¿Se puede sanar el pasado?

Sanar el pasado es una idea seductora: si mis problemas actuales vienen de algo que pasó hace tiempo, ¿por qué no viajar allí, de una forma más o menos mística, y eliminar o cambiar eso que me hizo daño?

El atractivo de la idea de sanar el pasado tiene que ver con el mismo impulso que nos hace querer ordenar el armario o las estanterías: cuesta ver algo desordenado y saber que tiene que quedarse así. Lo que pasa es que la mente humana no es una estantería. Uno no puede colocar, arreglar o limpiar cosas y esperar que se queden así para siempre.

Cómo ganarse la vida diciendo obviedades

El otro día le comentaba a una paciente que a mí me pagan por decir obviedades que, sin embargo, olvidamos con demasiada frecuencia. Una de esas obviedades es que no puedes viajar al pasado. Puedes hablar sobre él, imaginarlo, mirar fotografías o soñar con él, pero el único momento al que tienes acceso de verdad es el presente.

A no ser que tengas un poco de plutonio y un peluquero vengativo

Todo ocurre en el presente. Si algo del pasado te hace daño es porque una representación de lo que ocurrió viene al presente en forma de pensamientos, emociones y sensaciones físicas.

Imagina que vas andando por la playa y, de repente, una ola trae un cristal que alguien tiró hace tiempo. Cuando pensamos que no hemos «sanado» algo, es como si el cristal mantuviera sus bordes afilados: el tiempo no lo ha suavizado, y cuando viene y se pone en nuestro camino, influye en nuestra forma de caminar: lo evitamos, cambiamos de dirección o nos pinchamos con él y nos quedamos sentados en la orilla con el pie sangrando.

Digamos que tu cristal tiene que ver con la relación que tenían tus padres: se peleaban muchísimo durante tu infancia, se hacían mucho daño el uno al otro y terminaron por separarse. Ahora, en tu vida adulta, cada vez que piensas en buscar una relación íntima, el mar te trae cristales relacionados con ese recuerdo. Por ejemplo.

  • Cristales de pensamiento: «el amor es mentira», «el enamoramiento es una ilusión química», «¿y si me pasa lo mismo que a mis padres?», «no merece la pena».
  • Cristales de recuerdos: las peleas en la cocina mientras tú tratabas de comerte la cena con un nudo en el estómago, aguantar el pis en un viaje en coche para no empezar una discusión sobre si había que parar o no, los portazos, los gritos.
  • Cristales de sensaciones: un nudo en el estómago, picor en los ojos, falta de aire.
  • Cristales de emociones: miedo, rabia, frustración, incertidumbre.

Cada vez que el mar te trae esos cristales, tú cambias tu camino. Quizá decidas no llamar a ese chico tan majo, o evitar mostrarte vulnerable en tu relación de pareja. Quizá te quedes todo el día en la cama viendo series, o te entre una ansiedad terrible y te tragues un par de tranquilizantes estilo House.

Aquí es donde entra la idea de sanar el pasado. ¿Y si pudieras coger esos cristales, uno por uno, y limar sus bordes, de manera que al venir no sean más que inocentes y redondeadas piedrecitas?

Problema uno: el por qué es un invento de tu mente

Imagínate la siguiente escena: vas andando por la calle y ves a un chico al pie de un balcón. Frente al chico, hay un montón de ropa, zapatos y objetos. La ventana está abierta, pero no hay nadie. El chico mira a la ventana y está llorando.

¿Qué ha pasado ahí?

Ayudándose de su experiencia con la realidad, tu mente construye rápidamente una explicación: la novia, o el novio, del chico se ha enfadado con él, ha decidido dejarle y le ha tirado sus cosas por la ventana. El chico está triste porque no sabe qué hacer. Quizá él le había puesto los cuernos antes. Está arrepentido por lo que ha hecho y quiere ser perdonado.

