Mi problema es demasiado grande para una terapia breve

En casa tenemos un robot aspirador que a veces se atasca. Cuando lo hace, la culpa no la tiene un complicado problema de software que tiene que arreglar un técnico; la culpable suele ser una gomilla de pelo. Mi gata Minerva juega con ellas y se las deja por ahí.

Quitas la gomilla, quitas el problema.

El tamaño de la solución no tiene por qué ser proporcional al problema que resuelve. Es más una cuestión de precisión, como el fontanero del chiste: su mérito no es apretar un tornillo, sino saber qué tornillo apretar.

Lo importante no es que tu problema sea grande o pequeño, sino que te abras a la posibilidad de mirarlo de forma distinta y te comprometas a poner energía en probar a hacer las cosas de manera diferente.

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