecto a ello tengo algunas dudas. En mi caso, parte del uso que le doy es para estar informada de distintos workshops, seminarios y eventos culturales a los que me gusta ir y en que el muchas veces coincido con amigos sin necesidad de planear una quedada. En tu caso, ¿cómo te mantienes informada de ese tipo de actividades de capacitación o integración con tus colegas dentro de tu rubro?

      Por otro lado, (y ojalá algún día lo toques como un tema para el psicoletter xD) he notado que muchas amigas, tras su embarazo, es como si hubiesen dejado de ser ellas mismas en sus redes sociales. Quiero decir, han dejado de postear sobre sus actividades e intereses para convertir su cuenta en un diario de maternidad!!! Fotos del bebé por aquí y por allá, sus hazañas del día, etc. No es que me moleste pero, tanto spam hablando de sus hijos y ya no de ellas en repetidos casos, es algo que me hace preguntarme a qué se debe este fenómeno. Si algún día fuese mamá, no me gustaría ser así. No quisiera dejar de ser mujer para ser mamá.

      Bendiciones y que tengas un bello día.
      Abrazos desde Perú. :3

    • Marina diciembre 9, 2018 at 2:27 pm #

      ¡Hola, Mayte!

      Lo de contar el proceso es más que nada por si a alguien le sirve para reflexionar, igual que a mí me sirve que otras personas me expliquen cómo y por qué toman determinadas decisiones. Creo que hay más detrás de usar o no Facebook que de que te guste un color.

      Lo de que el problema no sean las redes: mi opinión es que hay determinados comportamientos que tienen más probabilidades de emerger en un contexto que en otros. Jaron Lanier habla en su libro de “comportamiento de manada” y “comportamiento solitario” (o algo así, cito de memoria) y dice que las redes activan en nosotros el comportamiento de manada: algo parecido a cuando te ves involucrado en una marabunta o un grupo de algún tipo. Es decir: que no es que ciertos instintos aparezcan por culpa de las redes, sino que su estructura favorece que afloren, igual que saldrían comportamientos distintos si nos vemos en situaciones extremas de supervivencia o de riesgo. Además, en el caso de las redes no son situaciones naturales para las que estemos “diseñados” los humanos: no verse cara a cara y la posibilidad del anonimato hacen que nuestra percepción social de la situación se distorsione.

      Mi ideal sería, claro, que eso no estuvieran dentro de mí los instintos psicopáticos de stalker, pero si sé que las redes hacen más probable que aparezcan y no me dan nada a cambio, veo una pérdida de tiempo y energía “resistirme” a esas tentaciones. En psicología eso se llama control estimular: cambiar una conducta modificando los estímulos que la controlan. Es como tirar el tabaco cuando estás tratando de dejar de fumar. No es la panacea (si quieres fumar, encuentras la manera), pero te dan más tiempo para reflexionar. Un dato curioso es, por ejemplo, que cuando en Reino Unido desaparecieron los hornos de gas, que hacían más fácil suicidarse con ellos, el índice de suicidios descendió. Si te suicidas, el problema no es el horno, pero si no hay horno tienes más espacio para pensar.

      De todas formas, esto es (como siempre) mi opinión, mi experiencia y mi interpretación de lo que conozco. Cada uno tiene la suya y me alegro un montón de que las redes te proporcionen beneficios. Agradezco mucho que hayas compartido tu perspectiva. ¡Un abrazo!

      Marina

  11. Virginia diciembre 7, 2018 at 5:00 pm #

    Hola Marina!

    Yo dejé las redes sociales hace unos cuantos años y ha sido un acierto. Tengo mucho tiempo para disfrutarlo con los demás, para leer o para hacer deporte y no quedarme en casa poniendo me gustas y viendo la vida a través de una pantalla. No obstante, sigo teniendo el wassap aunque limito su uso.
    Totalmente de acuerdo quedar con la gente es difícil pero yo pienso que es por cuestión de horarios, hay gente con la que ahora no coincido pero aparece gente nueva con la que si cuadras o amigos de la facultad con los que también coincides.

    Un besote!

  12. Oscar diciembre 7, 2018 at 5:59 pm #

    Hola, Marina!
    Soy Óscar, tengo 20 años.
    Llevo ya casi un año siguiendo tu blog (que me ha sido de una ayuda inmensa). Apenas me animo a escribirte. Yo he intentado algunas veces alejarme de mis redes a causa de loco mismo: me volví sumamente disperso y me comparo con gente muy lejana a mi realidad. A mí me sirvió eliminar mis aplicaciones, más no mis cuentas. Esto por aquello de que tengo fotos y contactos ahí que no tengo en otros lados. Cuando me he animado a dar el enorme paso de cerrar mi cuenta de Facebook, recuerdo que es el medio por el cual recibo mis tareas de la universidad, pues les dió a los profesores los últimos años por hacer grupos en dicha red y comunicarnos por ahí. Fuera de ello sólo uso Pinterest y WhatsApp. Me ha ido bien pero creo que puedo avanzar más. Optaré por nuevas reglas como sólo usar el celular a ciertas horas, no llevarlo al baño (jijiji) y apagarlo durante la noche (porque luego en la madrugada me da por revisarlo).

    No sabes con qué ganas he esperado una entrada nueva 😀
    Eres de mucha ayuda escribiendo. Y eres muy divertida! Cómo me reí con esa última foto.

