Truquitos asertivos para jipis pasivos

Soapy dishes

Con cierto retraso sobre el horario previsto llega la segunda parte de esta primera entrega sobre la asertividad, dirigida a los artistas anteriormente conocidos como pasivos. Te recomiendo que eches un ojo a la primera parte para comprender y sacar todo el provecho posible a estos trucos. Su intención es limitar la influencia de las buenas razones para seguir siendo pasivo de las que hablábamos en el post anterior.

Ahí van:

1. Hacer frente a las sensaciones desagradables.

Las sensaciones desagradables son como los partos: se sobrellevan mejor si sabemos que es por una buena causa. Después de leer el post anterior, quizá se te hayan ocurrido razones por las que merece la pena ser asertivo. Si no, te las digo yo ahora: porque tienes derecho a sentirte como te sientes. Porque ceder el control es doloroso, pero útil. Porque no quieres decidir por los demás. Porque prefieres actuar en la realidad. Porque tu supuesta bondad te está envenenando.

Saber que ser asertivo es desagradable también puede ayudar. Empieza poco a poco. Primero, con cosas poco importantes, o con personas también poco importantes o benevolentes. Pídele al camarero que te cambie un café que sabe a quemado. Explícale a tu madre que prefieres que no te planche los vaqueros con raya. Las madres y los padres son una buena opción para practicar, porque te van a querer pase lo que pase.

Al igual que sucede con el miedo, la asertividad tiene que ver con ampliar nuestra zona de confort. Te darás cuenta de que lo que antes te suponía un mundo, ahora te resulta más fácil. La única solución es practicar, practicar y practicar.

 

2. Preservar tu ego.

No creo que haga falta que insista sobre el tema pero, por si no te ha quedado claro todavía, ser asertivo es bueno. Tiene que ver con la autenticidad: con expresar lo que realmente quieres de la vida y de los demás. No quiere decir que vayas a lograrlo, pero tienes derecho a pedirlo.

No has venido al mundo para conservar los castillos en el aire de tu gente ni para masajearles el ego. Has venido para ser la mejor versión de ti mismo que puedas ser, y si tu misión es no tener conflictos con nadie nunca, acabarás recortándote la vida hasta su mínima expresión o huyendo.

Es duro ceder a los demás el control de nuestro bienestar, pero es bueno tratarles como adultos. Darles la oportunidad de decidir y, por qué no, de cambiar. Quizá si le explicas a alguien que su actitud te hace daño, se dé cuenta de que tiene problemas de relación con otras personas y se replantee su comportamiento. Puede que de aquí a unos años te diga “no sabes lo mucho que me ayudó que me dijeras las cosas claras”. (También puede que no, ojo, pero es un riesgo que tendremos que correr).

Si tu ego se queja por no poder conservar su imagen de buenismo, dile que una imagen de autenticidad, entereza y coraje es mucho mejor. Y que la asertividad es tendencia en todos los círculos de psicología cool.

 

3. Adelantarte al ego del otro.

Aquí es donde nos ponemos didácticos y hablamos de cómo ser, de hecho, asertivos. Si a Juan se le va la olla y le dice a Sofía que es una zorra egoísta, no estará siendo asertivo, sino agresivo. La asertividad no es más que un intento considerado de lograr nuestros objetivos. Es un “metérsela doblada” a nuestras víctimas por su bien y por el nuestro.

Comienza la conversación en privado, en un momento tranquilo y, a ser posible, apartado en el tiempo de la situación problema. También puede ser positivo cambiar el contexto: que Juan y Sofía charlen en una cafetería, o que invites a tu compañero de curro a un té en casa para comentar lo que te preocupa. Ser asertivo en caliente es difícil y casi una contradicción en sus términos.

Además, si aplazas la conversación en el tiempo, podrás pensar con más calma qué quieres decir y cómo quieres hacerlo. Puedes anunciar tus intenciones: “oye, me gustaría que habláramos de esto más adelante”. Así también darás tiempo al otro para reflexionar, y quizá se ponga menos a la defensiva.

Habla de conductas, no de personalidad: no es lo mismo decir “eres una egoísta” que “me gustaría que me echaras una mano con los platos”. Lo primero es un rasgo de carácter y da sensación de impotencia. Si no puedo actuar contra ello, me protegeré poniéndome a la defensiva. Sin embargo, puedo ayudar con los platos. Es más difícil sentirse atacados cuando se pone en cuestión una conducta en lugar de toda nuestra persona.

