Por qué no puedes cambiar o cómo hacerte amigo de tu gemelo malvado

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 Foto de DerrickT

“El que nace león, muere cochino”, dice siempre mi padre. La gente no cambia; si cambia, es a peor. ¿Te has preguntado alguna vez por qué cambiar resulta tan difícil? ¿Por qué si sé perfectamente lo que tengo que hacer (dejar de fumar, perder peso, preocuparme menos por las cosas, salir más) me resulta tan difícil hacerlo?

El problema no es el qué, sino el cómo. Todavía no he conocido a ningún paciente que no sepa perfectamente lo que quiere; lo que no tiene claro es cómo apañarse para conseguirlo. Un psicólogo debería ser como el empleado de una agencia de viajes: tú le dices el destino y él convierte tu deseo en un conjunto de pasos realizables.

Cambiar es posible. Créeme. Si no pensara que la gente puede cambiar, me dedicaría a otra cosa. El problema es que conseguir cambios permanentes y consistentes resulta complicado. Pero bueno: ¿qué otra cosa mejor que hacer tenemos sobre la tierra? No hay un viaje que merezca más la pena que convertirnos en la persona en la que queremos ser. Es el único viaje posible.

El cambio en psicología, sin embargo, tiene sus particularidades. Siguiendo con el ejemplo de antes: imagina que vas a la agencia de viajes. Te sientas en el mostrador, hablas con la chica que te atiende y le dices que quieres irte a Boulder, Colorado. Esperas que ella enseguida te busque los billetes a Denver, la conexión con Boulder, el alojamiento y a un buen guía que te lleve a escalar en las Rocky Mountains.

En lugar de eso, la chica aparta los dedos del teclado, te mira fijamente y te pregunta:
– ¿Está usted segura, segura de que quiere viajar a Boulder, Colorado?
– Pues claro que lo estoy, – contestas tú -. Llevo meses soñando con ir. Cuando esté allí, mi vida va a ser estupenda.
– Piénselo bien – insiste -. ¿Qué va a pasar cuando llegue a Boulder? ¿Quién va a cuidar de sus casa? ¿Quién le va a regar las plantas? ¿Y si resulta que en Boulder se lesiona usted escalando y su vida no vuelve a ser la misma?

Tú te rascas la cabeza. Nunca lo habías pensado de esta manera.

Un buen psicólogo debería prever las consecuencias del cambio. Mientras más difícil parezca éste, mientras más veces se haya intentado sin éxito, más atención tenemos que prestar a esa pregunta. ¿Seguro, seguro que quieres ir a Boulder? ¿Seguro, seguro que quieres cambiar?

La última vez que hablé de la Resistencia al Cambio en la newsletter, sugerí a los lectores que se la imaginaran como un gemelo malvado, o como un antihéroe maligno. Luego Cristina, una buena amiga y gran psicóloga, me dijo que la Resistencia no tiene que ser malvada. Que puede ser una invitada pesada que se empeña en quedarse con nosotros, y que le tendremos que hacer una habitación apartada para que moleste lo menos posible.

Cristina tiene razón: la Resistencia al Cambio o RC no es mala. Es, de hecho, demasiado buena; tan buena que nos quiere tener a salvo de todo mal. Sabe que lo nuevo implica riesgo, y que salirnos del caminito que hemos seguido hasta ahora con tanta aplicación puede tener consecuencias inesperadas. La tristeza, la ansiedad, la autocompasión y la rabia no nos gustan, pero las conocemos. Son un terreno explorado. ¿Qué va a pasar con nosotros si empezamos a comportarnos de una forma totalmente distinta? ¿A qué nuevos retos tendremos que enfrentarnos?

La RC es tan buena que no sólo se preocupa por nosotros. Piensa en los que nos rodean. No existimos como seres aislados: cumplimos funciones en nuestro entorno y en los sistemas a los que pertenecemos. Dice Jay Haley en Terapia para resolver problemas que “por destructiva que sea una acción, se realiza con el fin básico de proteger al otro. Lo que ocasiona problemas es la benevolencia de la gente, no su maldad”. El niño que se porta mal es malo, pero ¿y si resulta que se está portando así de mal para que sus padres se fijen en él, y no en lo poco que se soportan? La mujer con ataques de ansiedad es un coñazo, pero ¿y si sus ataques de ansiedad son su forma de mantener a su marido en casa y evitar que trabaje demasiado?

