20. Maneras inteligentes de no tener razón

Classical Gas

Como decíamos ayer, y me refiero a ayer literalmente, no como ese desmemoriado efectista de Fray Luis de León, voy a proponer algunas alternativas a la discusión racional y confrontativa con más probabilidades de atravesar las barreras mentales del otro.

1. Recordar el “para qué” de la discusión: ¿qué pretendemos sacar en claro? ¿cuál es la opción más beneficiosa para todos? Discutir el diagnóstico de un paciente puede tener como finalidad demostrar quién sabe más de psicopatología o aclarar cuáles pueden ser sus mejores opciones de tratamiento. La segunda opción llevará a una puesta en común de ideas mucho más enriquecedoras. Pelear con un grupo de amigos sobre quién tiene la culpa de que se salga de excursión dos horas tarde no ayudará a diseñar una estrategia común para evitar que eso suceda en el futuro.

2. Cambiar el foco a los elementos metacomunicacionales: no se trata de lo que decimos, sino de cómo lo decimos. En una pelea con mi pareja, por ejemplo, a mí puede no importarme su opción política o su forma de colocar la comida en la despensa, pero sí quiero que exprese esas opiniones con respeto y cariño.

3. Utilizar los trucos asertivos para jipis pasivos: hablar de conductas y no de personalidad, expresar nuestros sentimientos, proponer acciones alternativas o tratar a los demás como nos gustaría que fueran.

4. Emplear el humor y la reducción al absurdo: esta historia creo que la cuenta mi madre, y va de unos conocidos suyos de muy buena familia que tenían un hijo un poco rebelde. El hijo quería cambiar su apariencia de alguna forma que no recuerdo: haciéndose un piercing, un tatuaje o llámalo X. La madre le dijo que ni hablar, y él contestó que las apariencias no importan y probablemente la llamó retrógrada reprimida. Ella le dijo que de acuerdo, que podía hacerse el tatuaje, pero que ella iba a ir a su graduación con minifalda y medias de rejilla, y que su padre se pondría un bañador, chanclas y la camisa abierta. Creo que el chico no se hizo el tatuaje.

5. Usar ejemplos: igual que las bromas, nunca son casuales y, sin embargo, pueden disimularse como una propuesta de inofensivo afán didáctico. En el artículo de ayer, yo utilicé un ejemplo sobre los laboratorios farmacéuticos que deja clara mi posición sin necesidad de argumentarla ni de generar contraargumentos por parte de mi interlocutor.

6. Sustituir la palabra “pero” por “y”: está muy bien alabar todo o parte de la opinión del otro para, a continuación, hacer nuestra contribución; el problema es que si en medio intercalamos la palabra “pero”, nuestro intento de peloteo queda anulado porque la función principal del “pero” es precisamente ésa: yuxtaponer, confrontar, anular. Intenta cambiarla por “y”: me parece muy adecuado lo que has comentado sobre el diagnóstico de este paciente, y además es importante que la etiqueta no sea definitiva para no dificultar su recuperación.

 

¿Os parecen útiles estas sugerencias? ¿Se os ocurre alguna otra? A esta hora y con este calor, mi pobre cerebro tiene la consistencia del queso vegano, así que no sé si estoy escribiendo algo con sentido o puras divagaciones que mañana por la mañana me horrorizarán. Tengo que plantearme esto de escribir de un día para otro; es estresante. Pero de momento, el reto permanece.

Que durmáis bien y tengáis un muy feliz jueves, jipis.

[La imagen es de bonnie brezette, y es lo que me ha salido en Flickr buscando “embudo”]

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5 Responses to 20. Maneras inteligentes de no tener razón

  1. Silvia C julio 3, 2013 at 11:25 pm #

    Tus sugerencias siempre son utiles y no caen en saco roto… como tú dices… algo siempre queda ;))

    Me parece especialmente util el acostumbrarnos a utilizar el “además de” “también estaría bien” etc… en vez de el pero… estamos muy viciados con esa palabra sin darnos cuenta muchas veces como el lenguaje y el significado de cada palabra transmite a nuestro cerebro sin a penas darnos cuenta mensajes que no siempre son los que pretendemos transmitir.

    Buenas noches

  2. Siro julio 4, 2013 at 12:51 am #

    Me gusta mucho eso de ” tratar a los demás como nos gustaría que fueran “. Lo apunto in my brain .Y muy buena la anécdota del joven y los padres jajaja . Feliz dia !!

  3. Caro chan julio 4, 2013 at 7:31 am #

    Si, la anecdota es buenisima, yo tambien me la guardo!

    Ese referente de como cambiando una sola conjuncion la frase cobra otro sentido para la otra persona creo haberla leido en un libro antiguo que la verdad me gusto bastante “Como ganar amigos e influir en las personas” de Dale Carnegie

    Deseando tu post de mañana, lo estas haciendo estupendamente incluso teniendo un queso vegano por cerebro!XDD

  4. Pedro julio 4, 2013 at 8:23 pm #

    Gracias Marina por esas 6 maneras, las considero esenciales.

    Una que a mí me funciona es mostrar hulmidad e ineterés por la otra postura. No se trata de someterse a las opniniones contrarias, si no de explorarlas. Normalmente esto relaja la tensión que pueda haber. A veces hasta finaliza las discusiones al darnos cuenta de que cada uno ha mostrado su postura y aceptamos las diferencias, o de que simplemente debatimos sobre cosas distintas enfrentándonos para imponer nuestra opinión.

    Saludos!

  5. paula julio 6, 2013 at 11:43 pm #

    A mi me gusta mucho hablar, pero procurando que la conversación no se convierta en discusión. existen temas como el de la homeopatía y medicina natural que a mi como médico me exacerban y siempre procuro no entrar al trapo y utilizar el silencio como respuesta y respetar lo que diga la otra persona.
    Creo que hay que escuchar con el máximo interés y total atención. Aunque nuestro interlocutor sea muy diferente a nosotros siempre nos puede ser útil algo de lo que diga. Es importante no estar esperando para decir: pues a mi, pues yo, etc cosa que habitualmente hacemos.
    Y la tercera cosa par mi lo mas importante es “La recta palabra”. ¿cual es nuestra intencón al decir una opinion? ¿queremos ayudar al otro? ¿pretendemos humillarle y quedar por encima de el? ¿ hemos reflexionado lo suficiente sobre lo que vamos a decir? ¿hará daño a la otra persona algo de lo que digamos? Como dice mi madre las palabras no se pueden recoger. Lo importante es la “volición”. Si antes de decir una palabra pensáramos en sus consecuencias estaríamos más tiempo en silencio. Creo que este tema es interesantísimo, al menos es una de las cosas sobre las que quiero trabajar cotidianamente. Besos pitu.

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