15. El poder de la renuncia

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La renuncia es uno de esos conceptos que, si pudiera, iría a una agencia de marketing para un cambio de imagen. La imagino como una señora delgada con ropas austeras que le diría al publicista que la atendiera: “me estoy quedando sin clientes. No tengo buena prensa. Las religiones ya no me consideran necesaria para alcanzar el paraíso, y el creciente número de ateos me ve como una molesta santurrona de la que han conseguido librarse, junto con Moral, Esfuerzo o Disciplina. Tiene que hacer algo. Organizar una campaña que desvele mis aspectos positivos, que me dé un aspecto más humano. ¿Qué tal cambiarme el color de pelo? ¿Y seguirme todo un día en mis actividades cotidianas para generar empatía?”.

El tipo fliparía, claro.

Yo estoy hoy aquí para hacer parte de esa campaña a favor de la renuncia. Con su nombre sosito y sus aires de santa ayunadora del siglo dieciséis, la renuncia es uno de los conceptos que más útil me ha resultado en los últimos años.

Por qué hablar de renuncia

Atención, noticias frescas: renunciar no es optativo. Renuncias todos los días. No importa lo personalizable que sea tu café de Starbucks: elegir leche de soja implica renunciar a la de vaca, echarle sacarina implica renunciar al azúcar, echarle azúcar implica renunciar a ese paso por una vida más sana que siempre te propones dar. Tener pareja quiere decir que renuncias a las ventajas de estar soltero, y a la inversa. Por cada destino de vacaciones que eliges, renuncias a los demás. Por cada decisión laboral, cada objetivo que persigues, cada hobbie que desarrollas, renuncias a todas las opciones que se quedan por el camino.

Por lo tanto, no se trata de renunciar. Eso ya lo estás haciendo. Se trata de dejar de luchar contra la renuncia viviendo en la fantasía de que podrías tenerlo todo.

Psicosupervivencia es un blog realista. No estoy aquí para decirte que si haces el número suficiente de cambios positivos, comes sano, duermes bien y te acostumbras a usar hilo dental, tu vida se va a parecer a un anuncio de yogures. Yo sé que me repito, y que esta idea ya os va sonando a los jipis, pero nunca me cansaré de decir que la promesa de una vida perfecta en algún lugar me parece una de las mayores y más dañinas mentiras de la sociedad actual (y, por extensión, de la autoayuda).

El primer paso, por tanto, es rendirse a la realidad de la renuncia. Para esto, nunca está de más recordar las dos primeras características de la existencia según Buda: impermanencia e insatisfacción.

Todo pasa. Piensa en tu vida hasta ahora. En el pasado que has dejado atrás. Toda la gente que has conocido, toda la comida que has engullido, todas las veces que has hecho y deshecho la cama. Las estaciones del año, las navidades, esas esperadas vacaciones, esa temida visita al dentista. Llegan y se van, llegan y se van. Por la naturaleza impermanente de la realidad, nada puede ser cien por cien satisfactorio. Incluso la experiencia más plena, realizadora, reconfortante y feliz termina en algún momento.

Si la realidad es insatisfactoria, ¿por qué aferrarse a ella? No se trata de adoptar la postura de todo me la pela con la que normalmente se asocia al budismo. Por supuesto que no todo nos la pela. En algo tenemos que ocupar nuestro tiempo sobre este bonito planeta. La clave está precisamente en que lograr una vida plena, satisfactoria y con sentido implica renunciar, y esta asociación es bidireccional: si uno aprende a reconocer y aceptar la renuncia, le será más fácil llevar una vida plena.

Uno de los textos que más me ha impactado últimamente es este post de Tynan. En él, explica que cuando uno está trabajando en un proyecto que le importa no está haciendo otro montón de cosas. No está socializando con gente, ni haciendo ejercicio para mejorar su salud, ni leyendo, ni viajando, ni divirtiéndose. Está sentado frente al ordenador, con una expresión un poco aburrida, haciéndose polvo los ojos y luchando con problemas que parecen estúpidos en el amplio esquema de las cosas. Me di cuenta de que si realmente quería hacer avanzar este proyecto, tenía que asumir eso. Mis tardes ya no iban a consistir en un prolongado festival de hacer lo que me diera la gana. Había que renunciar. En eso estoy ahora mismo, a las seis de la tarde, escribiendo esto en el salón de mi casa con un calor tremendo y obligándome a parar a ratos para estirar los psoas.

Renunciar se parece a cortar las ramas de un árbol: al principio queda feo, pero ayuda a que las que se dejan crezcan con más fuerza. Casi todo a lo que merece la pena aspirar puede definirse en términos de renuncia.

El amor de pareja a largo plazo es renunciar a tirarse a todo lo que se mueve. La mayoría de las veces.

Ser muy bueno en algo es renunciar a lo que no podrás hacer cuando practiques para ser muy bueno en ese algo.

