Por qué he dejado Facebook (y cómo puedes hacerlo tú también)

De todos los artículos que he escrito este es, por alguna razón, el que ha generado más expectación. Desde que comenté que estaba trabajando en él, es raro el día que alguien no me comenta que está deseando leerlo. Así que he llegado a la conclusión de que la gente no necesita un artículo que les convenza para dejar Facebook, porque ya están convencidos: lo usan y se les queda una capa de mugre espiritual que no saben bien como sacudirse. Lo que la gente necesita es a alguien que les diga que van a estar bien si lo hacen. Que no les van a a señalar con el dedo por la calle, que la gente no se va a olvidar de ellos y a encontrarles meses después en su casa, rodeados de basura; que no van a volver súbitamente a la edad de piedra.

Por eso este artículo empieza con una lista de razones de por qué Facebook es diabólico, pero sobre todo pretende ser un testimonio de lo que pasa cuando sales de las redes sociales incluso aunque tu sustento dependa de Internet.

Yo no solo no creo que Facebook sea imprescindible: creo que es claramente pernicioso. Dentro de unos años miraremos atrás y nos daremos cuenta de que la forma en que usamos Internet ahora es el equivalente al tabaco hace treinta o cuarenta años, y que quienes antes sepan salir de los tentáculos de la web en general, y de las redes sociales en particular, tendrán ventajas en el mundo del futuro.

Lo que pasa es que hemos llegado a un punto de locura colectiva en el que parece que las redes sociales son un prerrequisito para la existencia, y salirse de ahí da miedo. A mí me ha costado mucho, por motivos de todo tipo: profesionales, sociales e incluso emocionales. No ha sido hasta darme cuenta de que dejar las redes encajaba en temas más amplios para mí, como la libertad, la compasión o la salud de mi cerebro, que lo he tenido claro; y ahora, como me pasa siempre que tomo una gran decisión, estoy en plena misión evangelizadora.

Por otra parte, tengo un historial de cambiar de opinión en mis grandes decisiones (el vegetarianismo, no querer hijos, la paleodieta, querer ser santa cuando estaba en el colegio) muy épico, así que no me tomes demasiado en serio. Aprovecha mi frenesí de apostolado para plantearte tus valores y tus decisiones, y después haz, por supuesto, lo que te dé la gana.

Estás en venta

Tú no eres el cliente de Facebook. Eres el producto. El cliente de Facebook y, por tanto, donde reside su lealtad última porque si no, no comen, y a todo el mundo le gusta comer, son las empresas. El producto son tu privacidad y tu atención.

Para satisfacer a sus clientes, Facebook necesita:

  1. Que cada vez tengas menos privacidad. Es decir: que cada vez compartas más y más cosas. De ahí la evolución hacia características como emitir en directo, coordinarse con otras redes sociales y de mensajería, como Instagram y WhatsApp, o integrarse con páginas que requieren registro para que, por pereza, hagas clic en «iniciar sesión con Facebook» y les des otra pieza más de información.
  2. Que cada vez les prestes más atención. Facebook pone todo su interés en ser cada vez más y más adictivo: en insertarse en tu vida y en tu negocio de forma que te parezca que no puedes vivir sin él. Se alimenta de notificaciones, de aplicaciones en múltiples dispositivos y entornos; en resumen: de interrumpirte con la mayor frecuencia posible para recordarte que el sitio donde debes estar es ahí, en Facebook.

Algo que me hace desconfiar de Facebook es que no conozco a nadie que sea un apasionado de ello. No es un hobby, no es un interés; nadie te dice orgullosamente que su tiempo libre lo dedica a leer, a viajar y a Facebook.

«Vale —me dirás—, pero es que Facebook es una herramienta para comunicarse». También lo es la escritura, y la fotografía, y leer, y hay apasionados de todo esto. Facebook no te hace sentir inspiración o plenitud. Un día en Facebook no te lleva a meterte en la cama con el corazón repleto y una sonrisa en los labios.

Si lo miras desde la perspectiva de que para ellos eres el producto, es normal que no te inspire ni te apasione. ¿A quién puede apasionarle ser algo que está, literalmente, en venta? Digo literalmente, porque los dueños de negocios literalmente pagan dinero literal para acceder a tu valiosa atención y a tu tiempo. Pagan por poder seleccionarte en función de la información que les has dado voluntariamente y mostrar anuncios en tu muro.

Llaves imperfectas en cerraduras perfectas

Si Facebook tiene el éxito que tiene, es porque está sabiendo satisfacer ciertas necesidades humanas muy importantes: conexión, estimulación, creatividad. El problema es que Facebook es un agonista parcial.

Me explico: nuestras neuronas funcionan con neurotransmisores, que son como llavecitas que se insertan en cerraduras. Un agonista parcial es una sustancia externa que también encaja con la cerradura, pero no a la perfección. El agonista activa el receptor, sí, pero no tanto como lo haría el neurotransmisor original; aun así, a pesar de este acople imperfecto, impide que entre ninguna otra llave en esa cerradura en concreto.

 

Facebook es un sucedáneo que nos da una vida de segunda clase y que impide que entre lo que realmente haría girar nuestras cerraduras.

El misterioso caso del fotógrafo desaparecido

Pablo, que también ha dejado Facebook, me contaba hace algún tiempo cómo ha conocido en Luxemburgo a un fotógrafo que solo publica su trabajo allí. Decía que al principio se sintió triste por no poder «mantener el contacto», pero que después se preguntó si realmente es de esperar que mantengas el contacto para siempre con alguien a quien conoces durante un par de días en un viaje de escalada y a quien probablemente no vas a volver a ver. ¿Es esta la forma natural y lógica de hacer evolucionar nuestras relaciones?

Mientras más quiero a la persona, menos me gusta ver sus actualizaciones en Facebook: en lugar de ser una forma de conectarme con ella, se convierte en un sucedáneo. ¡Yo no quiero ver como mi amiga se va de viaje! ¡Quiero irme de viaje con ella! Quiero que nos sentemos en una terraza al borde del mar a tomar cócteles y cotilleemos sobre la vida.

La única gente a la que me apetece mirar en Facebook son aquellos cuya vida privada no me sería accesible si no fuera porque un día decidieron que coincidir conmigo en el colegio, o en el trabajo, o durante un par de horas en un evento, es suficiente para que sepa sobre sus vidas, sus bodas y sus hijos. Lo peligroso de esto es que me ha creado una falsa sensación de conexión con decenas de personas de las que en realidad no sé nada.

Hace un par de años, me acordé de mi compañera de piso de primero de carrera, que no tiene Facebook. De repente, me entró una nostalgia terrible por sus ensaladas con pepinillos y su acento de Jaén. Así que busqué su correo electrónico y le mandé un mensaje. Tardó meses en contestar, porque era una dirección antigua, y cuando lo hizo intercambiamos varios mails contándonos qué era de nuestras vidas. Sentí que ese pedazo de conexión imperfecta y breve era más real que estar informada en directo de lo que desayuna.

Porque si llevas veinte años sin ver a tus compañeros de carrera y no sabes nada de ellos, ¡es normal! ¡No tenemos derecho a toda la información de todas las personas a las que hemos conocido alguna vez! De hecho, no tenemos capacidad para sostener toda esa información en la cabeza, y hasta Facebook lo sabe y limita la cantidad de actualizaciones que muestra en tu muro. Está bien ser capaz de dejar ir a la gente y de asumir que quizá no vas a volver a ver nunca a ese fotógrafo brasilero tan simpático.

Tengo ganas de saber cómo será la reunión de aniversario de mi colegio: estoy segura de que todo el mundo querrá hablar con los bichos raros que no tengan Facebook, porque nadie sabrá qué habrá sido de ellos hasta que no decidan contarlo, voluntariamente y a su ritmo.

El resto de las conversaciones estarán salpicadas de silencios raros después de intercambios como:

—Pues yo tengo dos hijos.
—Sí, ya lo sé: Carlota y Hugo, ¿verdad? Carlota acaba de irse a la universidad, que por cierto, tiene razón tu prima Pepi, el vestido de graduación le quedaba estupendo. Y enhorabuena porque Hugo haya sido campeón de ajedrez de Andalucía, ¡tienes que estar muy orgullosa!
—… (silencio raro)

Igual tu ideal de relacionarte con otros es el muro de Facebook y, en ese caso, adelante. Yo sé que para mí no lo es. Sé que en mi lecho de muerte no me voy a sentir súper satisfecha porque en 2017 intercambié 35 «me gusta» con mi amiga Carolina, ni voy a pensar «jo, ojalá hubiera publicado en los muros de más gente por su cumpleaños».

[Por cierto: va a ser interesantísimo mi cumpleaños de este año. Voy a hacer un experimento: mi cumpleaños es el diez de mayo. Plantéate si te interesa felicitarme (porque quizá no): si te interesa, busca la forma de acordarte y de hacérmelo saber. Cuando llegue la fecha en sí, cuéntame tu experiencia de felicitarme estilo vintage, y yo contaré aquí la mía.]

Hace un par de semanas fui a la boda de un amigo y compañero de la residencia. Acudieron también muchos ex compañeros de trabajo a los que hacía tiempo que no veía. Una de ellas, a la que llamaremos H., me llevó aparte en un momento de la noche y me explicó, atribulada, que quería hablar conmigo porque habíamos tenido un encontronazo en Facebook hacía un tiempo.

Me dijo que ella había publicado algo y que en ese momento estaba triste y preocupada porque no sabía si iba a encontrar trabajo al terminar la residencia, y que yo le contesté de manera borde. Que le había sentado muy mal, porque estaba sensible, y que quería decírmelo para que pudiéramos limpiar el ambiente.

Hay dos aspectos preocupantes en esta historia.

El primero es que yo no me acordaba. Me sonaba vagamente la «conversación», pero no hubiera podido reproducirla con exactitud ni aunque me hubieran pagado.

El segundo es que yo creo que soy bastante amable en la vida real. Como dijo un compañero del máster después de compartir piso una semana para un curso: «Marina es contundente, pero no es ofensiva». Pero Facebook saca lo peor de mí. Es demasiado fácil componer un mensaje hiriente cuando estás sola en tu casa y soltarlo sin contexto en el ciberespacio.

Imaginad que yo hubiera coincidido con H. en la vida real. Ella me habría contado lo preocupada que estaba, yo habría tratado de ser empática, y si hubiera salido el tema de la conversación, estoy segura de que no habría sido borde con ella. Porque no me gusta el conflicto gratuito y porque para eso nos sirve nuestro cerebro de humanos: para mirar a las caras de la gente y evitar acabar a tortazos con todos y que nos abandone la tribu en mitad del bosque.

Trump puede ganar las elecciones (aunque tu muro diga lo contrario)

Facebook no te informa. O te informa, sí, pero con un sesgo fundamental: tiende a mostrarte la opinión y los enlaces de la gente que ya piensa como tú. Aquí es donde me quejaría también de Twitter, pero Twitter me ha parecido siempre tan sumamente desagradable, nivel dos minutos en Twitter y mi opinión de la raza humana desciende al inframundo, que no tengo suficiente información de cómo funciona para criticarlo.

Informarse en un entorno donde la gente opina como tú no te enriquece: te radicaliza. Esto se llama polarización grupal, y explica por qué esa gente súper informada y súper comprometida se queda en shock absoluto cuando se entera de que Oh My God, hay otros que no piensan como ellos. Es la gente que no entiende el resultado de las elecciones de EEUU. Una cosa es que no te guste y otra cosa es que no lo entiendas, que no lo puedas pensar como posible: y no lo piensas como posible porque hasta ahora tu burbuja filtrada online no te lo mostraba.

Es probable, además, que acceder a toda la información que necesitas para tomar decisiones correctas sobre los temas de actualidad sea imposible. Porque no solo necesitarías los hechos crudos, contados de forma no sesgada y en su totalidad; también te haría falta el suficiente bagaje cultural e intelectual como para saber interpretarlos.

Y, aun así, ¿quién sabe qué está bien y qué está mal? Mi profesor de psicología del pensamiento decía que el número de argumentos a favor y en contra de una posición es virtualmente infinito: que todo debate puede hacerse interminable. El mundo es inmensamente complejo y las consecuencias de nuestros actos son impredecibles.

Esta es una posición poco popular, porque supone admitir que no tienes control sobre lo que te pasa y que ni siquiera puedes saber si lo que eliges hacer cada día está bien. ¿Y si hoy estás comprando quinoa ecológica, porque es sana, y de comercio justo, y sin pesticidas, y mañana sube el precio de la quinoa en su país de origen, y la gente de allí no puede comprarla, y tienen que dejar de alimentarse como llevan haciéndolo durante milenios? ¿Estás siendo una buena persona o una mala persona? Asumir que no tenemos información suficiente supone colocarse en la incertidumbre, y eso es incómodo.

Pero tengo una idea radical para vosotros: ¿y si no necesitáramos más información, sino más compasión? ¿Y si no se tratara de buscar argumentos a favor de una posición o de la otra, sino de encontrar los puntos en común que tienen ambas posiciones, y que son muchos más de los que creemos?

Revolucionario, lo sé.

Por desgracia, la idea de más información = mejores decisiones está insertada a fuego en nuestra cabeza, y es una de las falacias de las que se sirven las redes sociales para tenerte enganchado.

Rayas en el agua

Aquí es donde me pongo nihilista y pienso que si total, si todos vamos a morir y la Tierra va a ser engullida por un agujero negro, qué más da que te pases la vida leyendo a Nietzsche o viendo vídeos de gatitos. ¡Allá cada uno con lo suyo!

La cuestión, sin embargo, es que distintos tipos de entretenimiento se sienten diferente y dejan una huella distinta en nuestro cerebro. Es la hipótesis principal de The Shallows: el libro que terminé hace poco y que me convenció de que tenía que cambiar mis hábitos.