¿Es esta historia cierta? A no ser que interrogues al chico, no puedes saberlo. Quizá la ropa no es suya. Puede que haya llegado allí por casualidad y esté llorando porque acaba de acordarse de su abuela muerta. Quizá estás en un programa de cámara oculta, o es una instalación de arte moderno.

Puedes hacer otro experimento ahora mismo. Mira a tu alrededor y elige dos objetos al azar. Ahora trata de responder a esta pregunta: ¿Por qué el objeto A es el padre del objeto B? (1) Imagina que tu vida depende de dar una respuesta a esa pregunta, ¿eres capaz de crear una?

Por ejemplo: la lámpara es la madre de la taza porque la luz permite que existan cosas.

El bolígrafo es el padre de la bata porque el diseño de la bata empezó con un dibujo.

He hecho este experimento con un montón de pacientes y siempre son capaces de contestar. Esa respuesta, esa nueva relación que aparece, no existe en la realidad. La ha creado tu mente y es arbitraria.

De la misma forma, la explicación «mis relaciones van mal por culpa del divorcio de mis padres» es una historia con una causa y un efecto que has creado tú. ¿Es cierta? No tenemos forma de saberlo. La pregunta del millón es: ¿te resulta útil? ¿Te sirve creerte que porque tus padres se divorciaron, no tienes capacidad de amar?

Si te crees la historia, «sanar» el pasado es tu única opción. Lo único que puede sacarte de la prisión que tú te has construido es encontrar la manera de limar los cristalitos.

Pero si asumes que es una historia, nada más, y que puedes escapar de ella eligiendo cómo actúas en el aquí y el ahora, no te hace falta sanar nada. Puedes estar con los cristales y elegir algo diferente.

Problema dos: no hay forma de limar los cristales de una vez y para siempre

Si has pasado alguna vez por una ruptura sentimental, quizá te resulte familiar esta experiencia: al principio tu mundo se derrumba y sufres muchísimo, pero poco a poco el tiempo cura las heridas y los pensamientos te dañan menos. Pero llega el día de San Valentín, o la noche después de un día agotador, o un viaje a ese lugar que descubristeis juntos, y de repente es como si alguien hubiera vuelto a afilar los bordes del cristal. Vuelve a pinchar como al principio y te encuentras caminando en una dirección que no deseabas.

Lo aprendido no se puede desaprender, y está siempre mucho más cerca de lo que nos gustaría. No te puedes inmunizar al daño, a no ser que vayas al médico de la peli de «Olvídate de mí» para que te extirpe los recuerdos. Y, ¿en serio quieres vivir con tus recuerdos extirpados?

Jim Carrey no aprueba que te quieras quitar los recuerdos

No solo eso, sino que por mucho que racionalmente aceptes una idea como más verdadera que otra (por ejemplo, «no tiene por qué pasarme lo mismo que a mis padres»), es inevitable que la idea irracional y contraria se cuele en tu cerebro. ¿Por qué? Porque tu mente asocia sin pedirte permiso.

Si yo digo blanco, tú dices…

Si yo digo frío, tú dices…

¿Han entrado los conceptos de negro o de calor en tu mente, aunque solo sea de forma fugaz? ¿Puedes expulsarlos y hacer que no vuelvan nunca? Que vengan sin pedirte permiso no quiere decir que algo vaya mal; quiere decir que eres normal. Y que las mismas ideas chungas sobre tu infancia y tu pasado regresen una y otra vez no quiere decir que no lo hayas superado o que tengas que sanarlas: quiere decir que tienes una mente humana cien por cien normal que te trae cosas desagradables de vez en cuando.

No te creas esto solo porque yo te lo digo. ¿Tienes la sensación de que los mismos problemas y conflictos vuelven una y otra vez, a pesar de que has trabajado con ellos, has ido al psicólogo, o te han hecho reiki, o cualquier otra técnica más o menos científica?

¿Y si no es que hayas hecho nada mal, sino que la naturaleza de los cristales es que el mar los traiga de vez en cuando?