El perdón es renunciar a que las cosas nos sigan haciendo daño, y también a tener sobre el otro el poder que da sentirse herido.

El minimalismo es renunciar a tener objetos superfluos, la salud es renunciar a tajarse y comer tarta todos los días, la amistad es renunciar en ocasiones a hacer lo que me apetece para hacer un favor o ceder frente a otro.

Y así, hasta que el procesador de textos haga saltar una alarma por repetir demasiadas veces la palabra renuncia.

¿Cómo se hace?

La renuncia no parece algo que pueda lograrse en un pim-pam-pum. Sin embargo, hay algunos conceptos y “microprácticas” que a mí me ayudan a reconocerla y aprovechar su energía.

  • Tomar conciencia de que existe. Uno puede darse cuenta de que hay renuncia por la insatisfacción que siente en una o más áreas de su vida, o por esa difusa ansiedad moderna de no estar haciendo en cada momento lo que se supone que deberías hacer. En ese punto, puede ser útil tomar nota: estoy renunciando, es necesario, es normal, es bueno.
  • Hacerla parte de tu ecuación. A partir de ahora, cuando te propongas cambiar un hábito, empezar un proyecto nuevo o entablar una relación significativa, pregúntate: ¿a qué voy a renunciar? Reconócelo, apúntalo, dale la bienvenida. El espacio que crees será el lugar donde podrá crecer lo nuevo.
  • Recordar la impermanencia y la insatisfacción. Sea lo que sea aquello a lo que estoy renunciando ahora mismo, tampoco me daría una satisfacción absoluta y duradera. Quiero estar paseando por el Retiro o leyendo a Murakami en lugar de escribir este artículo, pero esas experiencias también son finitas y transitorias.
  • Dar espacio a las sensaciones desagradables y practicar la ecuanimidad. Vaya, así que estoy renunciando. Por eso me siento incómoda. Es normal que me sienta así, y no quiere decir que esté tirando mi vida por la ventana. ¿Qué forma tiene esa renuncia? ¿Cómo la siento en mi cuerpo? Es una presión en el pecho, es debilidad en las piernas, es un nudo en la garganta. Dale la bienvenida, sé consciente y sigue adelante.
  • Asegurarse de que las ramas que dejas crecer son valiosas. No es lo mismo renunciar a las comodidades modernas para irse a ayudar a una ONG en África que renunciar al ron para tomarse un gintonic. La insatisfacción inherente a la vida se lleva mejor si dedicas tu tiempo a una actividad que esté de acuerdo con tus valores.
  • Recordar (u olvidar) al ego. No sólo se renuncia a experiencias o a sensaciones, sino también a ideas, fantasías y partes reales o ficticias de nuestra personalidad. A veces, elegir no llevar a cabo determinadas actividades tiene que ver con renunciar a ser la persona que hace eso. En mi caso, por ejemplo, escojo no ver pelis, exposiciones o conciertos para escribir por las tardes o escalar los fines de semana. Eso tiene que ver con asumir que no soy la cultureta gafapasta que a veces me gustaría ser, y aceptar las consecuencias que para mi ego se deriven de ello. Renuncio a ir divina de la muerte a favor de reservar mi tiempo y mi dinero para lo que considero importante, o renuncio a ser la persona más social del mundo para mantener mi serenidad y mi espacio de trabajo.

¿Qué obtenemos a cambio?

Hasta ahora, me está quedando todo como muy negativo. Chas, chas, hacía el látigo al golpear contra la piel del jipi. Pero, insisto: la renuncia es buena y tiene sus compensaciones. Te da serenidad, espacios de descanso, capacidad para enfocarte en lo importante. Te proporciona satisfacción con tu vida tal y como es.

Levantas la cabeza y te sientes orgulloso: vale, me voy a quedar sólo con una parte de la vida, pero esa parte la voy a exprimir al máximo.

Date permiso para renunciar a tus constantes aspiraciones, a tus millones de metas, a tu hambre de experiencias y sensaciones. Estamos bien aquí, ahora, hoy. La vida puede ser satisfactoria y, al mismo tiempo, no va a dejar de ser insatisfactoria nunca; esto es lo que hay y esto puede ser lo que nos salve.

Puedes leer más sobre la renuncia desde la perspectiva budista en este interesante (aunque quizá algo extenso) texto sobre el tema.

[Imagen: uusc4all]

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22 Responses to 15. El poder de la renuncia

  1. alejandro junio 25, 2013 at 8:19 pm #

    Creo que cada día que queremos conseguir algo cedemos o renunciamos a cosas. La vida son etapas. Etapas de personas, algunas las dejas atrás, otras se quedan aún contigo en el camino, otras surgen. Etapa de renunciar a vestir de una determinada manera, de peinar de una forma y renunciar a esa forma con el tiempo. Estamos en un pleno cambio diario. Hasta nosotros mismos cambiamos de piel, maduramos, crecemos…La vida es una renuncia y un cambio que habrá que tomar el que mejor se adapte a nosotros y nos haga felices.
    Besos!