Cuando navegas rápidamente por Internet y, por extensión, cuando repasas tu muro de Facebook a ver si hay algo interesante, le estás diciendo a tu cerebro: «por favor, analiza la mayor cantidad de información posible, de la manera más superficial posible». Esa forma de consumir información impide que tu cerebro pueda almacenarla y procesarla de manera profunda. Es como hacer rayas en el agua, una detrás de otra, una vez y otra vez y otra vez.

Y eso lo cambia todo. Cambia tu relación con el mundo y con la gente; tu capacidad de prestar atención a lo que te pasa; tu foco; tus intereses. Yo he empezado a cambiar mis hábitos online porque me he dado cuenta de que estaba perdiendo la capacidad de leer. A los diez años, me había leído al menos ocho o diez libros de Julio Verne, Ben Hur, todo Sherlock Holmes, Robinson Crusoe. Me faltaba Kurosawa para ser como la Infanta Leonor. ¡Y ahora no puedo pasar del chick-lit! Me cuesta horrores terminar algo que no sea adictivo y que no ofrezca una experiencia de lectura parecida a deslizarse por un tobogán acuático.

Ayer Pablo me comentó algo interesante: ¿qué pasaría si cada día imprimieras lo que aparece en tu muro? ¿Te parecería papel bien empleado? ¿Lo encuadernarías y lo mostrarías, con orgullo, en los estantes de tu salón? Y en el caso de que pienses que sería papel malgastado, ¿por qué das más valor al papel que a la energía y al tiempo de la única vida que vas a tener en este planeta?

¿Quieres que Mark Zuckerberg lleve tu negocio?

Este apartado va a ser cortito porque, francamente, llevar un negocio es duro, y que cada cual se busque las papas como pueda.

Dicho esto, creo que en la inmensa mayoría de los casos, y sobre todo para la gente que empieza con un negocio online, las redes te distraen de las tareas que son realmente importantes.

No te pongas a compartir si todavía no tienes una voz propia y contenidos interesantes. No promuevas tu página de Facebook si no tienes una buena lista de correo. No gastes dinero en anuncios de Facebook si no sabes cuánto rendimiento le estás sacando a ese dinero, ni de qué calidad es ese tráfico, o si no tienes productos para vender. Y, sobre todo, no apoyes el grueso de tu negocio en una empresa externa que podría cambiarte las condiciones el día menos pensado.

La capa de creepiness que recubría mi vida

Creepiness es una palabra para la que no he encontrado una traducción satisfactoria. Es una mezcla entre desagrado, repulsión e incomodidad: lo que te hace sentir el desconocido que te mira fijamente en el autobús. Y es lo que me está haciendo sentir Internet de forma cada vez más frecuente.

Es creepy que esté hablando por Whatsapp con mi amiga Vane de que vi un vino de su bodega en Portland, Oregón, y cuando abro Instagram lo primero que me muestre sea una foto de la bodega de Vane.

Es creepy pasar unos días en casa de mi madre, compartiendo la misma conexión a Internet, y que Youtube me empiece a sugerir los vídeos que está viendo ella.

Es creepy unirme a un grupo de fertilidad natural en Facebook y que me empiecen a salir anuncios de tests de ovulación y embarazo por todas partes.

La realidad se está convirtiendo en algo orwelliano y lo está haciendo con nuestro completo consentimiento. Y el camino para disminuir la creepiness no pasa por aumentar la privacidad, sino por disminuir nuestro tiempo de interacción con los aparatos.

 

Estas son, grosso modo, las principales desventajas que le veo a Facebook, y es lo que tenía en mente cuando, hace ya más de un mes (¡aleluya!) pulsé definitivamente el botoncito de eliminar mi cuenta de Facebook y la de Twitter de Psicosupervivencia. En ese momento, puse Instagram en «tiempo para pensar»: borré la aplicación del móvil y pensé que decidiría si quería o no seguir allí después de un tiempo.

En el proceso de escribir este artículo he borrado del todo mi cuenta de Instagram, y he acabado también con las dos adicionales de Twitter que tenía sueltas por ahí (@marinalunes y @mailterapia). La URL para borrar la cuenta de Instagram está oculta, y tanto Twitter como Facebook te impiden eliminar del todo tus cuentas; en lugar de eso, las desactivan y las reactivan si inicias sesión dentro de un periodo determinado (15 días para Facebook, 30 días para Twitter). Es decir, que si quieres eliminar tus cuentas, necesitarás mantener tu decisión y tu fuerza de voluntad un tiempo después, porque si no todo vuelve a empezar. He ahí otra pincelada de creepiness.

¿Cómo ha sido mi vida desde entonces?

Vaciar la Habitación del Mal

Cuando tomé la decisión de desincrustarme de las redes sociales, me pregunté si serviría para algo, teniendo en cuenta que apenas las usaba. Uno de mis mayores cargos de conciencia en mi vida profesional era que no usaba las redes sociales lo suficiente, por aquello de que es importante para que la gente te vea, y hacerte mundialmente famoso, y tomar cocolocos por ahí.

Así que me ha sorprendido de forma muy agradable el efecto tan positivo que he notado. No me había dado cuenta de la sobrecarga mental que me estaban generando las RRSS, por poco que las utilizara.

En la primera casa que compartimos, Pablo y yo teníamos una «Habitación del Mal»: un cuarto muy pequeño que enseguida llenamos de material de escalada y trastos varios. La Habitación del Mal se podía cerrar, pero tú sabías que detrás de esa puerta había caos y desorden, y eso te iba pesando poco a poco, día tras día. Algo así me pasaba con las redes sociales. Ahora, de repente, es como si en mi cerebro hubiera más silencio y más paz. Como si brillara más el sol. Es muy parecido a hacer un Marie Kondo en tu casa, tirar bolsas de porquería que no estabas utilizando y quedarte solo con aquello que te da alegría y te hace vibrar.

A veces un momento es solo un momento

Ya no me paso la vida pensando en que tengo que compartir lo que hay delante. Recuerdo viajes de escalada en los que me rondaba la cabeza de forma persistente la idea de que debería hacerme una foto impresionante, escalando un desplome brutal, para ponerla en las redes sociales y que la gente supiera que había estado ahí. Porque ¿para qué narices te vas de viaje de escalada, si no puedes presumir de fotos?

Lo peor es que ya no era una decisión consciente, sino una especie de molestia constante. Mi cerebro había vinculado con fuerza determinados estímulos de la realidad (una comida bonita, un día divertido, un momento agradable) con la respuesta «compartir en redes sociales», igual que vincula el estímulo «me pica un pie» con la respuesta «rascarte».

Este es uno de los motivos por los que creo que para obtener todos los beneficios de dejar las redes, hay que dejarlas todas: porque si no, vas a seguir pendiente de cómo compartir lo que estás haciendo para que el mayor número de gente posible vea que vas ganando en el juego de la vida.

Mi intuición me dice que es pernicioso grabar de forma tan profunda en tu cerebro que tus momentos no valen para nada si no se los estás enseñando al mundo. Es como si te pasaran vasos de agua fresquita y rica, y en lugar de beberlos tú los tiraras inmediatamente al mar, porque tienen que estar ahí, mezclados con todo el agua de todo el mundo.

Además, el hecho de haber cimentado ese recorrido neuronal con tanta firmeza estaba bloqueando que pudiera hacer algo distinto, y más interesante, con esos mismos estímulos. Como si el agua fresquita que te pasan también pudiera usarse para regar plantas y árboles, y en lugar de eso yo siguiera tirándola ahí, al mar. Ahora cuando me pasa algo pienso en escribir aquí, o en mi diario; leo un texto bonito y se me ocurre enviárselo a Pablo para que hablemos de él, o quizá escribirlo con rotuladores de colores y colgarlo en mi escritorio para verlo todo el día. Es como si la realidad me perteneciera más.

Lo mas curioso es que esto se daba aunque, insisto, yo apenas usaba las redes sociales. La posibilidad estaba ahí y mi cerebro lo sabía.

Otro efecto curioso que estoy notando son las ganas de compartir algo con personas concretas. Por ejemplo: ayer saqué un vídeo hilarante de mis gatas jugando con una caja de cartón y, como no tengo redes sociales, me pregunté a quién podría hacerle gracia. Se lo mandé a Pablo porque, seamos sinceros, es el único que comparte mi nivel de entusiasmo por nuestras gatas, y estuvimos un montón de rato haciendo bromas sobre que la caja es el centro de entrenamiento ninja de Kalimera.

Hace unos días estaba escuchando a Quique González y pensé que podía gustarle a un amigo americano que se ha instalado en Andalucía y está aprendiendo español, así que le mandé un correo con mis canciones favoritas y un enlace a una lista de Spotify.

Me respondió al día siguiente con esto:

Muchisimas gracias mi amiga! Estamos escuchando a él ahora con una copa de vino, aceitunas, y tu libro. Una noche perfecta. Me gusta su estilo. Me acuerdo es similar de Sabina, quien me encanta. Gracias mucho. 

Hasta pronto!

Releyendo el mail, me parece triste que algo que es perfectamente normal y natural, como recomendarle música a alguien y que ese alguien te lo agradezca y te diga que le ha gustado, tenga de repente para mí el sabor de algo que había olvidado durante mucho tiempo. De algo especial, preciado y un poco vintage. ¿Cómo ha llegado mi vida al punto en que un mail es algo vintage?

Es una de las razones por las que también he quitado los botones de compartir de este blog, aparte de porque la hipocresía de promover algo que yo misma no uso sería demasiado estratosférica: porque si no hay botones, pero lees un post y te apetece que más personas lo conozcan, mi esperanza es que dediques un poco de tiempo extra a pensar en quién se podría beneficiar de él en este punto de su vida, y que alimente una relación real entre vosotros.

Bye bye, bikini girl

La red social que más utilizaba, con diferencia, era Instagram; y para lo que más la usaba, también con diferencia, era para seguir a tías muy fuertes y motivarme cuando iba al gimnasio; lo que comúnmente se llama fitspiration o fitspo. Elegía, en su mayoría, a mujeres empoderadas, que buscaban la fuerza y no la estética, y que se preocupaban por su salud y sus hormonas. Pero, lo admito: también seguía a unas cuantas bikini girls que se hacían un selfie diario para ver cómo iban sus abdominales.

No sé si funcionaba o no, pero en estas últimas semanas sin Instagram he notado algo, y es que soy mucho menos crítica con mi propio cuerpo. Paso menos tiempo en el espejo mirando a ver si mis bíceps han crecido y mi cintura ha menguado. Hasta veo más guapas a las demás chicas del gimnasio. Es como si no tener tan accesibles todas esas imágenes de mujeres perfectas estuviera recableando también esa parte de mi cerebro y creando nuevos estándares de supuesta belleza.

Entrar al quirófano con las uñas limpias

Facebook es como pintarse las uñas antes de una cirugía: resulta peligroso, porque te impide ver el auténtico estado de tus relaciones sociales. Te crea la sensación tranquilizadora de ser parte de la vida de los demás, y a la inversa. Ahora que no lo tengo, puedo ver de verdad cómo está esa parte de mí.

El finde pasado, por ejemplo, no tenía a nadie con quien quedar aquí en Granada: coincidió que toda la gente a la que conozco estaba por ahí u ocupada, y me vi con dos días completos frente a mí en la única compañía de mis gatas. Durante un rato, me puse triste, y aunque no eché de menos Facebook, pude comprender cómo habría resultado un consuelo pasarme un rato revisando mi muro, poniendo «me gusta» y chateando con la gente que está lejos. Pero después decidí que esa tristeza estaba bien, que era coherente con sentirme sola, y que solo si me permitía sentirla de verdad y no acallarla con sucedáneos podría dar los pasos suficientes para mitigarla.

Igual que me surgen de forma más natural las ganas de compartir lo que veo con personas concretas, también me viene la necesidad de relacionarme con gente concreta. No echo de menos «estar conectada»; echo de menos a Elsa, o a Anxo, o a Javi el MIR, y pienso que quiero llamarles un día de estos y ver cómo están.

Estoy observando el proceso con curiosidad para ver hacia dónde me lleva, y confiando en que mi naturaleza humana y mis ganas de conectar harán que dé los pasos necesarios para fortalecer mis relaciones y hacer otras nuevas.

¿He perdido amistades después de dejar Facebook? Antes de irme, recopilé formas de contactar con las personas a las que solo tenía allí, y de momento solo he sentido la necesidad de hablar con una de ellas, a la que conocí hace poco en un viaje a EEUU: le he escrito un mail y tan contenta. No me ha contestado, pero honestamente prefiero que haya leído mi mail, se haya enterado bien de lo que quería decirle y me conteste cuando tenga un rato y si le apetece, a que me ponga un «me gusta» a una actualización de dos líneas y las dos llamemos a eso una amistad.

¿He perdido vida social, en general? Teniendo en cuenta que soy bastante introvertida, ya tengo más posibilidades de vida social de las que necesito. Este fin de semana he quedado con NPP (Non Pablian People, es decir, gente que no son Pablo) viernes, sabado y domingo, y estoy exhausta.

Sí que noto que no es tan fácil interactuar con la gente si no es por las redes. Parece que lo de llamar por teléfono sin avisar por whatsapp y asegurarte de que no estás interrumpiendo algo importantísimo es como muy de 2000, y lo de contestar mails, ya os digo, se ha vuelto vintage. Pero bueno, tengo la enorme esperanza de que haya una ola de rechazo colectivo a las redes sociales e, igual que han vuelto otras modas del pasado, regresen las cartas de papel, las largas conversaciones por teléfono fijo e incluso los «me paso por tu casa y te llamo al fonoporta porque no tengo nada que hacer».

[Nota: fonoporta es una palabra que solo he oído utilizar a mi amiga Elsa y a su familia para referirse al portero electrónico de las casas. Tengo curiosidad: ¿alguien más la usa? Y si no la usáis, ¿no es genial? ¿No deberíamos usarlos todos? Fonoporta. Dilo en voz alta. Se te llena la boca.]

Yo ya no scrolleo

Recuerdo una conversación con mi ex hace diez o doce años, en la que hablábamos de lo nocivo que era ir una y otra vez a los mismos sitios de Internet (normalmente blogs y páginas de noticias) esperando a que apareciera algo nuevo. Por aquel entonces no sabíamos que era el equivalente de quejarse de lo adictivo que es el chocolate y que de repente aparezca la heroína.