Pensar la realidad de esta forma es complicado al principio. Es como ponerse una gafas nuevas: se marea uno un poco. Pero después no puedes vivir sin las gafas. No puedes sacar a los otros de tu manera de entender el mundo. Los dos niveles de análisis son necesarios: qué va a pasar en tu vida si cambias y qué va a pasar en la de los demás.

Piensa en algún cambio que hayas intentado lograr en tu vida una y otra vez sin conseguirlo. Ahora escribe una lista de desventajas y ventajas de alcanzar el objetivo que te has propuesto. Sé creativo y atrévete a explorar todas las posibilidades.

Si no se te ocurren desventajas, aquí hay una lista de preguntas sobre las que puedes reflexionar:

¿De verdad quiero cambiar? ¿De verdad, de verdad quiero cambiar?

¿En qué voy a pensar cuando desaparezca mi problema? ¿Qué otros asuntos me están esperando después?
¿Cómo conseguiré las sensaciones agradables que consigo ahora con mi problema? ¿Cómo evitaré las desagradables?

¿Quién puede sentirse decepcionado si cambio? ¿Cómo se sentirá mi pareja si me ve más feliz? ¿Cómo se sentirán mis padres? ¿Les sentará bien que me vaya mejor que a ellos en la vida?

¿Qué voy a perder si cambio? ¿Qué estoy ganando ahora con mi problema?

Imagina que quieres perder diez kilos. ¿Descubrirás entonces que eres capaz de atraer a alguien más atractivo que tu pareja actual? ¿Se pondrá él celoso? ¿Te quedarás sin tema de conversación con las amigas-eternamente-a-dieta del curro? ¿Tendrás que buscar otras razones para explicar tus problemas de socialización? ¿Te hará el vacío tu familia, que está formada por gorditos? Piénsalo.

Imagina que te cuesta desengancharte de una relación pasada. ¿Qué supone renunciar para siempre a la posibilidad de un futuro con el otro? ¿Para qué te da permiso olvidarte de él? ¿Cómo será el vacío al que tendrás que enfrentarte cuando sueltes su imagen? ¿Qué va a ocurrir si te das permiso para implicarte con alguien? ¿A qué clase de dolor te arriesgas?

Está bien darnos cuenta de que ni siquiera en nuestro deseado escenario ideal va a ser todo color de rosa. Lo desmitifica y lo hace real. La nueva situación tendrá cosas buenas y malas, pero la habremos elegido y estará de acuerdo con lo que nos importa.

Por último, recuerda que cambiar no quiere decir cambiar al cien por cien. La RC es maja, en el fondo. Es un poco como esas madres que se asustan mucho y nos llaman cien veces al día para preguntarnos si estamos bien: sólo quieren nuestro bienestar. Saber que puedes conservar una parcelita del antiguo tú, o que le puedes construir una habitación a la RC en la casa de tus sueños, te servirá de consuelo cuando te entre el miedo. Puedes perder diez kilos y, aun así, comer demasiado en una cena familiar. Puedes darle menos valor al dinero excepto ese día en que te juntas con tu ex compañera de facultad y te pones tus trapos más caros para que no piense que te va peor que a ella. Nadie vive siempre a la altura de sus expectativas. No podemos ser siempre perfectos y consecuentes. Lo importante es avanzar, sin prisa pero sin pausa, en la dirección que pensamos que nos hará mejores personas.

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9 Responses to Por qué no puedes cambiar o cómo hacerte amigo de tu gemelo malvado

  1. Marta (Galicia) enero 15, 2013 at 8:31 pm #

    Es bonito eso que dice Jay Haley, nunca lo había pensado así. Aunque parece una opinión exageradamente benévola, ¿no?