Estar con los garbanzos aunque duela

Pisar cristales es incómodo, pero no va a matarte. Sobre todo porque estos cristales no tienen, en realidad, la capacidad de cortar tu piel o de hacerte sangrar. Solo molestan, a veces, o pinchan, o duelen. Pero es posible estar con ese dolor y elegir caminar en la dirección que habías escogido al principio.

La clave está en esas dos palabras: estar con. ¿Puedes estar con algo desagradable y, aun así, caminar en la dirección que deseas? Haz la prueba ahora. Ve a la cocina y coge un paquete de garbanzos o de arroz (o cualquier otro objeto medianamente pesado). Vuelve aquí y sostenlo en tu mano derecha mientras continúas leyendo este artículo.

¿Lo tienes? ¿Lo notas? Quizá no sea muy agradable, y quizá si pasa un poco de tiempo se te empiece a cansar el brazo. ¿Sientes ese cansancio? ¿En qué parte de tu brazo es más intenso? ¿Tienes ganas de soltarlo? ¿Cómo son esas ganas? Quizá es un «impulso» de mover el brazo, o una imagen mental de cómo te vas a sentir cuando estés libre de esa molestia.

Sin embargo, ¿puedes elegir seguir leyendo este artículo?¿Puedes volver al principio y leer de nuevo el primer párrafo, aunque estés notando el peso del brazo y la incomodidad de sostener el peso? Imagínate que leer este artículo es lo más importante del mundo para ti, con o sin peso. Pruébalo ahora y nótate eligiendo cambiar tu atención de sitio y hacer algo que te importa.

Ahora prueba con esa imagen o ese pensamiento de tu pasado que te incomodan. La próxima vez que aparezcan, ¿puedes, simplemente, notarlos? ¿Puedes imaginar el pensamiento flotando frente a ti en una pantalla y orientar tu energía hacia lo que te importa?

De esta forma, sanar el pasado no es una tarea ingente que te requiere sumergirte en recuerdos desagradables como el que baja a las cloacas del inconsciente. En lugar de eso, puedes relacionarte de él de una manera distinta en el aquí y el ahora y elegir mirando hacia el futuro. Sanar el pasado, en el fondo, es quitarle el poder que tiene sobre ti, y eso es algo que depende de ti, momento a momento, sin necesidad de más esoterismo que comprometerte con las acciones que te importan.

(Y sí, ya puedes bajar el brazo)

(1) Este ejercicio está sacado del libro de Matthieu y Jennifer Villate Mastering the Clinical Conversation.

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23 Responses to ¿Se puede sanar el pasado?

  1. Ana noviembre 22, 2017 at 10:13 am #

    Me ha encantado el artículo, Marina.
    Muchas gracias.

  2. Malena noviembre 22, 2017 at 10:42 am #

    Me gustó mucho el artículo, hace un tiempo lei en algún lado que después de los 25 ya no se tiene derecho de echarle la culpa a tus padres por tu pasado y tu presente, que hay que empezar a hacerse cargo. En mi caso fue así, casi de un momento a otro logré la aceptación de lo que soy y empecé a hacerme cargo … Mi nuevo desafío es aprender formas de relacionarme y de actuar cuando las únicas que me enseñaron son conflictivas y limitadas…

  3. Ego noviembre 22, 2017 at 11:00 am #

    Como siempre, magistral. Gracias, Marina por poner orden a cosas a las cosas y expresarlas tan bien. Es de ayuda.

  4. Marisol noviembre 22, 2017 at 11:28 am #

    Excelente artículo y me ha venido en un muy momento. Gracias, Marina

  5. Inmoldeable noviembre 22, 2017 at 11:57 am #

    Muchas gracias Marina, tienes esa manera de escribir que hace que las cosas se coloquen en la parte correcta del cerebro 😉

    • Marina noviembre 22, 2017 at 1:15 pm #

      Me encanta esa forma de expresarlo, Inmoldeable. Aunque el cerebro no sea una estantería, y tal, pero entiendo lo que quieres decir. Abrazos y gracias por comentar,

      Marina

  6. Jesus noviembre 22, 2017 at 12:54 pm #

    Gracias Marina, es muy bueno este post.