Porque los blogs actualizan cada varios días, pero Facebook te proporciona un suministro constante e ininterrumpido de estímulos. En Facebook (y en Twitter, y en Instagram) pasan cosas todo el rato, y el movimiento estrella del lector es hacer scroll: desplazarse hacia abajo en la página en un movimiento que podrías continuar eternamente. No hay nada que señale un posible final de la actividad, y te encuentras perdido, sin referentes temporales ni ganchos que te saquen del pozo sin fondo de tu muro.

Cuando dejé las RRSS, noté que mi cerebro tenía esa necesidad de ir a un sitio donde sabía que iba a tener su chute constante de estímulos novedosos, y me vi visitando blogs y foros para ver si me daban algo parecido. Me preocupó que esa ruta neuronal fuera permanente y no estar eliminando el problema, sino cambiándolo de sitio.

Sin embargo, la necesidad de scroll ha disminuido muchísimo desde que dejé Facebook. Estoy procurando no ir a ninguna web que tenga un suministro constante de estímulos como los de las redes sociales: reviso blogs, pero en el momento en que no hay una actualización nueva, mi mente lo interpreta como una señal para cambiar de actividad, y me resulta más fácil salir del bucle. Eso quiere decir que ya apenas me pasa esto:

También he notado que dejar las redes forma rápido un círculo virtuoso: tengo más capacidad de foco, así que me concentro más, y mientras más me concentro, menor es mi tendencia a distraerme con Internet y, a cambio, más foco obtengo. De esto hablaba también The Shallows: de que mientras más distraído estás, más te distraes, y a la inversa.

Ahora estoy viviendo la agradable experiencia de decidir deliberadamente qué contenido consumo, en vez de hacer clic en sugerencias de otros. Por ejemplo, he buscado cómics de Sarah Andersen (la ilustradora de arriba) y me he pasado un rato leyéndolo y partiéndome de risa. No es exactamente leer a Proust, pero es un progreso.

Escribiendo sobre el scroll, por cierto, me he dado cuenta de que quizá por eso Instagram cambió hace poco la forma de mostrar actualizaciones. Antes, cuando te las enseñaba cronológicamente, había un punto en el que empezaban a cargar fotos que ya habías visto antes y podías parar. Ahora las mezcla, supuestamente en función de tus preferencias, pero eso alarga muchísimo el scroll, porque nunca puedes estar segura de haber visto todo lo que se ha publicado recientemente. Esto añade un punto más al factor de creepiness y de “vamos a hacer esto cada vez más adictivo” y me confirma que he hecho bien quitándome de en medio.

Y resulta que me gustaba escribir, después de todo…

¿Has notado que desde que dejé Facebook escribo más aquí? Escribir me gusta mucho y no me cuesta demasiado trabajo; el problema es que a causa de las ideas sobre marketing que tenía grabadas a fuego en mi cabeza, no podía publicar un artículo sin «optimizarlo» para las redes, es decir: sin pensar en un título increíblemente sugerente, crear una imagen para compartir, meter unos cuantos «tuitea esto», asegurarme de que Facebook capturaba bien el resumen del artículo y mostraba la foto que yo quería, y mil millones de detalles molestos más.

Cada vez que terminaba un artículo, me esperaba un montón de rato con esas tareas aburridas, que actuaban como «tapón» entre un post y otro y me quitaban tiempo de escritura real. ¿Y todo para qué? Para que mis artículos se mostraran delante de gente en modo consumir-información-muy-rápido, que probablemente no les iba a echar más que un vistazo rápido antes de abrir la siguiente pestaña de su navegador.

Ahora que he decidido minimizar las tareas aburridas en mi negocio y centrarme en escribir, escribo más y publico más. Publicar ya no es una puñetera pesadilla que incluye mil plugins, diseñar imágenes, etc. etc. Ahora escribo, formateo un poco, posteo y me queda energía para mantener conversaciones interesantes en los comentarios. Y soy mucho más feliz.

¿Se ha resentido mi negocio con esto de dejar Facebook? Pues en mi caso no, porque apenas usaba redes sociales para promocionarme. Siguen llegándome los mismos suscriptores al día y los mismos clientes a la consulta. Y yo soy más feliz, y quiero creer que vosotros también, porque hay más artículos que leer y no desaparezco durante semanas como hacía antes.

[Este artículo, concretamente, es una excepción, porque es cierto que sí que he desaparecido semanas hasta tenerlo listo. Pero llevo más de ocho mil palabras, así que el retraso solo se debe a mi interés por traerte algo con la suficiente consistencia.]

Te pierdes lo que sabes que te pierdes

Uno de los elementos que me mantenía en Facebook era el FOMO, o Fear Of Missing Out (“Miedo a perderse cosas”). Estar fuera significa no enterarse de cómo era el vestido de boda de tu amiga Marta o perderse esa discusión súper interesante en el grupo de «Amigos de los pájaros» en el que te has metido.

Sin embargo, desde que estoy fuera, el FOMO ha disminuido. Mi teoría es que cada vez que entras a Facebook, recibes una cantidad brutal de estímulos y es imposible que los asimiles todos: no puedes leer todas las discusiones de los grupos a los que perteneces, ni seguir todos los enlaces, ni interactuar en todos los comentarios. Así que tu cerebro sabe que hay temas interesantes y no estás participando en ellos, y eso, de hecho, empeora el FOMO en lugar de mejorarlo.

Se me ocurre, además, que quizá el FOMO no tenga tanto que ver con la cantidad de estímulos a los que prestas atención, sino con la calidad de la atención que dedicas a cada uno; que sea una señal de que tu cerebro esta disperso y sigue registrando a un nivel inconsciente un montón de señales periféricas, en lugar de sumergirse en algo concreto y silenciar esas señales.

Es decir: que si estoy muy ocupada escribiendo, no tengo espacio para pensar en lo que no puedo hacer y no experimento FOMO.

Pero esto, de nuevo, son teorías pseudocientíficas que me estoy inventando sobre la marcha. Lo que sí sé es que la angustia de no poder hacerlo todo a la vez ya no me consume tanto.

¡Eh, mira mi hamburguesa!

He aquí una lista de comportamientos pseudo-psicopáticos o autodestructivos a los que me han conducido Facebook, Twitter e Instagram y que ahora no hago:

  • Poner fotos de mí misma toda guapa y feliz pensando en dar celos a un ex.
  • Mirar fotos de otra gente y pensar en lo bien que les va a ellos y lo mal que me va a mí.
  • Cotillear las publicaciones abiertas del mencionado ex.
  • Buscar en Facebook a una persona a la que acabo de conocer en el mundo real para enterarme de más cosas de él o ella sin que me las cuente.
  • Cotillear cuentas de amigos de mis amigos a los que nunca voy a conocer, o de gente de grupos a los que pertenezco, por mecanismos intrincados y extraños de mi cerebro.
  • Discutir acaloradamente con desconocidos.
  • Discutir acaloradamente con conocidos.
  • Tener largas conversaciones con gente que vive en mi ciudad y con la que no me molesto en quedar en la vida real para tomar un café.
  • Mirar mis fotos antiguas y pensar en que el tiempo pasa y yo envejezco y algún día estaré muerta.
  • Leer tuits de gente contraria a mí en ideología y cabrearme un montón.
  • Leer tuits de gente de ideología similar a la mía y cabrearme un montón.
  • Mencionar a alguien famoso (o, lo que es peor, famoso en twitter) y pasarme días comprobando mis notificaciones, a ver si me responde.
  • Mirar todas las fotos antiguas de chicas guapas, a ver si alguna muestra que no es jodidamente perfecta y que yo no debería quemarme la cara con ácido porque total, para la que tengo, el resultado va a ser prácticamente el mismo.
  • Cotillear el muro de un potencial interés amoroso y publicar enlaces o frases que pienso que le podrían gustar, basándome en sus «me gusta».

Voy a parar aquí, porque me está dando un poco de vergüenza a pesar de que mi instinto de conservación desaparece mientras escribo. Yo no sé si yo soy particularmente rara o mi mente está muy desviada, pero mi intuición me dice que igual que cuando estás en un grupo grande tu comportamiento se ve afectado por la masa, cuando interactúas en las redes también te afecta ese entorno tan antinatural. La ¿prueba? es que me han surgido unas ganas súbitas de irme a espiar a gente sin su consentimiento, ni he empezado a discutir sobre política con el camarero del bar.

Si las redes sociales sucedieran en persona

Te quiero, cerebro

Mi intención principal al dejar las redes sociales no era tener un montón de amigos reales con los que irnos a la montaña sin wifi y jugar a las cartas junto al fuego. Lo que yo quería era recuperar mi cerebro.

El cerebro es donde ocurre todo. Si te cargas tu cerebro, te cargas tu vida, porque de su capacidad para concentrarse, relajarse y alternar entre estímulos de forma sensata depende cómo te vas a sentir tú.

Si me pasaba un rato en Facebook, después me sentía mal. Estaba atontada, empantallada, con náuseas. En el resto de mi vida notaba un espesor mental permanente, que atribuía al cansancio o al trabajo, pero que ahora sé que estaba causado porque mi cerebro recibía montones de información que no le daba tiempo a digerir.

Esto tenía consecuencias en mis relaciones sociales, mi trabajo, mi creatividad y mi capacidad para ser una humana crítica, compasiva y consciente. Lo vi claro y dejé Facebook con un convencimiento absoluto. Lo sigo viendo claro, y cada vez más; yo ya no hago previsiones sobre mí misma a largo plazo, y es posible que en algún momento vuelva a las RRSS y me tenga que comer mis palabras con papas. Pero mientras me dure esta luna de miel con mis propias neuronas, pienso disfrutarlas.

Ahora tú

¿Qué puedes hacer, después de haber leído todo esto?

La respuesta corta es: deja Facebook y deja tus redes sociales. No se me ocurren más que ventajas para que lo hagas. Además, estoy convencida de que esto es como fumar o dejar el alcohol: que las mayores ventajas se obtienen cuando te quitas del todo. Si lo usas, pero poquito, estás tratando de mantener tus piernas en dos caballos a la vez, que representan maneras muy distintas de entenderte a ti y a lo que es ser una persona; cuando dejas ir a uno de los caballos del todo, puedes centrarte en agarrar las riendas del que te queda y ver a dónde puede llevarte.

De hecho, he estado tentada de borrar esta sección porque no quería darte salidas fáciles al problema que reemplacen lo que podría tener un beneficio mayor para ti y tu existencia, que es dejarlo del todo. Pero la Marina de hace cinco años no habría sido capaz de dejarlo del todo y, sin embargo, desde entonces he empezado a dar pasitos que han hecho que la transición sea indolora; sería hipócrita no recomendarte esos pasitos a ti.

Así que te propongo estrategias para que disminuyas el poder que las redes sociales tienen sobre tu vida.

Trozos de vida

Si la idea de quedarte sin redes sociales de un día para otro te llena de angustia, empieza a eliminarlas de áreas cada vez más amplias de tu vida. Por ejemplo, puedes “limpiar” tu teléfono: borra las aplicaciones prescindibles (Facebook, Twitter, Instagram, etc.) y desactiva las notificaciones de las que no puedes usar en el navegador, como WhatsApp.

También puedes hacerlo por tiempo. Yo ahora meto mi móvil en una caja (casi) todas las noches, con un post-it encima que pone: «Acción, no reacción». Mi idea es no mirarlo hasta que no he terminado mi tiempo de escritura matutino. Además, Pablo y yo hemos acordado probar a dejar un día de la semana sin pantallas para desintoxicar nuestro cerebro de Internet en general.

Hay quien recomienda irse de Facebook durante un periodo y después valorar si quieres volver y en qué medida, pero yo creo que es mejor crear espacios libres de RRSS de forma permanente (varias horas al día, o un día a la semana) que dejarlas dos meses y después usarlas de nuevo. Sin nuevas rutinas que amortigüen el efecto adictivo de estas aplicaciones, es demasiado fácil volver a los hábitos que tenías antes de tu descanso.

La chica tímida de la esquina de la fiesta

Mis períodos de mayor adicción a Facebook han sido aquellos en los que más intervenía yo: porque estaba colgando fotos a muerte para mostrarle a mi ex que mi vida era estupenda, o porque había empezado a participar en todas las discusiones de un grupo sobre comida paleo. Intervenir en las redes multiplica la adicción, porque los estímulos personalizados que genera («me gusta» y comentarios dirigidos a ti) son muchísimo más placenteros.

Comprométete a no publicar nada en un mes, ni darle a «me gusta», ni comentar nada de nadie, pero date permiso para continuar mirando tus redes; la influencia que tienen sobre ti disminuirá y si quieres cortar el cordón, estarás en una posición más ventajosa para hacerlo.

Hay más peces en el mar

Estar en Facebook no nos hace idiotas. Solo significa que tenemos ciertas necesidades y que una empresa muy inteligente las utiliza para sus propios fines. Respétate a ti y a esas necesidades, y encuentra una forma distinta de satisfacerlas.

Empieza por hacer una lista. En mi caso, lo que yo necesitaba y Facebook solucionaba parcialmente era:

  • Conexión humana.
  • Estimulación intelectual.
  • Información.
  • Creatividad.
  • Sentimiento de pertenencia.
  • Un medio de difusión para mis ideas.

¿Cómo puedo satisfacer todo eso sin redes sociales?

