La cruda realidad sobre el futuro de tus sueños
(parte 3 de 6)

No tienes que resolver ningún trauma de tu pasado para entender por qué tus buenos propósitos se quedan en nada.


Un manifiesto de Psicosupervivencia

Hace un par de años empecé a interesarme por levantar pesas. Me fascinaba el concepto. Las imágenes, la fuerza. Los resultados que prometía.

Hoy, de repente, mientras estaba en el gimnasio y apuntaba en mi libreta de entrenamiento, me he dado cuenta de la diferencia entre la imagen que yo tenía en mi cabeza…

Y la realidad:

Sí, lo confieso, mi cuaderno está en Spanglish.

Esta es la realidad de un entrenamiento de fuerza. Repeticiones, y sets, y anotaciones temblorosas porque aún estás sin respiración, y manchurrones del día que se te derramó la botella de agua.


(No, no es sudor. No entreno tan duro)

La acción es incómoda. Monótona. Genera incertidumbre, pereza y miedo.


Ese es el problema. Por eso no actúas y te estancas en planear, imaginar y aprender.

Porque es mucho más fácil.

En serio. No hay más secreto que ese.


No tienes que resolver ningún trauma de tu pasado, ni descubrir una razón oculta, ni conocer tu número del eneagrama, para entender por qué tus buenos propósitos se quedan en nada.

La única, exclusiva e insultantemente simple razón es que no actuar es más fácil que actuar y tú estás eligiendo lo fácil.

Y ¡ay! Esto duele.


De ahí las excusas que parecen razones. A ninguno nos gusta admitir que estamos evitando lo difícil. Es mucho mejor decirnos que ahora no es el momento para X porque Y.

Además, lo fácil (no actuar) no parece tan fácil…

Cuando no actúas en dirección a lo que es importante para ti, sufres (créeme: ese sufrimiento es, por desgracia, el que me da de comer).

Sufres porque te preocupa hacia dónde vas a ir si ni tú ni ninguno de tus yo del futuro empieza a hacer lo que quieres hacer.

Sobre todo (y esto es lo que más coraje me da, como decimos en Andalucía), sufres porque ves un potencial enorme dentro de ti y de la vida, montones de posibilidades, un mundo de oportunidades… y tú estás ahí, en la grada, mirando.

Y aun así…. Este sufrimiento que tienes ahora, quedarte en él… es más fácil que pasar a la acción.

Si fuera más fácil actuar que no hacerlo, actuarías.

Porque, como decía mi profesora de lengua de primaria: «somos la ley del mínimo esfuerzo».

Así que para pasar a la acción, tienes que escoger el camino difícil. Es tan simple como eso

¿Estás aplicando la solución incorrecta?

Yo no soy la primera que se ha dado cuenta de que actuar es difícil. Muchos otros antes que yo se han percatado de que genera pereza, incertidumbre y miedo.

Así que han puesto en marcha la solución más intuitiva.

«Vamos a eliminar, o al menos a disminuir, la incertidumbre, la pereza y el miedo».


Así que la incertidumbre trata de reemplazarse por certeza:

  • «Sigue mi sistema al detalle y conseguirás X resultados».
  • «Si yo he podido, tú también puedes».
  • «¿Qué es lo peor que podría pasar?»

La pereza, por motivación:

  • Historias inspiradoras.
  • Frases de ánimo (TE ESTOY MIRANDO A TI, MR. WONDERFUL).
  • Fotos motivantes.

El miedo, por confianza:

  • Visualizaciones.
  • Salir de tu zona de confort (a ver si con el tiempo TODO es zona de confort).
  • Afirmaciones positivas («¡yo puedo! ¡Soy capaz de todo!»).

¿Es Annette Bening en American Beauty una referencia viejuna? ¿SOY VIEJUNA?

Aun así, sigues sin actuar.


Te da un subidón de motivación al acabar el libro, el taller o la consulta, pero en el momento de la verdad, te quedas en el sofá.

¿Por qué? ¿Es porque esas técnicas no funcionan?

¿Son todos los gurús unos estafadores menos Marina, que es estupenda?

Estamos la Virgen de Lourdes y yo ahí mano a mano

Por supuesto que no. La (mayoría de la) gente trabaja en esto con honestidad y buena voluntad, y las técnicas funcionan. Te quitan la incertidumbre, la pereza y el miedo… en parte.

Por un momento o, con suerte, durante un rato más largo.

No para siempre.

Hacer cosas que merecen la pena, correr riesgos y exponerte siempre es difícil. No importa lo «fácil» que te lo pongan.

Una amiga se ha ido hace poco a un retiro con un gurú del marketing. Lleva un año trabajando con él. Ha pagado un pastizal.

Aun así, me dijo que hubo un momento en que no se atrevió a hablar en público en el retiro porque aún no se siente preparada.


(Ahora no es el momento para X porque Y)

Mi amiga es una máquina de actuar, en serio, y aun así, algunas cosas siguen siendo difíciles para ella.

Yo muchos días me arrastro al gimnasio pensando en lo bonito que sería quedarme en casa viendo Jane the Virgin y comiendo sushi del Mercadona.

Se hace más fácil con el tiempo. Con la experiencia. Pero siempre cuesta.

Y, sobre todo, cuesta… porque cuando algo se hace fácil, buscamos crecer y expandir nuestras experiencias con un desafío mayor.

Y vuelve a hacerse difícil.

Y así.

Así que no, lector-barrita-a: tratar de eliminar la incertidumbre, la pereza y el miedo no es la solución

Pero el verdadero problema… ¡¡es que tú esto ya lo sabes!!

Si piensas que no te estoy diciendo nada nuevo, dale a «continuar»... porque eso también es parte del problema.

(Y si te estoy diciendo cosas que no sabías, ¡aún mas motivo para que sigas leyendo!)

Ideas clave de la tercera parte:

  • 1. La información y la inspiración son más sexys que la acción.
    2. No actuar es mas difícil que actuar...
    3. ... y por eso no actúas. No le des más vueltas.
  • 4. La solución más intuitiva es quitar la incertidumbre, la pereza y el miedo.
  • 5. Esto funciona... pero solo un rato.
  • 6. Actuar siempre es difícil... 
  • 7. ...¡pero tu eso ya lo sabes, y ahí está el problema!

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