La Psicoletter de los Viernes (24.11.2018)

Aquí estoy un viernes día más para contarte en qué ando metida.

Y ya ni me disculpo, porque quiero dar ejemplo desde esta mi Psicoletter de cómo ser compasiva con una misma cuando estás atravesando una época complicada y no logras abarcarlo todo.

Así que, sin más, ¡vamos allá!?

Recuerda que puedes comentar en este post y contar qué estás leyendo, reflexionando, viendo, haciendo o pensando tú.

Lo que estoy leyendo

Hace unos días entré en una librería de Granada y pregunté por Feminismo terapéutico, el último libro de mi amiga María Fornet. A María la conocí gracias a este blog, cuando contactó conmigo para que hiciera de beta lectora de su primera novela. Varios años, una visita a Londres, algún que otro Skype y unos setecientos audio-podcasts de Whatsapp después, puedo decir que es una de las mentes más brillantes y sensatas que pueblan Internet (y la vida real).

La cuestión es que ¡tenían su libro! ¡Al lado del Papa!?

Me entró una emoción. Se me puso la carne de gallina. Fue una de las pocas veces en mi vida que experimenté ?lo que los budistas llaman ?mudita? (alegría por el bien ajeno), en vez de envidia cochina. 

Le hice una foto ante la mirada suspicaz del dueño y lo compré. Y no solo porque salga en los agradecimientos.

 

«Para ti va a ser basiquísimo», me dijo María después, cuando se lo conté. ¿Perdona? Lejos de ser un libro facilón de autoayuda ?masticaíta pal niño?, como decía mi profesor de inglés del colegio, ?Feminismo Terapéutico ?es una mezcla entre ensayo, reflexión personal y propuesta de descubrimiento personal. Muchos de sus contenidos (acción, valores, cómo contarte tu propia historia de forma distinta) te van a sonar si lees este blog, y están envueltos en una prosa fluida y elegante que no es fácil de encontrar en nuestro campo. Si te interesan el feminismo y/o la terapia, te lo recomiendo de corazón.

¡Quiero ser mejor persona!

Yo no soy muy buena persona. Tengo un blog de psicología y tal, pero mis instintos naturales están torcidos: como decía mi compañera de piso hablando de los siete pecados capitales: «Ay, Mari, yo es que los tengo todos». Pero ahora quiero ser mejor persona por Alana. La veo ahí, tan pequeñita e indefensa, y pienso que quiero tratarla bien. No mimarla ni que se convierta en una pequeña tirana, sino tratarla como a una persona: con respeto, con empatía y apoyándola aunque no comparta lo que opina. 

[Por ejemplo, no comparto su opinión de que el mejor momento para hacer caca es en mitad del cambio de pañal. Pero la respeto.]

Creo que ser así con Alana empieza por ser así con el resto del mundo, así que me he propuesto ser menos crítica con los demás: tanto en público como dentro de mi cabeza.

Esto ha llevado a interesantes discusiones en casa, en las que debatimos qué es crítica y qué no (spoiler alert: cuando hablas de otras personas, casi todo es crítica), y que terminan con diálogos como:

?–¿Y a los personajes de ficción se los puede criticar??

–Yo creo que sí, ¡por algún lado tienes que desahogarte!

De momento, estoy poniendo en práctica tres ideas: 

  • La primera es hablar menos en general. Cuando estás con otras personas, esto debería traducirse, idealmente, en escuchar más. No criticas y el otro se siente mejor, porque a la mayoría nos gusta que nos escuchen.
  • La segunda es cambiar de tema cuando veo que la conversación se encamina a la crítica: así no me quedo mirando al otro y asintiendo sin contestar nada, que sería raro.
  • La tercera es no decir nada de alguien que no le diría a la cara, y pretende ser una regla sencilla para identificar lo que es crítica y lo que no.

Son demasiadas ideas a la vez y no sé cuánto me durarán las buenas intenciones, pero entretanto espero conseguir algunos puntos de karma y no reencarnarme en caracol.

App que he recuperado

Por razones que no quiero detallar aquí porque son complejas y deprimentes, y porque lo último que quiero es hablar de ese coñazo horrible que está siendo (para mí) la lactancia en mi blog, estoy dándole temporalmente a Alana mi leche en biberón, en vez de directamente de la fuente tetil. Me tengo que poner la alarma para sacarme leche a medianoche, y después de un par de despertares zombis decidí volver a usar Sleep Cycle: una app que registra la fase de sueño en la que estás y te despierta en el momento más adecuado dentro de la franja horaria que le marcas. 

Antes, Sleep Clycle funcionaba detectando tus movimientos cuando colocabas el móvil en el colchón. Ahora se supone que detecta tus ruidos si lo colocas en la mesilla de noche. A mí me parece muy de ciencia ficción y me pregunto si no se lo estarán inventando. Por otra parte, mis gráficos se ajustan a la realidad: me meto en la cama y cinco minutos después, mi pobre cerebro se precipita hacia el sueño profundo, tratando de recuperarse de la noche anterior.

He notado cierta mejoría en cómo me despierto. Ahora falta encontrar una app que no te haga sentir como una vaca siendo ordeñada cuando te enchufas el sacaleches.

Cita que me ha hecho pensar

The two most engaging powers of an author are to make new things familiar, and familiar things new. 

[Las dos habilidades más cautivadoras de un autor son hacer las cosas nuevas familiares, y las cosas familiares nuevas]

– Samuel Johnson.

¡Hasta el día que me acuerde de escribir la próxima Psicoletter!

Un fuerte abrazo,

PD: Recuerda que puedes comentar el post y contar en qué andas tú.