  • Conexión humana: puedo llamar a amigos por teléfono, quedar con ellos en persona, apuntarme a quedadas presenciales sobre algún tema, charlar con el camarero del bar o con la frutera de mi barrio, escribir aquí, escribir mails y cartas, quedar para hacer Skype con los que están lejos, pasar un fin de semana en Cádiz y ver a los compañeros de la residencia que viven allí.
  • Estimulación intelectual: puedo leer, escribir, tocar el piano, irme a dar vueltas por la biblioteca o por una librería, leer blogs, ver documentales, ver películas, aprender a leer música, hacer sudokus, aprender a resolver más rápido el cubo de Rubik, mejorar en el lettering.
  • Información: puedo leer periódicos, suscribirme a revistas, leer ensayos, preguntar a gente que sepa de distintos temas, escribir sobre lo que me interesa y utilizarlo como excusa, leer artículos, hacer entrevistas a gente diciendo que es para mi próximo libro, charlar con personas cuya opinión respeto.
  • Creatividad: puedo escribir mi novela, dibujar cómics de calidad dudosa, desenterrar mi réflex y salir a hacer fotos, publicar en este blog, filmar un documental casero, grabar monólogos y subirlos a Youtube.
  • Sentimiento de pertenencia: puedo hacerme de un partido político, de una asociación, ¡de una secta! Puedo crear un grupo sobre algo que me interese y reunirme semanalmente con ellos. Puedo intercambiar mails con gente del extranjero que comparta alguna afición. Puedo asistir a congresos o a encuentros internacionales.
  • Un medio de difusión para mis ideas: tengo este blog. Puedo mandar mails colectivos a todas las personas de mi libreta de direcciones, como hacía a principios de siglo, puedo subirme a un banco y gritar como una loca, tengo Youtube, mi lisa de correo, puedo publicar libros en Amazon, crear una mini-revista y repartirla por los bares de Granada, meter mensajes en botellas y tirarlos al mar.

Etc.

Cuando tengas tu lista, empieza a dedicar más tiempo a una de las actividades que has apuntado. Después a otra. Después a otra, y así hasta que te des cuenta de la gigantesca pérdida de tiempo que son las redes sociales.

La bella violinista noruega

Uno de los ejercicios que más utilizo en consulta es preguntar: “¿qué pasa en tu vida si sigues haciendo esto durante diez años? ¿Y si lo cambias?”.

Quizá creas que no tiene mucha repercusión pasar una hora al día en Facebook; total, qué más da. Pero, ¿qué pasa si lo haces durante diez años? ¿Y si pones en marcha durante diez años alguna de las ideas que te he mencionado antes? ¿Y si escribes, o lees, o tocas el piano, o tomas un café con alguien en persona, o paseas, o haces pesas, durante una hora, los próximos diez años? ¿Dónde vas a estar?

Hay un vídeo en Youtube que me encanta, de una chica noruega que empezó a tocar el violín a los veintiséis y fue filmando sus progresos durante los dos primeros años. Tiene más de siete millones visitas, e imagino que no todas están ahí porque la chica parece sacada de un videojuego de fantasía. Más adelante, hizo un vídeo explicando cómo había practicado: solo dio ocho clases, siguió tutoriales de Youtube y tocaba cuando se le antojaba, entre diez minutos y dos horas al día.

Es increíble lo que puedes hacer con tu vida si dedicas un poco de tiempo, día tras día, mes tras mes y año tras año. Después de dos años mirando Facebook no tienes nada. Nadie querría ver tus vídeos en Youtube, con la mirada perdida en la pantalla, scrolleando hasta que te duelen las córneas. Pero después de dos años tocando el violín tienes algo que es tuyo, una habilidad, una experiencia, algo que te importa y que los demás querrían porque todos compartimos el interés por mejorar en algo tangible. De ahí es donde viene la autoestima de verdad: de hacer lo que te genera una buena opinión de ti misma, de implicarte día tras día en algo que importa.

Eso es lo que te están robando las redes sociales. Recupéralo.

Observa también si notas en tu propio cerebro, en tu capacidad atencional, el deterioro del que te he hablado antes. Cada vez que usas las redes sociales, tus neuronas cambian para desempeñar mejor la tarea de prestar atención a… las redes sociales. ¿Quieres entrenarlas para eso durante diez años más?

¿Qué es más importante que la pasta de dientes?

El argumento con más peso en mi batalla anti-Facebook particular es que creo que lo que nos estamos jugando aquí es mucho más que si pasas tu tiempo entreteniéndote de una u otra forma. Creo que nos estamos jugando preservar lo que nos hace humanos: nuestra capacidad de concentrarnos en algo durante mucho tiempo, nuestra empatía, nuestras conexiones con otros.

Este verano vi en el World Domination Summit la charla de Scott Harrison: el CEO de una ONG que se dedica a tratar de solucionar el problema del agua en los países pobres. Decía que se había dado cuenta de que se pone más inteligencia, esfuerzo y cariño en vender pasta de dientes que en buscar soluciones a problemas realmente importantes. Las mentes más brillantes de nuestra generación están buscando formas de hacer las redes más adictivas y de que hagamos clic más y más a menudo. La única manera en que podemos votar para cambiar eso es con nuestra atención y con nuestro dinero.

¿Qué significa para ti la presencia o la ausencia de redes sociales? Si sospechas que algo huele a podrido en ellas, ¿qué quieres poner en su lugar? ¿Qué mundo quieres dejar a tus hijos y a tus nietos?

Múdate con ese loco

A nadie le gusta que le quiten algo. La privación es desagradable y amenazante. Por eso, piensa en dejar las redes sociales como en un regalo que te estás haciendo. Piensa en lo que vas a poner en su lugar: en el aire fresco para tu mente y en el tiempo que vas a liberar para dedicarte a actividades más divertidas. Elimina tu cuenta y, ese mismo día, empieza algo nuevo y estimulante, algo absorbente y loco como escalar o compartir piso con Sherlock Holmes.

Puede que empiece una tradición: incluir una foto de Sherlock en cada post

 

Por supuesto que tendrás flashes de lo que te estás perdiendo, o incluso cierta tristeza por haber perdido «amigos». Cuando vengan, respira y déjalos estar; deja que se vayan como los pétalos que volaban durante las canciones de Pocahontas. Después, levanta la vista y fíjala en lo que es importante para ti: el foco, la conexión, el tacto, el amor y las risas. Sostén la belleza frente a tus ojos, como hacía Agnes en La inmortalidad. Y empieza a caminar con paso firme en esa dirección.

“Se dijo: cuando el asalto de la fealdad se vuelva completamente insoportable, compraré en la floristería un nomeolvides, un único nomeolvides, ese delgado tallo con una florecita azul en miniatura, saldré con él a la calle y lo sostendré delante de la cara con la vista fija en él para no ver más que ese único hermoso punto azul, para verlo como lo último que quiero conservar para mí y para mis ojos de un mundo que he dejado de querer. Iré así por las calles de París, la gente comenzará pronto a conocerme, los niños irán corriendo pronto tras de mí, se reirán de mí, me tirarán cosas y todo París me llamará: La loca del nomeolvides”

– Milan Kundera, La inmortalidad

 

Enlaces

  1. Fuente de la imagen de los agonistas parciales.
  2. Cómics de Sarah Scribbles.
  3. Enlace de afiliado al libro de The Shallows.
  4. Vídeo de la violinista noruega.
  5. Añadido: Los pioneros de Facebook critican su deriva hacia la manipulación masiva (¡Gracias, Miguel!)

(Si me he dejado algún enlace importante, dímelo y lo incluyo)

 

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91 Responses to Por qué he dejado Facebook (y cómo puedes hacerlo tú también)

  1. Jos octubre 23, 2017 at 6:42 am #

    Hola Marina

    Creo que ha sido un acierto, veo que queda alguien medianamente cuerdo en esta vida. Yo vivo de la informática y veo cada dia gente absolutamente desquiciada con las RRSS pero sin conciencia de ello. Una cosa es usar una herramienta y otra ponerla en un altar e idolatrarla. Yo creo que las RRSS son buenas en tanto en cuanto te sean medianamente útiles y no se conviertan en una carga y/o adicción. Como todo en esta vida.

    En mi caso tengo 2 cuentas de Facebook absolutamente desconectadas entre ellas que utilizo para lo que quiero. Creo que Mark no está muy contento conmigo porque procuro ser más un LURKER que un aportador. Las utilizo unos 5 minutos cada 3 meses y aún así estoy intranquilo, asi que estoy pensando en hacer lo mismito en cuanto detecte que ya no me son útiles.

    Enhorabuena por tu desenganche. Ya te felicitaré el 10 de mayo

    Jos

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:15 am #

      Gracias, Jos. Es cierto que hay niveles de adicción. Yo en general no soy demasiado adicta a nada, así que mi uso siempre ha sido razonable. Aun así, como cuando dejé el alcohol, he logrado grandes beneficios de la abstinencia completa. Pero yo soy un poco un rollo de persona, así que oh well.

      Abrazos,

      Marina

  2. Jesús (Ego) octubre 23, 2017 at 7:05 am #

    Gracias por tanto, Marina. Como es habitual, me entusiasma leerte. Por ahora aún estoy en la fase contemplativa: sé que tengo un problema y estoy receptivo a escuchar soluciones. De momento, ya he borrado las apps de Facebook y Twitter del móvil. Aunque compartiré este post por ahí (Sorry)
    A ver si algún día tomo un café en Granada contigo en uno de esos espacios NPP.
    Un abrazo.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:13 am #

      Tú es que eres una tuitstar, Jesús, y de ahí no se sale con facilidad.

      Sí, me encantaría muy mucho que nos tomemos ese café. ¿Dónde estás ahora? ¡Llámame!

      Marina

  3. Fernanda octubre 23, 2017 at 7:28 am #

    Hola Marina. GRANDE. No se le puede meter más lucidez a 8.000 palabras. Mira, de hecho me están entrado ganas urgentes de enviárselo vintagemente a alguien!! En serio: hace muchos meses que me ronda la misma idea, porque Facebook me produce exactamente la misma constelación de sensaciones empobrecedoras y molestas que a ti. Y leerlo me ha ayudado a vencer mi miedo básico, que era dejar de colgar ahí las entradas de mi blog. Pero mira, lo voy a hacer. Tu entrada me llega en el momento perfecto, y te diré una cosa: me gustas mucho. Y como dice Jos, ya te felicitaré el 10 de mayo (alerta Tauro brillante entrado en su sector natalicio…como del Calendar no me voy a desenquitar…) Enhorabuena. Besos! Muy feliz día!

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:12 am #

      A mí es que de Facebook me llegaba una cantidad irrisoria de tráfico, pero entiendo ese miedo. Mi sugerencia es que hagas una lista de diez ideas para conseguir más tráfico que no impliquen redes sociales, y después te dediques a ponerlas en marcha.

      Un abrazo y suerte,

      Marina

  4. Justo octubre 23, 2017 at 7:46 am #

    Hola Marina.

    Esto que has contado de dejar Facebook ya lo hice yo hace casi dos años, ahora mi vida es más tranquila y más introvertida, en el sentido de enriquecer mi interior. Me embarque en varios tareas más estimulantes: volver a estudiar inglés con objetivo de leer libros en su idioma original y no traducciones, a leer libros de ensayo, hacer cursos presenciales tanto como online de cosas que quiero aprender y/o practicar, etc…

    Y por todo eso, ahora paso menos tiempo usando Internet ya que me he apuntado a un gimnasio para tener buena salud, no veas que gratificante es hacer pesas y de paso charlar con los compañeros del gimnasio de cosas de la vida, etc…

    Estoy pensado en actividades sociales que me aleje de Internet. Y no veas la cantidad de cosas que se puede hacer.

    Un saludo.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:10 am #

      Qué bien, Justo. Yo espero seguir así dentro de dos años. Me encanta la vida que llevo ahora. Y me encantan las pesas.

      Marina

  5. Lucía octubre 23, 2017 at 8:01 am #

    Hola Marina!

    Lo primero de todo, felicitarte por tu blog. Lo he descubierto por casualidad mientras buscaba por internet experiencias de gente cuya vida fuese una “mierda” como la mía (nótese la ironía). Después de leer unos cuantos posts, me di cuenta de que eras alguien muy parecida a mí, tenemos unas ideas sobre la vida y el mundo muy, muy similares. Y yo, que soy una fan del aprendizaje (y de la psicología) me suscribí a tu lista de correo, y ahora estoy inmersa en pleno “curso de introducción a la vida jipi”. Y aquí estoy, poniéndote mi primer comentario 🙂

    Enhorabuena también por haberte eliminado las RRSS. Una vez más, suscribo palabra por palabra todo lo que dices.

    Yo hace unos seis meses hice una tentativa bastante seria de largarme de ese submundo. Mis razones son prácticamente calcadas a las tuyas, la verdad es que no tengo nada nuevo que aportarte en ese sentido. Me di cuenta de que Facebook estaba empezando a convertirse en una parte inquietante en mi vida. Un “me duele, pero me gusta”. Conozco perfectamente ese embotamiento mental del que hablas después de estar un rato ahí metida. He experimentado esa sensación de estar viviendo algo bonito y tener a la vez una voz interna (una voz como de pito, odiosa) que me decía: “si no está en Facebook, no ha pasado”. No me gusta lo artificial que se está volviendo este mundo, percibo su decadencia por todas partes y las RRSS son el mayor espejo donde se refleja esa decadencia.

    No lo hice porque yo también tengo un blog, el cual empecé a escribir en forma de página de Facebook. Es decir, llevo en WordPress unos cuatro meses, y en Facebook dos años. (Sí, empecé la casa por el tejado). Con lo cual, si eliminaba mi Facebook, se eliminaría también mi página. Y me dió muchísima penita borrar mi “trabajo” (lo pongo entre comillas porque no sé si es correcto llamarlo así) de dos años. Así que, ahí sigo.

    Eso sí, ya únicamente lo utilizo para eso: para que mi blog de Facebook siga existiendo. Por lo demás, me he eliminado la aplicación del móvil, he borrado todas las actualizaciones de estado (es increíble la cantidad de chorradas que se pueden llegar a compartir), todas las fotos que he subido y he limitado casi al 100% mi número de “me gustas”. Y poco a poco el sentimiento de que “Facebook es indispensable” se va esfumando de mí.

    Detrás de él, queda una paz interior enorme. Y un destello de preocupación. Porque el mundo se está volviendo de plástico, y nadie parece darse cuenta. Gente como tú me hace pensar que quizá no todo esté perdido.