    Ya entiendo, la RC es esa vocecilla que sabe qué es eso a lo que llaman tu zona de comfort y te siempre te dice… no salgas, insensato! Pero tiene bastante poder de convicción, eso sí 🙂

    Feliz miércoles!

    • KHaL Yeleytr enero 15, 2013 at 9:04 pm #

      Sobre lo de Jay Haley, ¿recuerdas ese dicho autóctono sobre que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones? 😉
      Y sí, la maldita Zona de Confort: justo iba a comentar lo que has dicho… maldita Zona de Confort del Averno.

      La verdad, no creo que la RC sea tan buena como la pintas, Marina; a mí me parece más bien una madre ultraprotectora que, en aras de un supuesto bien para el retoño, lo ahoga e impide que jamás estire las alas y eche a volar. Y, por supuesto, digo esto bien arropado (y atrapado en su calorcito) por ella.

      • Marina enero 15, 2013 at 10:32 pm #

        Lo recuerdo, lo recuerdo, y doy fe.

        Sobre lo de ser o no buena… no quiero decir buena en sus resultados, sino en sus intenciones. Esa madre será un coñazo, pero no puedes decir que sea mala. Y, por otra parte, el hijo también tiene algo que decir ahí, ¿no crees?

        Besitos.

    • Marina enero 15, 2013 at 10:31 pm #

      Si te quieres dedicar a esto y no volverte un cínico, no te queda otro remedio que ser exageradamente benévolo, me temo. Besos y feliz miércoles a ti también 😀

  2. Petit Pois enero 16, 2013 at 10:59 pm #

    Que casualidad, justo hoy venía dándole vueltas a esto y pensando en revisar si tenías ya algo sobre el tema.
    Me gustó tu entrada de como ser ridiculamente amable, bueno me gustan todas, pero esa me llegó más pues ahora estoy en mi cruzada personal en la que quiero simplemente poder ser algo amable, más sociable con la gente; pero me cuesta bastante arrancar. Me cuesta horrores cambiar. Y sé perfectamente que es cuestión de hacerlo, que no es para tanto, que después lo agradeceré, que la espiral puede girar en el otro sentido… y aquí sigo resisistiéndome.
    Muchas felicidades y muchas gracias por este proyecto.
    Una sonrisa. 🙂

    • Marina enero 18, 2013 at 7:19 pm #

      ¡Muchas de nada! Gracias a ti por tu contribución. La resistencia al cambio es un factor importantísimo a la hora de lograr los objetivos que uno se marca, y la mayoría de las veces lo pasamos por alto. Ser sociable también es un tema. Hay que obligarse mucho más de lo que pensamos, sobre todo porque luego la soledad se retroalimenta, y mientras menos se relaciona uno, más difícil le resulta salir del cascarón. Te recomiendo el libro “La habitación vacía”, de Emily White, que habla de los peligros de la soledad y motiva bastante para hacer algo y remediarla.

      Un abrazo grande 🙂

  3. Aliena enero 22, 2013 at 9:29 pm #

    ¡Hola Marina!

    Llevo ya un tiempo siguiéndote y formo parte del grupito de “jipis” que reciben actualizaciones por correo 🙂

    Quería decirte que me encantan tus textos, no sé cómo lo haces pero en casi todo lo que escribes, me “tocas la tecla”. No es fácil escribir bien, pero menos aún, llegar con tus escritos a la gente de verdad, y al menos en mi caso, lo consigues. Así que te animo a seguir como hasta ahora. Lo haces genial, enserio 😉

    Con respecto a esta entrada, lo que más me ha gustado es la forma en que describes a “nuestra querida huésped pesada”, la Resistencia al Cambio, has dado en el clavo.

    Continúo leyéndote, sigue así, un beso!

    • Marina enero 28, 2013 at 8:38 pm #

      ¡Hola, linda! Me había dejado atrás este comentario tan amable 🙂 Gracias por ser una jipi; espero que te compense. Muchísimas gracias por todo lo bonito que dices. Espero seguir dando la talla.

      La Resistencia al Cambio es una petarda, pero no nos va a quedar más remedio que encontrar la manera de sobrellevarla. Todo mi ánimo y un besote.

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