    Éxito en tus experimentos!
    Saludos desde la Ciudad de México. Un abrazo

  13. Jordi diciembre 7, 2018 at 6:47 pm #

    Hola Marina! Ahora puede quedarte por delante otro gran reto, dejar (¿totalmente?) whatsupp. En mi caso dejar las redes sociales fue relativamente sencillo (y sin duda gratificante) pero dejar “la app” de mensajería me parece de otro nivel! Es tan util como adictiva a la vez, y creo que la gran mayoría la usamos muy por encima de su nivel inocuo. Un paso intermedio seria renunciar a los grupos pero no deja de tener sus desventajas ¿Como lo ves? Gracias por tus artículos Marina! Como siempre, geniales.

    • Marina diciembre 9, 2018 at 2:13 pm #

      Gracias por comentar, Jordi. El tema de whatsapp es que todavía siento que me compensa tenerlo, pero igual es una excusa. Voy a tratar de disminuir su uso y si no es posible que también tenga que cortarlo de raíz. Ya lo iré contando. ¡Abrazos!

      Marina

  14. maria carrion diciembre 8, 2018 at 12:20 am #

    Hola Marina! Me ha parecido super interesante tu experimento y reflexiones sobre las redes sociales.

    Me da mucho que pensar lo que cuentas, porque me siento muy identificada, sobretodo con lo de haber dejado de leer. Yo noto que mi creatividad se ha visto drásticamente reducida, y que muchos días me propongo hacer cosas que me gustan ( dibujar, salir con la bici, leer…) y de repente me descubro a mi misma aducida durante horas por la pantalla del móvil.

    A menudo me planteo dejar instagram, pero admito que estoy completamente enganchada y que en el fondo me encanta la sensación narcótica de mirar imágenes de gente haciendo cosas con sus vidas mientras tú estas en tu sofá en una postura probablemente incomodísima planteándote que qué narices estás haciendo tú con la tuya y porqué toda esa gente no para de viajar e ir a hoteles increíbles y tener cenas con otra gente increíble mientras comen esa comida increíble y que seguro que encima les han invitado a todo y les han regalado la ropa y tú con tu pijama de hace 15 años y tu moño. Y entonces piensas que sí claro, que ellos muestran eso pero que en realidad están fingiendo porque esas cosas no traen la felicidad y que en el fondo tras esas imágenes felices seguro que se sienten muy desgraciados e infelices y vacíos porque sólo les rodea la superficialidad. Y que vale que tú estas en tu casa con tu pijama y tu moño y tus calcetines de forro polar gorditos de invierno antisexys, pero tú lees sobre espiritualidad y haces yoga y también viajas a veces y eres una persona con valores y una cultura más o menos aceptable y acabas de descubrir el mindfullness y has empezado a meditar, y joder, que difícil es meditar, pero bueno tu sigues ahí intentando presenciar el momento presente y no irte por las ramas, y en realidad, pues si, eres alguien valioso, y entonces vuelves a pensar porqué narices se te acaba de pasar la tarde y has perdido todo ese tiempo presente y precioso mirando esos malditos stories.

    Perdón, se me ha ido la pinza un poco, jeje.

    También quería contar que por motivos de trabajo me ha ocurrido en dos ocasiones estar en un lugar en la montaña durante bastantes meses en el que no había ni cobertura de móvil ni internet ni nada de nada de nada y había que bajar a un pueblo cercano para conectarse. Y que pasados los primeros días de mono, uno se relaja, y en esos meses dibujé, leí y escribí como hacía tiempo que no me pasaba. Y acabé totalmente convencida de que no me volvería a enganchar a internet porque había visto la luz, pero en cuanto volví a tener un wifi en casa…..Luchar contra internet es luchar contra una serpiente hipnótica y muy cautivadora.

    Y por cierto Marina, no te conozco pero me caes muy bien 🙂 Y tu blog me flipa, le hablo a todo el mundo de él y me ha salvado de caer en las garras de mi mente más de una vez.

    Gracias por lo que escribes.

    Un saludo

    • Marina diciembre 9, 2018 at 2:07 pm #

      Ay, María, me he partido de risa con tu secuencia de pensamientos instagrameros. Esa podría ser yo perfectamente, moño incluido. Yo a ti tampoco te conozco, pero solo por este comentario también me caes muy bien. Un fuerte abrazo,

      Marina

  15. Male diciembre 8, 2018 at 7:49 pm #

    Hola Marina, me ha encantado tu artículo y me ha hecho reflexionar mucho de nuevo sobre si dejar ala redes sociales. Lo cierto es que desde hace unos meses comencé una relación y entre el trabajo y los compromisos casi no tengo tiempo de mirarlas pero si lo hago cuando tengo momentos muertos en el día o los fines de semana y no me gusta nada. Me preocupa lo mismo que a vos, no poder concentrarme en la lectura cuando leí cientos de libros en mi adolescencia. Intenté dejar el teléfono y llevar siempre un libro encima para esos momentos muertos pero me resulta muy difícil concentrarme. Solo recuerdo que en el verano de vacaciones en la playa me leí tres libros seguidos (Virginia woolf, truman capote, y en inglés!) Así que analizó que quizás sea mi ritmo de vida el que no me permite la concentracion y que quizás en la adolescencia tenía menos preocupaciones y responsabilidades ( que entre otras cosas me permitia transnochando leyendo, cosa que ahora no podría hacer porque caigo rendida en la segunda página). Cómo siempre te sigo en casa psicoletter. Tengo que decir que tu blog fue el único que sobrevivió a la nueva legislación, antes me llegaban decenas de mails de blog por semana, no los extraño para nada, solo extrañaría el tuyo 😉

    • Marina diciembre 9, 2018 at 2:05 pm #

      Muchas gracias por tus amables palabras, Male. A mí me pasa también lo de echar un libro al bolso y no llegar ni a abrirlo. A ver si poco a poco vamos creando esos espacios de vacaciones mentales. ¡Abrazos!

      Marina

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