    Un abrazo grande, nos leemos 🙂

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:10 am #

      Gracias por tu comentario, Lucía. Me ha gustado mucho que alguien me encuentre buscando gente cuya vida es una “mierda”. ¡Y a mucha honra!

      ¿Y si reúnes todo ese blog de Facebook en un ebook y lo autopublicas?

      Just saying.

      Marina

  6. OskarMaria octubre 23, 2017 at 8:19 am #

    Excelente.

  7. Pilar del Amo octubre 23, 2017 at 8:25 am #

    Hola Marina:
    Yo me hago algunas de tus reflexiones muchas veces. No quiero llamar amigos a quienes tengo agregados en Facebook y a los que luego no saludo por la calle.
    No quiero mostrar mi privacidad y mucho menos que alguien lo haga por mi.
    No quiero confundir lo que es real con lo que es virtual. Si estoy sola quiero saberlo. No quiero esconderme detrás de una pantalla si lo que me conviene es salir de mi misma y sentir piel.
    Y desde luego, no quiero perder el tiempo.

    Un saludo
    Pilar

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:07 am #

      “Si estoy sola, quiero saberlo”. Qué buena frase, Pilar.

      Marina

  8. Deira octubre 23, 2017 at 8:28 am #

    Me ha encantado y me encantaría ser tan valiente como para poder dejar las RR SS. No sé si podré, pero desde luego me has hecho pensarlo y seguiré reflexionando 🙂

  9. Elisa octubre 23, 2017 at 8:31 am #

    Un artículo muy interesante y grandes verdades las que cuentas. Yo me he planteado alguna vez borrarme la cuenta en Facebook pero como tengo algunos cursos hechos y tenemos grupos cerrados donde hablamos de diferentes cosas relacionadas con los cursos, pues la idea la he ido dejando de lado. Lo que sí estoy intentando es meterme única y exclusivamente a mirar cada curso y el índice general mirarlo poco o nada. A mí especialmente me cabrea mucho cuando alguien cuelga noticias nefastas del mundo y maltrato a animales; Como si eso fuera a cambiar algo. Yo no veo las noticias adrede por no impregnarme de negativismo y abres tan feliz el Facebook y te catas con cosas así… En fin..me alegro de todo lo positivo que te has ido encontrando al dejar las redes sociales 🙂

  10. Miguel octubre 23, 2017 at 8:34 am #

    Ahhhhh, qué fuerte Marina! Yo también cumplo años el 10 de mayo! Aluciné cuando lo leí!!
    Un saludo!
    Pd: ya ves que en mi caso es fácil acordarme de felicitarte jaja

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:06 am #

      EL MEJOR DÍA.

      Besitos tauriles.

  11. Stephany Restrepo octubre 23, 2017 at 8:40 am #

    Hola Marina!

    Aún no sé mucho de ti, simplemente me ha llegado tu correo y creí que era de uno de los tantos blogs de marketing en los que me he inscrito, luego me dí cuenta que se trataba de algo más personal y sentí mucha curiosidad de leerlo. Me considero una persona receptiva y me encanta ver opiniones diferentes a la mía, masticarlas, ponerme en el lugar de esa persona y entenderla.
    Te entiendo perfectamente, y casi todo lo malo que describes que te ha pasado con facebook también me pasa, me he reido con las imágenes y me han gustado muchas de las nuevas cosas que empezaste a hacer desde que dejaste facebook.
    No me gustó mucho el inicio, donde dices que “lo usan y se les queda una capa de mugre espiritual que no saben bien como sacudirse”. No es así exactamente como me siento cuando lo uso, a pesar de sentirme identificada con tantas descripciones que hiciste respecto a su uso. De hecho estoy escribiendo esto para decirte por qué NO voy a dejar facebook.
    No soy polémica, no quiero convencerte de que vuelvas, y tampoco quiero tener más razones que me convenzan de que debo dejarlo, sólo quiero contarte mi opinión personal.
    Como bien dices estamos en una época en la que tenemos menos privacidad, facebook sabe todo sobre nosotros, pero no es sólo facebook, es google, es iphone, es todo!! Y eso no va a cambiar, la tendencia va en crecimiento y no parará aunque cerremos nuestras redes.
    Cito: “tiende a mostrarte la opinión y los enlaces de la gente que ya piensa como tú”. Yo creo que esto ya dice mucho de nosotros mismos, esto de hecho me gusta, creo que hace que me conozca más a mi misma, y hasta me ha hecho reaccionar cuando veo ciertas cosas en mi muro que me hacen sentir vacía.
    “Informarse en un entorno donde la gente opina como tú no te enriquece: te radicaliza.” No sólo leo las cosas con las que estoy de acuerdo, por eso leí este post completo, me encanta ver buenos argumentos, me encanta ver que hay personas coherentes que tienen claro las razones de su posición frente a algo.
    “Esa forma de consumir información impide que tu cerebro pueda almacenarla y procesarla de manera profunda. Es como hacer rayas en el agua, una detrás de otra, una vez y otra vez y otra vez” ¿Y qué tal si los usuarios de facebook fueran cada vez más personas como tú, o como Pablo, que no se conforman con esta forma de pocesar la información, y que luchan por que otros se conscienticen de ello?
    Bye bye, bikini girl… A mi también me pasa, soy como tú, sigo a las que me empoderan como sascha fitness!! jajaja que la amoo y unas cuantas cuentas de “bikini girls”, poco a poco, a medida que salen en mi instagram, entro en sus cuentas y dejo de seguirlas, ya no quiero verlas mas!! y lo mejor es que cada vez me salen menos. Punto.
    Para terminar, y lo que más me quedó sonando fue: “Después de dos años mirando Facebook no tienes nada”. Inmediatamente leí esto, pensé en la mejor persona que me dió a conocer Facebook, y por la cual agradeceré toda mi vida. Si no hubiese sido por facebook seguro no hubiese sabido que existía, si facebook no supiera lo que me gusta y lo que busco, no hubiera encontrado el tesoro que me ayudó a salir de la depresión después de 5 meses de migrar a Madrid: ODIN DUPEIRON! vi un video corto y superficial en facebook que me motivó a buscar más de él en Youtube, fue tal como describiste el agua fresquita y rica!! jajaja De verdad, no imaginas cuánto me ayudó y te invito a que lo conozcas, es mexicano y un ser que debería multiplicarse o reproducirse no sé… jajaja
    Tal vez, este artículo me incentive a mi a escribir más adelante un post de por qué si tener facebook, y que no motive a usarlo mejor. Yo todavía tengo miles de hábitos qué mejorar, y trabajo en ello.
    Creo que esa “esperanza de que haya una ola de rechazo colectivo a las redes sociales” que tienes, es tal cual como la esperanza que tienemos algunos de que todos dejen de fumar, aunque sepamos que es un vicio de nos mata, la venta del cigarrillo no disminuye, ni la del alcohol, ni tampoco dejamos de consumir azucar como locos, por que los seres humanos sencillamente así somos.
    Yo creo que lo que debe pasar con las redes sociales es que en vez de personas como tu se vayan, lo que hagan sean multiplicarse, y ayudar a que el contenido de facebook sea cada vez más rico y saludable.
    La basura del mundo siempre va a existir, todo en la vida es cuestión de actitudes y desiciones.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:06 am #

      Gracias por tu contribución, Stephany. Me alegro de que Facebook te aporte cosas.

      Yo sí que creo que la sociedad en conjunto adopta cambios: no hay más que ver la evolución de productos que ofrece el Mercadona, o las estadísticas de reciclaje, o el hecho de que el consumo de tabaco, al menos en porcentaje, sí que ha bajado desde los ochenta.Creo que la historia de la Humanidad es precisamente dejar de “ser así” e ir elevándonos por encima de esos impulsos cada vez más, para llevar vidas más plenas y satisfactorias. En cualquier caso, mi esperanza no es que todo el mundo deje Facebook; más bien, que haya grupos de gente a la que no le va el rollo RRSS igual que hay grupos de gente que come sano o que hace deporte.

      Sobre la privacidad: mi problema no es tanto con la falta de privacidad, que sé que es una tendencia irreversible, como con el hecho de estar expuesta a estímulos cada vez más monótonos. Te recomiendo en ese sentido el libro de “The Filter Bubble”, que habla sobre ese problema. No sé si es ese o “The Shallows” el que cuenta que las búsquedas bibliográficas online para artículos de investigación reducen la posibilidad de que te encuentres con artículos no relacionados con tu tema, que simplemente estaban en el mismo número de la revista que estabas revisando. Los filtros reducen la variabilidad del ambiente, que es una condición importante para la evolución.

      En cualquier caso, mi decisión está basada sobre todo en cómo me siento, más que en argumentos racionales, precisamente porque tu comentario es un gran ejemplo de los argumentos infinitos a favor y en contra de una posición. Mi sugerencia para ti, si un día te sientes aventurera, sería que pruebes a estar un par de meses sin ella y veas si pasa algo distinto.

      Abrazos,

      Marina

      • Stephany Restrepo octubre 23, 2017 at 10:13 am #

        Me alegra mucho que me hayas respondido, y efectivamente, yo también creo en los pequeños cambios de las personas, en los granitos de arena que vamos aportando cada uno, en los grupos de personas que hacen cosas muy buenas y que esos grupos vayan creciendo.
        Entiendo perfectamente tus sentimientos, y quiero contarte que ya una vez hice el ejercicio, renuncié a facebook durante 2 años jejeje. De hecho eso quería contarlo y se me olvidó. Yo abrí una cuenta nueva en 2014, pasé el periodo de prueba de los 30 días de inactivación y después de un largo periodo de tranquilidad me cansé de que mi propia familia y amigos más cercanos me dijeran: “Hice tal cosa, ¿Viste las fotos en facebook?”, o que me dijeran: “Esto es grandioso, deberias conocerlo, sigue su cuenta en facebook y sabrás más de ello!!” y cuando les pidiera que me lo enviarn lo olvidaban o les daba pereza. También me cansé de compartir con cada persona las cosas que quería compartir y se me olvidaran algunos. Abrí mi nueva cuenta con muchos menos amigos, le pedí a facebook que nunca más me mostrara publicaciones de maltrato animal ni accidentes violentos, no comparto todo lo que hago si no únicamente lo que creo que otros deberían saber, y si, algunas fotos de momentos tontos pero que quiero recordar.
        Entendí que el problema no era facebook. El problema era yo.

        • Marina octubre 23, 2017 at 10:19 am #

          Gracias por compartir tu experiencia. Ya digo en el artículo que igual esa soy yo dentro de dos años. Nunca digas “de este agua no beberé”, “ese cura no es mi padre” o “de esa red social no volveré a abrirme una cuenta”.

          Marina

  12. Stephany Restrepo octubre 23, 2017 at 8:51 am #

    https://www.youtube.com/watch?v=IvTio0FJf6Y

    Este es Odin, escribí mal su apellido, jejeje y esta es una de las charlas que más amé.

    https://www.youtube.com/watch?v=pzCFoujjSqY

    Este también lo amé… Y sabes? le escribí un mensaje pidiendole que hiciera más presencia en las redes!!

    • Mariana octubre 28, 2017 at 4:45 pm #

      Gracias por el enlace, Stephany, la charla es genial!

  13. Marta octubre 23, 2017 at 8:52 am #

    Muchas gracias por este artículo. Llevo tiempo queriéndome desenganchar de las redes sociales y creo que lo que me vendría genial es hacer una lista como la que describes en el apartado “hay más peces en el mar”, porque da un poco de vértigo imaginar el hueco que sentiría de repente si dejo de usarlas.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:18 am #

      Sí, Marta, te animo a que lo hagas. Las listas de ideas son el bien. Yo cuando me agobio por cosas hago listas de ideas y de repente el mundo se vuelve un sitio mucho más abundante, como dirían los hippies.

      Abrazos,

      Marina

  14. CAROLINA octubre 23, 2017 at 8:55 am #

    Hola Marina: el artículo es largooooo pero me lo he leído todo (en horas de trabajo). Yo no soy muy fan de Facebook, aunque lo tengo. Puedo pasar muchos días sin echarle siquiera un vistazo. Y aunque tocas mil puntos, te has dejado uno (bajo mi punto de vista) y es que aveces, ver Facebook es casi peor que ver el telediario. Esos perros maltratados y abandonados que los chicos de una protectora salvan, esas imagenes de niños con cancer o síndrome de down, que te piden un me gusta, esas parrafadas tipo “una madre es….si amas a tu madre, dale me gusta y comparte”.
    Más de una vez he acabado llorando después de estar un rato viendo el dichoso Facebook. Me pasaba lo mismo con el telediario y lo suprimí hace años.
    Yo no soy adicta a Facebook pero sí a suscribirme a todas las listas de correo de blogs que ponen algo interesante. Así que pierdo mi tiempo revisando todas las actualizaciones y publicaciones que llegan a mi email, muchas veces sin provecho ninguno. Estoy en proceso de desintoxicación. Me tomo un tiempo de reflexión antes de suscribirme. Quizás alguién debería escribir también sobre eso.
    Bueno, no me enrrollo más.
    Feliz semana.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:17 am #

      Sí, Carolina. Lo preocupante de esto es que el problema es Internet, en general. Por eso estoy tratando de hacer artículos más amigables para nuestra atención, quitando los enlaces y otras distracciones. Pero hay que restringir la navegación y los mails, sin duda. Algún día escribiré sobre eso y entonces me quedaré sin negocio.

      Abrazos,

      Marina

      • Cigi octubre 23, 2017 at 10:15 am #

        No, porque tu blog es de los que merecen la pena leer 🙂

        • Marina octubre 23, 2017 at 10:19 am #

          Y tú eres amor con patas.

