Casi estás (y una historia bizarra con moraleja)

Cuando tenía veinte años, escribía un blog personal de estos muy cutres con historias sobre mi vida.

Un día llegué a casa y me encontré un comentario de un chico que firmaba como Truhán (bueno, no, usaba otro nombre, pero tengo que proteger su privacidad internáutica).

Truhán también tenía un blog y me dejó su enlace. Era verano y me aburría. Leía su blog, le escribí un mail y empezamos a chatear por Messenger (¿te acuerdas de Messenger?).

En su foto de perfil parecía guapo. Resultó que no solo vivíamos en la misma ciudad (Málaga), sino que estudiábamos en la misma ciudad (Granada).

Claramente, Truhán tonteaba conmigo, así que le sugerí que quedáramos en septiembre, cuando los dos estuviéramos en Granada.

Él me daba largas. Al mismo tiempo, seguía tonteando conmigo.

Cuando llegué a Granada en septiembre, Truhán me dijo que nos encontraríamos «si querían las esquinas de la ciudad».

Yo pensé que vaya rollo que tenía y que por qué no quedábamos y punto. La ciudad era muy grande.

Entonces, un día, cuando estaba caminando por la calle junto a la facultad de Políticas…

… le vi.

Las esquinas de la ciudad nos habían juntado.

Iba montado en una bicicleta y se acercaba despacio hacia mí, pedaleando cuesta arriba. Era moreno y muy guapo.

Y si quieres saber lo que pasó…

… ¡Ve a tu correo y confirma tu mail!

(Te cuento el final de esta historia y la moraleja) (Y te explico qué tiene que ver con la psicología)

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