  7. William noviembre 22, 2017 at 12:56 pm #

    Buenisimo, grandioso arriculo una herramienta poderosa.
    Gracias Marina

  8. Marian noviembre 22, 2017 at 12:59 pm #

    En proceso de limar cristalitos estoy yo… Gracias por tus palabras Marina, que me hacen ver que voy por el buen camino.

  9. Ester noviembre 22, 2017 at 2:10 pm #

    Hola Marina!

    Un articulo muy util, sobretodo para los que tenemos tendencia a pasarnos el día enfocandonos en los cristalitos. Es un alivio tener claro que an a volver y que no pasa nada si están ahí.

    Un abrazo.

  10. Javi noviembre 22, 2017 at 2:15 pm #

    Qué buen artículo, Marina. Voy a empezar a comentar más por aquí. Soy de esos lectores que sonríen cada vez que escribes pero que nunca se pronuncia… así que como es de bien nacido ser agradecido… ¡un montón de gracias!.

    Lo pasé muy mal tras una ruptura sentimental (casi siete años de relación) y ahora que estoy rehaciendo mi vida con otra persona a la que amo, a veces me asaltan esos miedos de los que hablas.
    Pero cuánta razón tienes… al miedo hay que mirarlo a la cara, y ser conscientes de ese dolor, y entonces… seguir caminando en la dirección que te hace feliz.

    ¡Un besiño desde Galicia!

  11. Alicia noviembre 22, 2017 at 7:10 pm #

    Hola, excelente artículo. Quiero aprovechar para agradecerte y felicitarte por la labor que haces.

  12. Maite noviembre 22, 2017 at 8:56 pm #

    Lo de sanar las heridas del pasado es muy de la terapia sistémica, ¿no?.

    • Marina noviembre 23, 2017 at 7:43 pm #

      No sé muchísimo de sistémica, Maite pero no es un elemento principal de este tipo de terapia, al menos en mi experiencia. Si alguien que sepa más quiere pronunciarse, será bienvenido. Abrazos,

      Marina

  13. Florencia noviembre 22, 2017 at 10:21 pm #

    Gracias Marina. 🙂

  14. jose david noviembre 23, 2017 at 12:24 am #

    Hola Marina.te saludo con un fuerte abrazo y un beso,bueno perdona que no te habia comentado sobre tu ruptura con el face book te cuento que yo tambien estoy pensando seriamente darme de baja aunque mis motivos sean otros, a mi me adecepcionado en gran manera, yo queria tener amigas y amigos,me di cuenta que todo es una mentira el face book es unicamente para auto biografiarce o mostrar sus vanidades pero hacer amigos nada todo es manejado.bueno con relacion al tema de hoy acerca del pasado, bueno te cuento … tuve ace ya un año y medio una ruptura con una gran amiga, que fue por mi culpa y hasta el dia de hoy cargo en mi conciencia aquella experiencia, que aun que soy libre, y soy feliz con mi esposa y mis hijos aquel recuerdo lo llevo como una soga al cuello cuando estoy trabajando, aveces en mi dialogo interno,esos recuerdos me vienen como bandadas de pajaros que por mas que los espante vuelven con mas fuerzas y me invade la triteza dime que puedo hacer? ¿ sabes una cosa ? me gustaria tener 3 amigos y 3 amigas que no sean prejuiciosas ni descalificadoras cres tu que sea posible en este mundo lleno de artificialismo y egoismo? bueno no me hagas caso tal vez me estoy volviendo loco. un beso y un abrazo amiga, jose david

  15. Elena noviembre 23, 2017 at 6:22 am #

    Verdad o no, estamos condicionados por el pasado, en funcion a eso, lo de decidir libremente, me río yo, pero bueno, es una dulce manera de autoemgañarse

  16. Atreverse noviembre 23, 2017 at 4:01 pm #

    Realmente es tal como cuentas, pero por experiencia, el ignorarlo sólo es posible, aunque no siempre aconsejable, cuando el disparador que lo ha producido no te ha desestabilizado a nivel físico.

