La Psicoletter de los Viernes (26.10.2018)

Aquí estoy un viernes más para contarte en qué ando metida. La Psicoletter de esta semana es 100% sobre el nacimiento y posparto de Alana; aunque no hay descripciones gores ni fotos de su cabeza coronando, si no te apetece leer sobre el tema, puedes tirar este mail a la basura y reincorporarte la semana que viene.

Recuerda que puedes comentar y contar qué estás reflexionando, leyendo, escribiendo, viendo, haciendo, probando, etc… tú.

¡Sucedió el EP (Evento Potorril)!

Alana nació el doce de octubre por la mañana. El parto fue bastante bueno, teniendo en cuenta que parir es lo peor que me ha pasado en la vida. Sé que muchas mujeres viven la experiencia de una forma muy positiva y lo respeto; en mi caso, sentía que estaba atrapada en un tunel de dolor, a merced de otras personas y sin poder salir. Fue angustioso y no tengo ningunas ganas de repetir, de momento.

[Aclaro que parí en el hospital San Cecilio de Granada y que estoy muy satisfecha con la forma en que me trataron todos los profesionales. Mi problema es con la Madre Naturaleza, no con ellos]

Resumo rápido y sin excesivo detalle: en la madrugada del once, en el momento de poner la cabeza en la almohada para dormir, y a pesar de que solo un pequeño porcentaje de los partos empieza así, rompí aguas. Esperamos un poco a ver cómo evolucionaba el asunto y tratamos de dormir un par de horas, pero yo estaba nerviosa y a las cinco le dije a Pablo que fuéramos al hospital. Resultado: llegué con la bolsa rota y ni una sola contracción ?después de llevar ya casi veinticuatro horas sin dormir?. 

Me indujeron, pero solo un poquito y sin oxitocina, porque enseguida me puse de parto a tope y con un dolor que no quería más que morirme (de hecho, no quería más que la epidural, pero la muerte estaba ahí como una segunda opción muy apetecible). Cuando por fin, ¡por fin! conseguí acceso a la droga, resultó que no me quitaba todo el dolor, solo alrededor de un 60%. Y, creedme, el 40% de un dolor insoportable es un dolor bastante molesto.

Todo progresó bien, pese a todo, y en doce horas desde el inicio de las contracciones, después de cuarenta y ocho despierta, ya estaba Alana en el mundo. El problema es que tardó un poquito en llorar porque traía dos vueltas de cordón y aspiró líquido amniótico, así que se la tuvieron que llevar para reanimarla y ha tenido que estar una semana ingresada. Después de unos días bastante malos de vivir en el hospital y verla todo el día sondada y conectada a cables, nos la trajimos a casa el viernes pasado.

Lo del ingreso suena más preocupante de lo que fue; los pediatras nos han tranquilizado muchísimo y explicado que casi todo lo que le han hecho a Alana después de sus primeros complicadillos cinco minutos de vida ha sido más por cerciorarse de que estaba perfecta que por necesidad. Han descartado cualquier secuela neurológica y nos han dicho que tenemos una niña sana. ¡Viva y bravo!

El momento en sí del nacimiento de Alana, toda morada y luchando por respirar, fue horrible y no ayudó nada a dejarme buen recuerdo de las doce horas previas de contracciones y pujos. Quizá si todo hubiera terminado mejor, la experiencia del parto habría sido más positiva.

De momento, sin embargo, me he recuperado bastante rápido, tanto física como mentalmente, y lo estoy llevando mucho mejor de lo que imaginaba. ¿Serán ya mis superpoderes maternales?

Así va el TP (Temido Posparto)

¡El posparto va bien! Gracias, sobre todo, a:

  • La perspectiva que te da ver a tu hija ingresada: cuando te has pasado una semana manipulando a tu bebé entre cables, rodeada de otros niños llorando y de máquinas pitando, dándole el pecho delante de catorce personas y haciéndote pis todo el rato porque no había baño para los padres dentro de la unidad, estar en tu casa, por mucho que sea con un bebé ultradependiente, te parece una playa de Cancún.
    Además, estoy muy MUY agradecida por que la niña esté bien. En el hospital vimos a muchos bebés prematuros o con problemas graves, y a padres que llevaban allí ?meses?, y eso me ayuda mucho a valorar lo que tengo y no quejarme demasiado.
  • Tuppers y más tuppers de comida congelada: gracias a mi padre, mi madre y la Marina del Pasado, tengo el congelador repleto de comida casera. Eso da mucho consuelo espiritual.
  • Sorprendente recuperación física: me encuentro muy bien, sin heridas ni dolores, y ME ENCANTA no estar embarazada. No echo de menos la panza ni un poco.
  • Soprendente estado de ánimo: tuve un par de días un poco melancólicos, pero en contra de mis previsiones, no estoy deprimida ni me quiero cortar las venas.
  • Alana es (*habla muy bajito para no gafarlo) bastante tranquila. De momento. Sé que esto cambia. Pero mientras dure, eso que nos llevamos para el cuerpo.

Entre eso y el increíble poder de las siestas, no es?toy llevándolo ni la mitad de mal de lo que pensaba. Lo más importante es que me sigo sintiendo yo. No me están ocurriendo cosas raras como no querer salir a la calle o pasar de Pablo. Soy yo, pero con una hija, y eso me hace sentir que puedo con ello.

¿Qué estoy aprendiendo de esta experiencia?

  • La información es poder. Todo lo que he estado leyendo sobre parto, posparto, lactancia, etc., me está sirviendo mucho. ¡Gracias, Marina del Pasado! Gracias también a todos los lectores (sobre todo lectoras) que me contaron sus experiencias y me dieron consejos para esta época.
  • Al mismo tiempo, no puedes preverlo todo. Yo estaba preparada para un desaguisado potorril, pero no para que ingresaran a la nena.
  • La suerte es un factor importante. Con treinta puntos en salva sea la parte lo vería todo de otra forma, seguro.
  • Hay mucho que disfrutar en esta etapa: sentarse con la bebé acurrucada encima, el olor de sus pelitos tiesos, su cara de concentración para ejecutar funciones básicas del cuerpo humano…  
  • Todo va a seguir cambiando. Lo curioso de estar en el hospital es que llega un punto en el que te adaptas a esa rutina y el cambio te desconcierta. Cuando nos adaptemos a Alana recién nacida, llegará la siguiente etapa y vendrán nuevos retos.
  • La importancia del amor y del humor: o de no gritarle a Pablo aunque no haya dormido y de reírte cuando Alana se caga a propulsión mientras le cambias el pañal o te vomita encima como la niña del exorcista.

¡Eso es todo! Bueno, casi todo. Podría escribir un montón sobre toda esta experiencia, pero no quiero aburrirte. A partir de la semana que viene, si todo sigue tranquilo, volvemos a la Psicoletter normal. Y los que creéis que no voy a tener tiempo para leer y/o ver pelis es porque no estáis familiarizados con esa palabra que empieza por lac y termina por tancia (AKA: millones de horas muertas en las que mirar fascinada a Alana a veces me apetece y a veces no).

Terminamos con una foto de familia, menos las gatitas (estamos trabajando en que se queden quietas para conseguirlo):

 

¡Hasta el viernes que viene!

Un fuerte abrazo,

PD: Si quieres, deja un comentario: los leo todos y los agradezco con el alma.