Expresa tus sentimientos: podemos luchar contra el ego con empatía. Las defensas se nos caen cuando nos damos cuenta de que estamos haciéndole daño a alguien que nos importa. Decirle a Sofía “cuando no me ayudas me siento solo” o “yo también estoy cansado después de comer” no sólo despierta su empatía, sino que además es irrebatible. ¿Qué va a decirle Sofía? “No, no te sientes solo” o “no, no estás cansado”; es un argumento irrefutable.

Propón acciones concretas: si hablas de conductas molestas, puedes proponer conductas alternativas. “Nunca me haces caso” puede convertirse en “me gustaría que planeáramos algo los dos juntos un par de veces por semana”. “Este despacho es un desastre” podría operativizarse como “establezcamos unas tareas mínimas de limpieza y orden que podamos hacer por turnos”.

Aplica “la de Goethe”: decía el viejo Goethe que “si tratas a la gente como lo que son, los harás peores de lo que son, pero si les tratas como deberían ser, los harás mejores de lo que son”. Supón buenas intenciones en el otro y verbalízalas. Juan: “imagino que quieres ayudarme a que me sienta útil, Sofía”, o “soy consciente de que estás muy cansada cuando llegas”.

De la misma forma, da por supuesto que quiere cambiar. Que te aprecia, que quiere ayudarte, que quiere que te sientas mejor. Ten fe. Yo tengo fe en el cambio de la gente: encuentra tú también la tuya y ponla en marcha.

 

4. Contemplar un plan b.

No puedes decidir por el otro, no puedes sentir sus sensaciones, no puedes cambiar sus actitudes. Sólo puedes expresar lo que quieres con la máxima claridad y cuidado, asimilar que será lo bastante maduro como para decidir correctamente y esperar. Y, después de eso, protegerte. Siempre puedes protegerte. Piensa en qué pasará si las cosas no cambian. Contempla una huida sensata o un estallido justo. Disponer de un plan b te dará la tranquilidad de poder confrontar las cosas.

Si no tienes plan b, ten en cuenta la posibilidad de no ser asertivo. Si tu jefe es una bestia parda y dependes de tu trabajo para pagar tu hipoteca, tendrás que tragar. Pero, insisto: al menos ahora sabrás por qué lo haces, y tus acciones (tragar con todo) estarán al servicio de tus valores (conservar tu trabajo y mantener a tu familia). Compara, decide y haz uso de tu capacidad de cambio. Actúa con decisión y vive con las consecuencias.

Que no se me olvide: tus comentarios nos interesan (aunque no pueda contestarlos todos porque estoy hasta arriba de curroescalada).

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13 Responses to Truquitos asertivos para jipis pasivos

  1. Ald abril 10, 2013 at 9:04 pm #

    Goethe es Dios (y estuve en tu casa!!!! *fangirlismo por un tío muerto, la última moda).
    Y desde que practico la asertividad con más asiduidad, me va mejor en la vida. Aunque te obligue a tomar planes B. A la larga, los beneficios se notan y mucho.
    Muá, bonita!

  2. Ald abril 10, 2013 at 9:04 pm #

    (… estuve en la casa de Goethe, no en la tuya. Solo por puntualizar. No me termino a acostumbrar al teclado de mi portátil nuevo… x______________D).

  3. Fátima abril 11, 2013 at 6:00 pm #

    Habrá un próximo post para jipis asertivos-agresivos? Desde mi punto de vista (asertiva irremediable por naturaleza) estamos peor vistos, has hablado de la supuesta bondad de los pasivos, y a menudo tener las cosas claras y luchar por ellas se asimila a mal carácter, cuando sólo se trata de tener carácter y para mi es positivo… Perdonad, no me apaño con el móvil, no se sí se entiende por donde voy.

  4. Tania abril 11, 2013 at 7:15 pm #

    Yo es que tengo una pega a la hora de hacer las cosas de casa: la frase “echar una mano….” es que me suena muy mal, vamos que me crispa!!!! Hace brotar mi agresividad (jajaja). Vamos que yo intento ser asertiva, pero en el momento que algo que considero que es de dos o tres o de un grupo uno de los implicados o beneficiados dice “te voy a ayudar” me sienta muy mal.
    Con lo de los platos…. tengo experiencia(soy Sofía), soy de las que deja los platos en el fregadero hasta tarde, tal vez muy tarde, pero he acostumbrado a todos a ello. Les expliqué que no me molestan y que me niego a hacerlo después de comer, que me gusta la siesta.