  2. Juan Carlos junio 25, 2013 at 9:10 pm #

    Que mindfulness estas ultimamente! O yo lo veo en todos los lados jejeje…el concepto de equanimidad uhmmm….no me queda claro. Si alguien se anima lo agradecere mucho

    • Elsa junio 26, 2013 at 8:26 pm #

      ¡Hola Juan Carlos!

      Personalmente veo la ecuanimidad como una observación plena, sin juicio. Todo el tiempo estamos poniendo etiquetas a todo, así que yo veo la ecuanimidad como un intento de reducir ese hábito. Evidentemente no te va a salir a la primera ni te va a salir todo el rato, pero esos microsegundos de ecuanimidad son muy valiosos y merecen la pena.

      Espero haberte ayudado.

      Besos

      • Juan Carlos junio 26, 2013 at 9:04 pm #

        Claro que ha ayudado tu explicacion Elsa! Justo hoy ha salido la equanimidad en la sesion pero hemos pasado a otro tema y ya no he podido preguntarlo,…pero ciertamente creo que vwn los tiros por ahi. Gracias de nuevo

      • Juan Carlos junio 26, 2013 at 9:07 pm #

        He pegado un vistacin por internet: http://www.proyectopv.org/1-verdad/ecuanimidad1.htm

        • Elsa junio 28, 2013 at 9:58 am #

          De nada, saludos

  3. Marta (Galicia) junio 25, 2013 at 9:11 pm #

    Plas, plas, plas. Me ha encantado.

  4. Paula junio 25, 2013 at 9:43 pm #

    Muy bien descrita la renuncia. Lo difícil es aceptarla con ecuanimidad, sobre todo si es algo que te importa mucho.

  5. KHaL Yeleytr junio 26, 2013 at 12:18 am #

    Pues ciertamente puedes sentir orgullo por este post, te ha quedado muy bien. En general estoy de acuerdo con todo, aceptar la renuncia y tenerla en cuenta en el proceso de toma de decisiones responsable es fundamental para madurar, al menos en mi opinión.

  6. Yudi junio 26, 2013 at 12:24 am #

    Mil gracias Jipi. Este texto me llega en el preciso momento en que tengo que decidir cosas en mi vida; sin la renuncia de unas cosas por otras, me quedaré en un punto medio, donde voy a estar como paralizada para actuar. Un abracito. Saludos.

  7. Antón Pirulero junio 26, 2013 at 5:03 am #

    Jo….como anillo al dedo. Precisamente hace un par de días hice un boceto de horario para organizar mi tiempo, porque entre obligaciones, hobbies y buenas intenciones…….no salía de un constante estado de ansiedad por ver el tiempo escaparse de mis manos cada día, por ver aumentar la lista de tareas pendientes, y la sensación de no hacer nada. En realidad si hacía muchas cosas, pero quizás eran demasiadas para poder dedicarles el tiempo necesario e ir terminandolas. Iba picando un poco aquí, un poco allá, y eso es
    bastante descorazonador a la larga.
    Priorizar lo importante, racionar lo útil pero opcional y desechar lo inservible. Dividir y temporizar lo grande o complicado y sobre todo, EMPEZAR POR EL PRINCIPIO.
    Eso si, me reservo un pequeño espacio para el dolce far niente…….

  8. ShutUp junio 26, 2013 at 10:12 pm #

    A título personal debo decir que estoy de todas estas filosofías “Jódete de buen rollito”, hasta las pelotas.

  9. Caro chan junio 28, 2013 at 6:22 pm #

    Si, totalmente de acuerdo!! Ya empece a ser consciente de ello, sobretodo cuando en vez de echarme mi deseada siestita lo doy todo en el gym…yo creo que la renuncia es una muy buena compañera de camino!

  10. Biónica Habla que escucho julio 2, 2013 at 12:31 pm #

    Antes renunciaba a cosas más individuales en bien de estar rodeada de amigos. Lo prefería incluso. Ahora me veo forzada a renunciar a los espacios con amigos -la vida, ya sabes… llega la edad de los hijos y tal-, y a que mi espacio se hace más pequeño y tengo que aprender a hacerlo. A recordar las cosas que deseaba hacer cuando no tenía tiempo por estar rodeada de gente.
    Un standby como se conoce de toda la vida.

  11. Mario julio 2, 2013 at 2:56 pm #

    A mi la renuncia me proporciona sensación de control, eso me hace sentir bien.
    Cuando me dejo llevar en lugar de imponerme límites, al tiempo siento algo de vacío.
    Las renuncias te dan felicidad.

  12. salem dentist julio 10, 2013 at 10:11 am #

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