          Marina

  15. Sandra octubre 23, 2017 at 9:27 am #

    Hola Marina,
    Quería escribir por aquí, comentando un poco. Pero al momento he pensado que quizás me enrollaría demasiado, y entraría en terreno pantanoso. Así que prefiero escribirte un correo privado, contándote un poco más detallado.
    Tengo a varias amigas que a veces se rayan con el Facebook, por cosas como las que dices (cotillear amigos de amigos, exparejas, grupos de cosas, bajar hasta el infinito en el inicio, etc.). Pero yo realmente siento que no me apetece dejarlo. Puede que me pase una hora al día, la verdad, no lo he contado, y cuando lo uso normalmente es en momentos que no tengo tiempo de hacer otra cosa o mientras hago otra cosa (aquí sí que sería falta de concentracion…).
    En fin, comparto gran parte de lo que cuentas. Supongo que cada uno está en un punto de su proceso.
    Lo importante es hacer cosas de acuerdo a nuestros valores, sin poner excusas ni procastinar. Aunque a veces cuesta…..
    Un saludo!!

  16. Olivia octubre 23, 2017 at 9:31 am #

    Me alegra que hayas escrito este artículo, y sobretodo que no tenga negritas, ni subrallados, ni links de “twitea esto!”. Es precisamente la forma la que legitima su contenido: como se suele decir, la estética tiene mucho de ética.
    Mi experiencia personal con Facebook fue darme de alta muy al principio, a finales del 2007, e ir viendo cómo a medida que avanzaban los meses, gente a la que no había visto desde la primaria, me iba agregando. Parecía “guay” estar allí! De hecho, en esa época, parecía que “había que estar sí o sí”. Dos años más tarde me di de baja. Los motivos principales fueron que veía que cada vez pasaba más horas cotilleando lo que hacían los demás, cada vez me sentía más miserable por no estar buceando en el Mar Rojo o haciendo excursiones en Islandia, y pensé: “yo creía que mi vida no estaba mal, y ahora pienso que es una mierda!”. Lo definitivo fue comprobar cómo las personas que mejor consideraba solían usar la herramienta para su beneficio, es decir, para publicar su trabajo, etc., y las menos interesantes (todos tenemos ese/a ex compañero/a de trabajo anodino y con filosofías de vida cuñadescas) se pasaban el día haciendo “retos” tan estúpidos como ‘a ver cuantos clics puedes hacer con el ratón en 10 segundos’, y demás pérdidas de tiempo. La herramienta les utilizaba a ellos. Pensé que a mi autoestima y mi autoimagen les iría mejor sin Facebook, y me di de baja. Por aquellas fechas aún no escuchaba a nadie echando pestes de Facebook, pero pensé que para alguien como yo, Facebook no le iba a ir bien.
    Hace ya 8 años de eso, y sigo sin tener ninguna necesidad de tenerlo. Sí, en tu cumpleaños te felicitan 10 personas en vez de 40, pero ¿a quién le interesa que le felicite alguien porque se lo ha recordado Facebook, y no porque en su día se lo apuntó en la agenda o en el calendario del móvil? Sí, les avisa el móvil, pero en su día tuvieron que marcarse esa fecha porque les importaba felicitarte, y no como consecuencia de algo pasivo, que es que tú pusiste en tus datos qué día era tu cumple. A mi, personalmente, me importa muy poco la vida personal de alguien a quien conocí en una fiesta y no volví a ver más, o con quien fui a clase en un cursillo de una semana hace ya no sé cuanto… Y tampoco me parece que tenga derecho a saber toda esa información, cuando no tenemos relación de ningún tipo.
    En resumidas cuentas, es una opinión mía personal, pero creo que cuanto más infantilizados nos mantiene el sistema, menos felices somos y por lo tanto más sumisos. Y eso es, precisamente, lo que te hará consumir más. Allí estás, cual hamster en la rueda, haciéndola girar a golpe de clics. Se puede estar en el mundo laboral sin Facebook, y se puede vivir sin ser tu propia marca personal. Somos personas, no productos de consumo.
    Felicidades, Marina, por este artículo! Muy interesante y (aún más) necesario.
    Besos

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:56 am #

      Muchas gracias por tu comentario, Olivia. Lo de las negritas y el tuitea esto tiene más que ver con la pragmática que con la ética: creo que genera un procesamiento más profundo y relaciones más duraderas entre vosotros y yo. Pero todos tenemos un pasado y mis artículos antiguos están llenos de eso, así que me guardaré mucho de tirar piedras contra las elecciones tipográficas ajenas.

      Qué bien que te dieras cuenta tan pronto. Me gusta tu comentario sobre la infantilización, porque mi vida es una búsqueda de libertad bien entendida, y dejar la infancia es un precio necesario para la libertad.

      Gracias por tu aportación. Un abrazo fuerte.

      Marina

  17. Maribel octubre 23, 2017 at 9:43 am #

    Hola,

    Yo decidí hace un mes alejarme de las redes sociales (un día de agobio todo loco) y el efecto más inmediato es (cito textualmente): ‘…ahora, de repente, es como si en mi cerebro hubiera más silencio y más paz. Como si brillara más el sol…’
    Es verdad que ves la importancia que le da tu entorno a las redes sociales y sientes miedo de que te vean (aun más) como ‘el bicho raro que ha decidido aislarse del mundo’ pero bueno, realmente en este mes he tenido varias conversaciones con ‘desconocidos’ que veía todos los días y ha sido de lo más gratificante. Eran desconocidos porque no les prestaba atención, estaba mirando una pantalla.

    Besos

    PD1: yo en vez de decir en ‘modo vintage’ digo ‘es que soy una romántica’
    PD2: esto lo firma una ingeniera informática.

    • Marina octubre 23, 2017 at 9:53 am #

      Me alegro de que tú también tengas un cerebro más soleado, Maribel. Y me gusta lo del romanticismo.

      Abrazos,

      Marina

  18. Ana octubre 23, 2017 at 10:29 am #

    Hola, Marina:

    He disfrutado mucho leyendo este artículo. Conforme leía me imaginaba en ese punto de libertad y ligereza que estás tú ahora. Llevo bastante tiempo en modo “tener redes sociales sin usarlas” creyendo que era lo mismo que no tener pero definitivamente voy a optar por desconexión total. Me noto el cerebro como si estuviese lleno lleno de mocos viscosos marrones que no me dejan crear, ni recordar, ni disfrutar de verdad cosas que realmente merecen la pena. Me he visto reflejada en todos los puntos que mencionas y el peor (aparte de tantísima creepiness) es la sensación de “quedarte fuera”, de que si no estás en las redes no existes o no te vas a enterar de nada a tu alrededor. Pero a estas alturas creo que prefiero “lo malo por conocer”, que ya veo que en tu caso es muy bueno.

    Saludos de otra fanatiquísima de Sherlock

    P.D. ¡¡Yo uso fonoporta!! XD

  19. Gisselle Gil octubre 23, 2017 at 11:14 am #

    Hola,

    Felicidades por dejar Facebook. Yo lo deje hace mucho, un día note que salia siempre con las mismas 5 o 10 personas y tenia mas de 500 amigos en el facebook. Se me ocurrió un experimento, coloque en el muro “vamos a tomarnos un café tal día” muchos le dieron me gusta y comentaron, pero ninguno fue a tomar el café. Luego llame a mis amigos de siempre y sin mas salimos a tomarnos un café.

    Ahora estoy dejando twitter, cada día lo veo menos, pero mas por noticias y cosas relacionadas con cultura y ciencia que con amistad.

    PD: Me gusto mucho tu articulo.

    Saludos

    • Marina octubre 23, 2017 at 11:25 am #

      Qué buena la idea del experimento, Giselle.

      Marina

  20. Nicole octubre 23, 2017 at 11:23 am #

    No hay más nada que decir, la libertad de hacer cosas interesante se recupera rápido. He dejado facebook, y una razón principal era el de estar leyendo y viendo frustraciones, negatividad hasta por los tubos, me di cuenta que eso era opcional y pues lo desactivé, hasta ahora no lo he abierto ni pienso hacerlo 🙂 se siente mejor así, el instagram lo estoy pensando pero se que terminaré cerrando la app igual. Muy buen artículo, besos desde República Dominicana ?

  21. Arnaldo octubre 23, 2017 at 11:29 am #

    Me gusta!

  22. marta octubre 23, 2017 at 11:41 am #

    Marina, perfecto. Yo nunca he llegado a usar Facebook y demás, porque sabía que por mi forma de ser me iba a producir sensaciones incómodas ( qué guay es la vida de los demás…). Nunca he sentido que me perdiera nada, más bien alivio

    Gracias a internet, sin embargo, me enganché a blogs de cocina en inglés, y poco a poco recuperé este idioma y ahora gracias al kindle y a amazon ya no leo nada traducido,

  23. Gustavo octubre 23, 2017 at 1:46 pm #

    He dejado Facebook innumerables veces y he vuelto más por presión social que por deseo. Da la casualidad esta semana que pasó volví desactivarlo. Espero que esta vez mi razón sea fiel a mis emociones y sea definitivo. Lo que si no quiero es que nadie más utilice por casualidad o por intención mi nombre, por lo que he decidido desactivar las cuentas, no eliminarlas, para preservar esto. Volveré a este post cuando surja la presión mia o de otros nuevamente por volver.
    gracias y saludos!

  24. Lino octubre 23, 2017 at 1:54 pm #

    Saludos Marina! acabo de leer el artículo y me encanto. Hace algunas semanas desactive la cuenta de facebook y hoy cerré otra con la que hacia trampa por miedo a perderme las noticias y “actualidad” de las cosas que pasan en mi país, ya que me encuentro en el extranjero y extraño mucho mi tierra.
    Asimilo que las noticias y sucesos pasan y pasaran siempre, este o no ahí, que la intoxicación de información es un mal presente en las redes sociales, donde siempre hay dos bandos enfrentados a muerte para ver quien tiene mayor razón, hay mucha energía quemada en esas largas discusiones de internet, entiendo que lo que uno espera en esas discusiones es salir aplaudido con el rival concediéndote la razón y un montón de likes en tus publicaciones. Lamentablemente el objetivo de tu rival es el mismo y no aflojara ninguna posición porque espera que tu seas el que lo haga.
    Twitter no me parece tan tóxico, escuche muchas quejas de trolls, pero mas que todo sigo a gente que habla de cosas que me gustan como la electrónica, la tecnología, etc.
    Instagram ni lo tengo abierto me basta con ver las poses, colores, actitudes e intenciones de los post y me echo para atrás. Demasiado egocentrismo y narcisismo para mi gusto.
    Una red que si utilizo es Pinterest, ya que encuentras una ingente cantidad de información e ideas sobre cosas que te gustan.
    Y bueno ya me alargue demasiado en el comentario, gracias por el artículo y los mejores deseos para vos y tu familia.

  25. Elena octubre 23, 2017 at 2:02 pm #

    Yo también lo dejé hace un par de años, y fue exactamente por todas las razones que comentas, Marina. Como Pilar, si estaba sola, quería saberlo. Eso me ha permitido currarme un poco más las relaciones sociales y no autoengañarme. Al principio es duro, luego es mucho más relajante no tener que estar pensando para el escaparate constantemente y poder dedicar tiempo a otras cosas más productivas, aunque sea echar la siesta. Más tarde he tenido que hacérmelo otra vez porque hay algunas asociaciones o grupos de intereses de los que solo tengo noticias por Facebook. Lo que he hecho, si le sirve a alguien, es una especie de perfil zombi. No tengo amigos de ningún tipo y no interactúo de forma personal, de forma que lo consulto prácticamente como una cuenta de correo.

    Una cosa sobre lo que comentas de la thinspo: mi madre tiene una teoría sobre la anorexia. Dice que cuando ella era joven (años 50) la gente no se preocupaba tanto por el físico porque al pueblo no llegaban las revistas y tampoco había ropa en tallas. La modista te hacía la ropa a medida y ya está, así que no podías comparar con nada más allá de Sara Montiel o Sofía Loren, pero claro, eso lo veías una vez a la semana en el cine y ya está.

    Y lo de la lectura, es muy preocupante. Yo antes leía tratados de lingüística sin despeinarme uno tras otro y ahora me cuesta la vida acabarme una novela digamos, seria. No quiero ni pensar en los hijos de las redes sociales e internet.

    Enhorabuena por el artículo y muchas gracias. Espero que abramos los ojos y corra la voz.

  26. chichita octubre 23, 2017 at 2:05 pm #

    Totalmente de acuerdo.-

  27. Nadia octubre 23, 2017 at 2:23 pm #

    Ay Marina! Amé este artículo, tanto que te compartiré a lo vintage. Hace dos años que deje Facebook, pero sigo presente en Twitter e Instagram y tu artículo me plantea desenchufarme del todo de las redes sociales, quiero intentarlo. Me da curiosidad experimentar la sensación de perderme ver el mundo real y virtual en llamas, pero mi cerebro no. No sé si me explico.
    Un abrazo!

  28. Carmem arenas octubre 23, 2017 at 2:47 pm #

    Estas redes sociales te impiden cerrar ciclos con personas que ya no quieres que formen parte de tu vida. La gente se vuelve loca inventando una ventana , a través de fotografías y comentarios, que muestre lo feliz que es su vida, porque su vida es perfecta, y la vida perfecta no existe. La necesidad de mostrar esas felicidad al mundo, ¿ puede ser la carencia de ello?

  29. Laura octubre 23, 2017 at 3:15 pm #

    Hola,muy bueno ,yo ya dejé facebook hace 6 años y solo tengo correo electrónico y whasapp
    Y me sobra,también dejé hace mucho el tabaco,alcohol,cafeina,el chocolate todavia no,jaja.
    Pero si es verdad yo lo dejé porque me parecia
    una perdida de tiempo,vivo mas feliz asi y tengo contacto con quien me apetece.

  30. Sandra octubre 23, 2017 at 3:29 pm #

    Me ha encantado Marina, me gustaría aportar que cuando estás solo y lees libros o ves series, los personajes se convierten en tus amigos en tu mente y cuando acaba el libro los echas menos y estás triste como si hubieras perdido a esos amigos. A mí también me pasó eso contigo con tu curso de reescribete y me encanta recibir tus emails y saber de ti. Pienso que la relación que tenemos con mucha gente de Facebook es igual de ridiculo que la que tenemos con los protagonistas de friends, y por eso mi marido y yo hemos dejado Facebook, vamos a buscar gente real con la que interaccionar. Muchas gracias por tu artículo.