    Hablo de hiperactivación de sistema nervioso con su consecuente hipoactivación. Eso no hay cuerpo que lo aguante, ni mente que pueda lidiar con ello a largo plazo.

    Hasta que no te enseñan a calmar el sistema nervioso y a aumentar tu ventana de tolerancia, el ignorarlo realmente mantiene a tu cuerpo en un estado de estrés insoportable y el ignorarlo, en parte porque no puedes hacer otra cosa, no es elegido, te impide elegir técnicas de integración o ignorancia consciente.

    Es un temazo éste.

    • Marina noviembre 23, 2017 at 7:42 pm #

      Interesante, Atreverse. Yo también creo que hay que encontrar maneras de calmar la activación del sistema nervioso para que no nos sobrepase. El problema viene cuando es la única estrategia y, sobre todo, cuando se pone en el camino de hacer lo que es importante para ti. Creo que quizá la palabra “integrar” o la expresión “dar espacio” tienen más sentido que “ignorar” que, como dices, al final puede relacionarse con control o con tensión.

      Gracias por aportar. Un abrazo,

      Marina

  17. pilar del amo noviembre 27, 2017 at 1:55 pm #

    ¿ Cómo vas a sanar el pasado? ¿ Volviendo a él? ¿ Y eso se puede?. Y además si está pasado, para qué? Sólo afecta lo presente, lo que está aquí y ahora aunque sintonice con una melodía pasada; ese acontecimiento actual que reaviva una emoción antigua dolorosa.

    En la infancia sí éramos vulnerables, dependíamos de los demás: hoy, somos fuertes y aunque se reactiven esos sentimientos de desamor, ya no nos devoran, podemos seguir hacia adelante.

    Sanar, es asumir y crecer.

    Muy interesante tu artículo, Marina

  18. Beatriz noviembre 28, 2017 at 3:10 am #

    ¡Hola Marina! Confieso que tenía días viendo en mi bandeja de entrada el título del correo que me llevó hasta aquí. Hoy me atreví a abrirlo precisamente porque en mi cita con el psicólogo estuvimos hablando de esto. Me sentí muy identificada y me ayudó a aclarar el panorama de mi situación.

    Estoy en esa etapa de aceptarme como soy y enfocarme más en lo positivo que en lo negativo. Experiencias pasadas desagradables se han convertido en esos cristales que cortan pero que estoy dispuesta a limar. Me gustó mucho como presentaste el tema.

    Gracias.

  19. Pili noviembre 28, 2017 at 8:39 pm #

    Hola Marina. Acabo de leer tu articulo y queria decirte que Gracias!! Por este trabajo que haces. Estuve en terapia y no recordaba el cómo no dar importància a esas ideas.cuando vienen. Volver a leerlo me ha venido en un momento idoneo

  20. Haar noviembre 30, 2017 at 3:35 pm #

    Interesante como siempre, Marina.
    Me gustaría conocer tu opinión sobre el inconsciente. Entiendo que lo que importa es cómo actuamos en el aquí y en el ahora a pesar de que pinchen los cristalitos a la hora de hacerlo. Mi opinión es que eso no es incompatible con aceptar lo que está siendo inconsciente en ti, ver que tienes una responsabilidad (son aspectos de ti mismo) y que eres la única persona que puede cuidar de ello. En ese momento eres vulnerable y tienes que dejar marchar la necesidad de controlar a los demás que proyecta tu inconsciente (gran lección). De esta forma, el contexto de tus relaciones cambia.
    Desde mi punto de vista, hacerte responsable de lo que proyecta tu inconsciente (ambiciones, errores, etc) es más útil y te ayuda a crecer más que simplemente negar o ignorar el inconsciente. ¿Cuál es tu punto de vista sobre este tema, Marina?
    ¡Gracias por compartir!

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