  5. Marta (Galicia) abril 11, 2013 at 7:54 pm #

    Bueno, pues a ver, se intentará. Eso del plan b nunca me lo había planteado, puede que ayude! 🙂

  6. Pedro abril 11, 2013 at 9:42 pm #

    uffff… recuerdo haber sufrido de lo lindo tratando de poner en práctica la asertividad. ¿Planes B?, solo conocía la modalidad de riesgo y salté a la piscina sin mirar si había agua. Lejos de disfrutar de un baño me estampé.

    La siguiente vez que intenté saltar a la piscina fue también muy difícil pero no tuve que pelear con el ego de la otra persona, se fue al carajo cuando descubrió que me estaba hiriendo.

    Fueron dos situaciones distintas, en una simplemente comuniqué mis sentimientos (nadie me estaba jorobando pero tenía mucho que ganar). La segunda fue un ejercicio de autoprotección con final feliz.

    Lo mejor de todo: el poder de las palabras, y basta con un mensaje directo pero con tacto, ¡que Roma no se hizo en un día!

  7. Rosie abril 12, 2013 at 12:08 am #

    You are linking to my photo without giving me credit.
    Please update accordingly.

    Thank you.

    • Marina abril 12, 2013 at 6:06 am #

      Sorry! I thought it was enough this way since the picture does link to your Flickr gallery. Anyway, I’m sorry. Is it fine this way? Thanks for your work, it’s an awesome picture and it fits perfectly with the post.

  8. Wilk abril 22, 2013 at 11:45 pm #

    Buena série de articulos, esperando con ganas las siguientes partes para hacerme con una idea global sobre la asertividad.
    Well done Marina!

  9. Txiguito mayo 28, 2015 at 10:55 am #

    Hola!

    Muy buenos artículos!! Aunque ya haga un par de años que los escribistes. Hace tiempo que lo sospechaba pero me acabo de dar cuenta de que soy pasivo y lo que es más importante aun, que la majoria de problemas que he tenido me han venido por esta actitud. Si lo piensas friamente, ¿que sentido tiene evitar el enfrentamiento para no salir de la zona de confort si esto te acaba provocando mucho más sufrimiento?, es un circulo viciosa más. Voy a tomar tu artículo como punto de partida hacia la asertividad. Me imagino que no serà fàcil, però más dificil es aún seguir como hasta ahora.

    Muchas gracias!!!

  10. María del Mar octubre 16, 2016 at 3:58 am #

    Querida Marina: yo también pensaba que la pasividad era la mejor manera de no dañar a nadie, pero cuanto duele al pasivo. Me he dado cuenta de la cantidad de rabia que he estado guardando, enterrando y comprimiendo dentro de mi por ” tragar y no asrtivizar”. Quiero ser asertiva, lo deseo con toda mi alma, pero me cuesta tantísimo que no encuentro las palabras para expresarme sin herir. Toda mi vida aprendiendo a tapar y ahora tendré que aprender a expresar. Me reúno todas las semanas con la familia, somos unos 15. Estas personas hablan de temas muy aburridos para mi y además, no saben escuchar, solo quieren ser oídos. Hace tiempo decidí no hablar, ¿para qué? Si a nadie le interesa lo que digo, no me oyen. Decidí no habalr y ahora, pensando en cómo ser asertiva, no se me ocurre cómo expresarles mi malestar y termino decidiendo que total, para un rato, no merece la pena pasar el mal trago.
    Quiero cambiar esta actitud que me hace acumular tanta rabia y querer hiur sin afrontar.
    No sé como decirles lo mucho que me aburren sus conversaciones, quizá porque en el fondo pienso que tienen todo el derecho del mundo a hablar de lo que les apetezca aunque a mi no me guste, y que si yo me aburro es mi problema, no el de los comensales. Este pensamiento hace que no salga ni una palabra de mi boca, tan solo silencio y la continua idea de no volver a comer con ellos.
    De qué sirve que les diga cómo me siento?, van adejar de hablar de ciertos temas porque me aburren?, es que el mundo tiene la obligación de entretenerme?
    Y cuando hablo y no me escuchan, es porque no les interesan mis palabras?, deberían escucharme por educación?
    Estas preguntas hacen que prefiera decidirme por el silencio aunque esto no me ayude tampoco.
    Me gustaría saber qué hacer, qué decir y cómo no sentirme tan mal, me gustaría disfrutar de esas comidas familiares.
    Mil gracias por todo lo que aportais.

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