    • Marina octubre 23, 2017 at 4:21 pm #

      Eh, qué bueno, Sandra. Es interesante lo que comentas. Sí, yo tengo relaciones emocionales con personajes de libros, claramente. Pero al menos sé que no existen, que es unidireccional y, como tú dices, un poco ridículo, y tiene algo de poético y tontorrón que me mola. Pero hacer lo mismo con gente de carne y hueso me da un tufillo siniestro.

      Suerte con la relación con personas de verdad. Es genial que lo estéis haciendo en pareja.

      Un abrazo muy grande,

      Marina

  31. Jorge octubre 23, 2017 at 4:13 pm #

    Lo cierto es que no miro nunca mi cuenta de facebook, no tengo instagram y tenía una cuenta de twitter, pero no la usé nunca y olvidé la contraseña. Pero he leído tu artículo con esperanza, pues hoy han roto conmigo, y una relación sentimental de tres años sí que es adictiva.
    El post es fabuloso, pero me quedo con esto, porque quizá es lo que ahora necesito:

    “El cerebro es donde ocurre todo. Si te cargas tu cerebro, te cargas tu vida, porque de su capacidad para concentrarse, relajarse y alternar entre estímulos de forma sensata depende cómo te vas a sentir tú”.
    Gracias.
    Un abrazo.

  32. Lexia octubre 23, 2017 at 5:43 pm #

    ¡Qué bueno Marina! yo ya lo intuía y nunca tuve ni facebooces, ni twitter …ni otras tomaduras de pelo para los que no tenemos una empresa que vender.. y presumía de proteger mi intimidad, pero ahora además presumiré de hacerlo por motivos de salud; de hecho voy a reducir al mínimo hasta el WhatsApp .. mil gracias por la inspiración.

  33. Mariluz octubre 23, 2017 at 6:03 pm #

    Hola, muy bueno el artículo. Actualmente no soy muy activa en facebook, no uso twiter ni instagram, tengo una cuenta pinterest más como archivador que para mirar a diario. Con facebook me pasa que me daba vergüenza dejar de ser amiga de mis amigos, era algo así como: “¿si no ha pasado nada con fulanito, aunque haga 6 años que no nos vemos cómo lo voy a borrar de facebook?” ¿qué pensará de mí? Después de tu artículo he tomado una decisión intermedia ya que sí hay cosas de facebook que me resultan interesantes y le suelo dedicar unos 10 min diarios como mucho; he borrado a todas mis amistades, he borrado la mayoría de los “me gusta” y voy a observar cómo transcurre mi paseo por facebook durante unas semanas. Después tal vez sea cierre definitivo o me mantenga con este nuevo facebook light. Gracias por lo compartido, 🙂

  34. Mayte octubre 23, 2017 at 6:05 pm #

    Hola. Si eres más feliz, ¡enhorabuena por tu decisión!, aunque me siento muy poco identificada con el contenido del post. Y me hace gracia, porque hace mucho tiempo que te sigo y siempre me has pillado por un sitio u otro.
    Para mí las redes sociales han sido, son, y espero que sigan siendo, una liberación, una fuente inagotable de enriquecimiento personal y profesional, un reto, un regalo, un estímulo, una suerte…
    No entiendo por qué se considera que dejar las redes sociales es un logro, a no ser que haya adicción y, por tanto,su uso sea dañino. No entiendo por qué se culpa a la herramienta del uso que se le da.
    Las redes sociales son personas. Si a uno no le gusta lo que ve a lo mejor no ha elegido bien con quien compartir su tiempo y sus cosas.
    Madre mía, diría tantas cosas que me atropello y no me explico bien…
    En cualquier caso, de nuevo, enhorabuena si lo consideras un logro. Yo seguiré leyéndote. Me llegas por correo electrónico.
    ¡Un abrazo!

  35. Afra octubre 23, 2017 at 7:36 pm #

    Hola Marina!
    Llevo un tiempo siguiendo tu blog, además de vez en cuando visito tu otro blog Más sobre los lunes y me parto de risa con algunos de tus antiguos posts, me gusta mucho como escribes 🙂 Esta es la primera vez que me animo a escribir un comentario porque has plasmado tal cual todo lo que llevo tiempo pensando sobre las redes sociales.
    Recuerdo un viaje que hice con una amiga a Brasil, que cada vez que llegabamos a algún rincón paradisíaco sacaba el movil para hacerse tantas fotos que no tenía tiempo de sentarse y disfrutar del momento. En cuanto estabamos en una zona con wifi tenía que subir un buen porcentaje de esas fotos y estaba pendiente de cuantos likes y comentarios acumulaba. Ahí empecé a darme cuenta de que algo no iba bien.
    Y es que vivimos en un mundo donde todo gira en torno a las redes sociales, hasta para encontrar trabajo hoy en día es muy importante tener un perfil en Linkedin. Y no se si soy la única, pero yo me desmoralizo al ver los curriculums de los demás, además de sentirme desnuda poniendo ahí todo sobre mí.
    Di el pasito de borrar las aplicaciones de facebook e instagram del movil (nunca he tenido twitter) porque sentía que perdía mucho tiempo en ellas, aunque no he llegado a eliminar las cuentas un poco por “miedo” a que piensen que no tengo vida. Pero después de leerte sobran las razones para eliminarlas y centrarme en hábitos más sanos y productivos.
    Sigue así! Un saludo
    Afra

  36. Perla octubre 23, 2017 at 7:37 pm #

    Hola Marina,
    Gracias por compartirnos tu experiencia de abandonar las redes sociales. Yo me pasé a la “tribu de lis desconectados” hace un año y dos meses.
    Y no me arrepiento de haberlo hecho, no fue fácil pero el tiempo hace su trabajo si eres consistente con tus decisiones.
    Justo esta semana leía un artículo muy relacionado al respecto, lo hallé muy interesante. Te dejo el link por si quieras echarle una mirada. Habla acerca de la adicción al smartphone.

    https://www.theguardian.com/technology/2017/oct/05/smartphone-addiction-silicon-valley-dystopia

    Por mi parte, estoy muy feliz de haber recuperado mi autonomía cerebral ? y tiempo para usar mi cerebro en actividades que me aportan más beneficios y satisfacciones que el “stalking”.
    Creo que mientras uno está en esa burbuja que crea la pantalla no es capaz de percibir lo desconectado que está del mundo e incluso de uno mismo. La pantalla es un agujero negro que sirve de escape incluso a las emociones que no queremos sentir. Pero ser incapaces de sentir, aceptar y lidiar con nuestras emociones y pensamientos es lo que nos permite crecer como personas. La actitud del avestruz (meter la cabeza en algún agujero) no es una escapatoria de nada. La habitación del mal sigue estando allí, cada vez más llena de cosas y trastos y si no haces limpia algún día la puerta explotará en tus narices.
    Muchas gracias por este magnífico post!

  37. Julio octubre 23, 2017 at 8:23 pm #

    Hola Marina,

    Soy el típico que lee los artículos sin decir nunca una palabra XD pero esta vez me apetece decirte que has redactado un post excelente. Me encanta la ideología de los textos puros y duros sin negritas y viñetas que estimulen lecturas superficiales, a ver si conseguimos no volvernos rematadamente vagos.

    Quería contarte que siempre he tenido reticencia hacia las redes sociales; recientemente las he empezado a utilizar asiduamente para divulgar mi trabajo y he experimentado la saturación y las insidiosas técnicas de las redes sociales para mantenernos enganchados. Soy dibujante y diseñador gráfico en ciernes, planeo crear pronto un blog para cimentar mi aún inexistente vida profesional, crear una marca personal, hacer networking… En fin, todo eso que en teoría está sustituyendo el tradicional envío de currículums a discreción. ¿Crees que desarrollar una carrera profesional, y más en el campo de lo visual, es posible sin redes sociales con las que difundir tu trabajo?

    Respecto a la parte emocional, me siento muy identificado con tus palabras. Las redes me dan mal rollo, me agobian, y si por mí fuera no tendría ninguna. No las considero malas en sí mismas, simplemente esa saturación de imágenes y datos no encaja con la vida tranquila que deseo para mí.

    Gracias, Marina, un gran saludo desde Madrid.

  38. Marcela octubre 23, 2017 at 8:26 pm #

    Hola Marina

    Siempre leo tus Post pero es el primero que comento, y lo hago por que tienes toda la razón, sobre todo facebook ha hecho que mi mente cambie exactamente como lo dices. Antes cuando era mas joven (Aclaro que aun me siento muyyy joven con 28), podia leer diario durante muchas horas seguidas sin aburrirme, ahora entre paginas tengo que revisar el celular y las notificaciones.

    Trabajo en oficina y en la jornada de 8 horas reviso el facebook unas 10 veces, a veces en busca de nada y simplemente por la adicción al scroll. Todo esto lo empece a pensar desde que estoy con mi actual novio que no tiene redes, y al principio fue raro por que lo quería etiquetar en cosas y no podía y con el aprendí a dedicarnos canciones por whatsapp sin que el mundo entero se entere, y soy realmente feliz.

    Coincido contigo y lo intentare. Muchas gracias por este articulo.

  39. Perla octubre 23, 2017 at 11:24 pm #

    Siempre que escribo desde el smart acabo por tener que editar o aclarar luego. xD
    Menos mal eres psicóloga y entiendes de las manías de la gente! jo!
    En mi comentario anterior, léase:
    “tribu de LOS desconectados”

    “Pero ser CAPACES de sentir, aceptar y lidiar con nuestras emociones y pensamientos es lo que nos permite crecer como personas”

    Y ya que estamos, me gustaría agregar algo:

    Con las redes sociales y los smartphones, hace mucho que la tecnología ha dejado de ser neutral. Ya no es una herramienta a nuestro servicio sino una herramienta diseñada para mantenernos atados, para hacernos actuar por compulsión.
    Hay todo un mundo de profesionales (diseñadores, programadores, ingenieros, psicólogos, etc.) trabajando para mantenernos pegados a la pantalla.
    Nuestra atención (y nuestro tiempo, que es finalmente de lo que está hecha nuestra vida) es por lo que pagan las grandes corporaciones que están detrás porque, como tú bien dices, nosotros somos el producto.
    Abandonar la tecnología puede no ser la solución sino hacer que cambie el rumbo que ha tomado la industria tecnológica, pero mientras no lo hagan no me agrada particularmente la idea de dar oportunidad a que otros controlen mi cerebro o provoquen daño a mi capacidad cognitiva. Que así de serio va el tema.
    Besos y sigue escribiendo así, sin distracciones 🙂

  40. Valeria octubre 24, 2017 at 3:37 am #

    Hola Marina, si no estoy mal es uno de los post más largos que has escrito y es brutal.
    Mi experiencia con las redes sociales es prácticamente nula. Efectivamente abrí mi cuenta de Facebook en el boom del 2009 y me volví una completa adicta. Un par de años más tarde, por un trabajo de la universidad TUVE que crearme una cuenta de twitter y desde que aprobé esa materia, la cuenta de twitter ha estado abandonada.
    Para esa época me daba cuenta como facebook me empezaba a afectar y a pesar de eso no podía dejarlo, pero podía hacer algo. Decidí no suscribirme a más redes sociales que aparecían como novedad (instagram, tumblr, snapchat, entre otros).
    Finalmente, hace unos 6 meses mientras scrolleaba por facebook, sentí el vacío de comparar mi vida con la de mis amigos, conocidos y demás. Detesté esa sensación y pasé a la acción. Desinstalé facebook de mi celular, cerré sesión de todos mis aparatos electrónicos. Sin embargo, no fui capaz de cerrar la cuenta definitivamente, porque facebook seguía siendo mi principal fuente de noticias a nivel mundial y nacional. Así que decidí crearme una nueva cuenta de facebook con la diferencia que no tendría ningún amigo, solo consumiría la información de las páginas que consideraban que valían la pena (por ejemplo los periódicos, algunos blogueros), de esta forma trataría de estar informada sin distraerme con las publicaciones de mis amigos de facebook. Si bien es cierto que aún hago scroll con esta cuenta, paso menos tiempo en facebook y de cierta forma la información que recibo es más relevante e importante, que la de algún conocido que sube fotos semanalmente de su nuevo perro. Perdón por el comentario tan largo, sentí la necesidad de compartir mi experiencia.

  41. Balbina octubre 24, 2017 at 8:34 am #

    Hola Marina!
    Magnífico post! Enhorabuena! Es curioso, que llevaba tiempo sin leerte y esta entrada tuya me llamó la atención precisamente porque yo también tomé la decisión hace unos dos meses de pulsar el botón hacia la libertad. Llevaba pensándolo mucho tiempo y finalmente lo hice… Comparto cien por cien todo lo que comentas, excepto que sea fácil encontrar información veraz en maga

  42. Pedro octubre 24, 2017 at 8:52 am #

    Hola Marina, ya llevaba tiempo con la idea en la cabeza, siempre he sentido que no estaba en mi pecera. Tras leer un libro estupendo (Basta! Cómo dejar de desear siempre algo más, John Naish) y de leer tu artículo me bajo del tren de facebook. Con tu permiso, es lo último que he publicado allí a modo de despedida, creo que es una forma de usarlo para hacer el bien. No creo que haya muchos conversos…
    Un abrazo y todo mi afecto y admiración. 🙂

  43. Marta López octubre 24, 2017 at 10:02 am #

    ¡Hola Marina! Tengo que confesar que te leo siempre, pero nunca me había animado a escribirte.
    Yo, al igual que tú ahora mismo, no tengo ningún tipo de red social. Calculo que hará unos 10 años que dejé de usar Tuenti (eso sí que es vintage y no enviar e-mails jaja).
    Te quiero contar mi experiencia, porque en mi caso yo sí desaparecí del mapa: mis amigas me llamaban menos, tenía menos contacto con ellas y muchos de mis contactos (que yo pensaba que eran amigos) se disolvieron en el aire. También quiero añadir que era la época pre-whatsapp.
    Realmente me aislé, muy a mi pesar primero pero sin ningún pesar después: me sirvió para conocerme a mí misma, desintoxicarme, dejar de echar fotos a diestro y siniestro para publicar algo nuevo y para saber quiénes eran mis amigos de verdad.
    ¡Y así sigo hasta el día de hoy! He aguantado todo tipo de presiones de familiares y amigos, pero he decidido que no sucumbiré más (al menos de momento).
    Yo creo que es como dejar una relación: primero sientes pena, luego lo asimilas y, por último, piensas: ¡pero qué hacía yo con ese tormento! 😉

    En fin, todo mi apoyo Marina a tu ‘desconexión’. ¡Mil besos!

  44. Mónica Lizana octubre 24, 2017 at 11:17 am #

    Hola Marina,
    Infinitas felicitaciones por tu artículo. Me ha gustado mucho, muchísimo.
    Y estoy totalmente de acuerdo en todo. No son pocas las veces que se me ha pasado por la cabeza salir de Facebook. Pero ahí sigo. Aunque sé que lo terminaré haciendo.
    Hay muchas decisiones que requieren su proceso y llevan su tiempo de autoconvencimiento hasta que te levantas un día y dices: llegó el momento.

    Creo que no soy hiperadicta, pero también pienso que me hace perder tiempo tontamente. Sí es cierto que me llegan cosas que me interesan, pero también mucha mierda en medio….. Así que pienso que estaría más tranquila sin entrar X veces al día a ver qué hay de nuevo.

    Estamos sobreinformados, y lo peor es que de contenidos poco importantes la mayoría.
    Cierto es que esta obsesión de leer 1.000 titulares al día está acabando con nuestra capacidad de concentración, de interesarnos por cosas importantes y relevantes, de profundizar en contenidos que nos aporten algo bueno a nuestro cerebro…..

    Creo que pertenecemos a una generación (que ha vivido sin internet y con él), en la que hay dos bandos:
    Uno, los que aman todo lo tecnológico, la hiperconectividad, las RR.SS., Internet etc etc, y viven sus vidas totalmente así.
    Y el otro el que no lo rechaza al 100% (porque hay que reconocer que bien usado, son herramientas muy útiles) pero tiene muchas reticencias a que su vida sea dominada por lo tecnológia y tiene un espíritu romántico vintage que le gusta hacer las cosas y vivir como se hacía antes de que llegara toda esta revolución.

    Yo soy del 2º bando, indudablemente.

    Besos,
    Mónica

  45. nuria octubre 24, 2017 at 12:50 pm #

    Ostras –
    Decirte que te encontré hace 5 meses . A causa de cambios repentinos en mi vida ( recuerdo que fué navegando , buscandome a mi misma ,en otros puntos de vista ) Y te conocí.
    Y hoy me doy cuenta que estoy contentíssima de que este factor cayera por su propio peso Y me dejó vivir esta transición. Para poder llegar hacia ti
    Leerte para mí es una motivación sincera . Para seguir cambiando para mejor. Para conectarme.Conectarnos a los desconectados 😀

    Añado que ; El darse cuenta de que estas en un sitio, (por inercia por seguir lo que hacen todos. O por comodidad).Algun click tienes que recibir.
    Es darse una buena bofetada, cuándo por fin te ves desde fuera de ti,es jodido .Pensando,-( cómo podía estar viviendo asi , menospreciandome .Perdiendo el tiempo?¿etc Uou! )
    Porque es ver que somos capaces de adaptamos de una forma brutal a muchas cosas, aunque nos den mierda para comer, es un decir .

    Y cuando decides cambiar. Sin aún tener resultados muy visibles. Es un trabajo de valientes, si señor!
    Eres valiente. Me gusta.
    Decidir dejar las redes sociales. Sí. decidir reconectar.Decidir sacar provecho de la vida.
    Me ha encantado el ejemplo de la chica nordica

    Hoy dia es escoger ser la mínoría., no nos engañemos .Es nadar contracorriente. Y eso cuesta decidirlo., o pararlo.
    Yo lo estoy haciendo muy poco a poco. No era adicta . De momento mi uso, es nutritivo .

    Pero me alegra descubrir gente como tú, coherente con mis pensamientos, con sentido común. Con quién me identifico. En la misma frecuencia. vamos.
    Y que vayan saliendo .

    😀 saludos desde bcn! Aquí una fan tuya 😀

  46. Ellen octubre 24, 2017 at 2:11 pm #

    Te felicito por la decisión , las RRSS son muy adictivas. Yo me desconnecten hace unos años pero volví por los grupos que tenia y algunas páginas de centros que publicitan sus cursos y actividades allí
    Cada vez me gusta menos esto de las redes sociales, me he dado cuenta que afecta muchísimo a mi rendimento, como bien dices ayuda a la falta de concentración y también a la procrastinacion
    Otra tema es el emocional, esto si que me afecta negativamente ya que fomenta las comparaciones y siempre salgo perdiendo. Otra sensación relacionada es que a pesar de la ilusión de la conexión en realidad no existe tal conexión. Poniendo de ejemplo las felicitaciones de cumpleaños, hice la prueba una vez borrando la info de mi cumple y no me felicito casi nadie !
    Ahora ya se que estoy mucho más sola de lo que me pensaba. Me dolió en su momento.

  47. Carolina S, octubre 24, 2017 at 3:56 pm #

    ¡Bravo!

  48. Sandra octubre 24, 2017 at 4:38 pm #

    Hola Marina! Pues te cuento que yo SIEMPRE he despreciado Facebook. Siempre me ha parecido muy invasivo, hasta escribí un post “redes metiches que arruinan tu vida” jaja. Y de hecho muy rara vez posteo o ando por ahí. Alguna vez traté de cerrarlo, y mantener la Fanpage Childfree, pero no se puede. (esa fanpage es un proyecto, que no abandonar, anque tampoco posteo seguido como debería).

    FB me parece la más orwelliana de todas, a mi juicio. Siempre me ha dado malas vibras, si la visito salgo huyendo de ahí a los 5 minutos con una sensación desagradable. La falsedad y la desesperación de todos por mostrar que maravillosa es su vida me shockea y me indigna. jaja.

    En Instagram solo sigo cuentas sobre libros, viajes, y comida. Así que no me da malas sensaciones, al contrario, me motiva a procrastinar menos y mover mi trasero del sillón para conseguir lo que quiero. Pero tal vez porque no soy adicta a esa red.

    WhatsApp casi no entro tampoco. Pasan días sin que entre. La única red a la que sí soy adicta es a Twitter. Es un hábito diario y es exactamente como dices, es como un agujero negro que se traga el tiempo. Con frecuencia me propongo no entrar a la red por varios días, y siempre me sorprende cuanto rinde el tiempo lejos de Twitter.

    En fin, no pienso abandonar las redes como tú, al menos no por ahora. Pero sí haré cambios en mi uso de Twitter. (las demás como dije casi ni las uso, no me dan problemas jaja) .

    Y sobre escribir libremente, lo hago también. Tengo un blog en el que escribo sin SEO ni nada de eso. Creo que tengo como 10 lectores jaja, pero no me importa. Siento que desde ahí le hablo al mundo, con libertad.

    Saludos Marina! Buenisimo tu post. Leeré el libro que recomiendas.

  49. Miguel octubre 25, 2017 at 7:21 am #

    Hola Marina:
    gracias por escribir esta reflexión y por compartirla después. Siempre es un placer leerte. La verdad es que Facebook no lo uso mas que para acceder a otras aplicaciones e Instagram lo cerré. Pero Twitter si lo uso, y llevaba algún tiempo pensando en dejar de usarlo. Lo que dices aquí ha terminado por convencerme de que ya es hora de hacerlo. No me costará demasiado esfuerzo.
    Pero lo que realmente quiero hacer es enviarle esto a una persona a la que quiero mucho y ya no veo. Decir que es una ex, sería darle a lo que tuvimos una importancia o una entidad que ella realmente no le dió nunca (por lo que sería faltar a la verdad), pero si digo que es una ex con la que corté todo contacto hace casi un año te ayudará a entender mejor que quiero hacerselo llegar, porque creo que puede ayudarle mucho, pero no quiero que sepa que soy yo, sobre todo para no interferir en su vida. No quiero que se sienta obligada a darme las gracias o a contestarme de manera alguna. Por supuesto, para ser consecuente con lo de volver al pasado en la forma de comunicarnos, he pensado imprimirlo y enviarselo por correo postal sin remitente. Podré la Url del enlace a este post y asi puede seguirte, si le parece interesante, a partir de ahora. Te parece sensato? Alguna idea mejor? Debería dejarlo correr y no enviarselo?
    Sigue escribiendo así.
    Un beso.

    • Marina octubre 25, 2017 at 8:28 am #

      Hola, Miguel:

      No sé muy bien qué decirte. Si me pongo en el lugar de la chica, quizá me desconcertaría más que no tenga remitente. A lo mejor puedes decirle que eres tú y que no esperas respuesta ni contestación. Pero no sé. Creo que no hay respuesta correcta en estas cosas; que lo único que puedes hacer es buscar en tu corazón cuál es la mejor intención, actuar de acuerdo con ella y desapegarte del resultado. ¿Tiene sentido?

      Besos,

      Marina

      • Miguel octubre 25, 2017 at 3:45 pm #

        Tiene sentido. Gracias de nuevo.

  50. Fran octubre 25, 2017 at 12:49 pm #

    Hola Marina,
    me indentifiqué mucho con todo este artículo y desde que lo leí, he hecho algo que llevaba tiempo queriendo hacer, borré mi cuenta de Facebook que casi ni usaba y me desinstalé Instagram del móvil para dejar de usarlo tan a menudo y dejar de subir cosas porque es verdad que cada momento bueno de mi vida sentía que debía compartirlo y ya era preocupante. Muchas gracias por escribir algo así que me ayudó a dar el paso.

    Un abrazo

  51. Atreverse octubre 25, 2017 at 1:26 pm #

    Hijamía te habrás quedado a gusto 😛 Como tengo cerebro de pez y de todo no me voy a acordar, simplificaré:

    – He llegado a las mismas conclusiones que tú. Ya llevaba varios meses en que me producía un cabreo monumental. Hice un experimento hace un par de años de una semana sin internet y madre mía, hasta el carácter me cambió. Supe entonces que es la meta a perseguir.

    – A mí fb también saca lo peor de mí. Es la única red social que tengo y me satura hasta límites insospechados. Primero fueron todas las publicaciones de índole política con el tema del 15M y crisis, que he ido eliminando convenientemente. Lo que ha sido la gota que colmó el vaso y que me ha hecho borrarme y estar ya 3 meses sin fb sin echarlo de menos fue el tema de los atentados, mezclado con independentismo. Entré en bucle y ver toda concentrada la estupidez y maldad ignorante de la gente es más de lo que puedo soportar. Me altera mucho, no lo sé gestionar y al final qué pasa: que no sólo odio el mundo, sino que me pongo borde. Yo también soy contundente y creo que en mi caso en el cara a cara gano.

    – Por otro lado no me gusta la falsedad de las comunicaciones y el aparentar. Es como estar en un pueblo pero global. Antes muerta que mostrar miserias. A mí me gusta la gente real, no los robots. Entiendo que no es la plataforma para ir mostrando tus penas, al igual que en la vida real no te abres con todo el mundo, pero es que lo de algunos es patológico. Una buena amiga se rompió a llorar un día que andaba medio borracha y me confesó que su vida era una mierda y que estaba con su novio porque sino no podía permitirse el piso que se había comprado (estaba en paro). Pero si tú ves fb la ves cada finde en un sitio de Europa diferente, con cenas románticas y estados de lo más molones. WTF. A mí me han eliminado por ponerme profunda. Doble WTF.

    – Si llenas tus horas muertas en fb no tienes espacio ni energía mental o física para conocer gente de carne y hueso. Tan simple como eso. La paz mental que te da el no estar pendiente de notificaciones es gloriosa y lo debería prescribir el médico (estoy segura de que en un futuro se hará).

  52. Roser octubre 25, 2017 at 2:01 pm #

    ¡Hola Marina!

    Toda la razón. Yo soy de pensar que si una cosa te quita energía, lo mejor es no seguir por ese camino. En mi caso, ya hace tiempo que ”dejé” FB. No completamente, porqué reconozco que me resulta útil en muchas circunstancias, pero desde luego que entro sólo cuando lo necesito; básicamente por estudios o trabajo. No lo utilizo como red social, ni veo el contenido que publica la gente, porqué lo tengo todo desactivado. Antes publicaba todo lo que hacía, me sentía bien haciéndolo, pero como tú, también había algo en esas personas que seguía que me hacía ser dura conmigo misma, me sentía mal, como si entrara en una especie de competición por ver quién es más feliz. Así que limité mucho el uso que le doy a FB, y en cuanto a Instragram, lo dejé completamente. Empezaba a resultarme desagradable, lleno de postureo y de vidas maravillosas. Simplemente me hacía sentir mal, pensaba que mi vida comparada con la de esa vecina que parecía famosa era una mierda… pero no es verdad, de hecho es todo mentira. Yo también podía aparentar eso, pero no tengo ganas de invertir mi tiempo en esas cosas, simplemente es demasiado cansado.

    Por cierto, yo soy del 17 jeje. Otra taurina por aquí 😉

    ¡Un abrazote!

  53. Atreverse octubre 25, 2017 at 2:03 pm #

    Por cierto, “en lugar de eso, las desactivan y las reactivan si inicias sesión dentro de un periodo determinado (15 días para Facebook, 30 días para Twitter).” ¿dónde lo has leído? ¿me podrías pasar link? Yo he estado más tiempo que los 15 días con mi cuenta de facebook desactivada, y ahí estaba el monstruo de nuevo cuando inicié sesión. Creo que las cuentas son indestructibles. Si sabes algo que yo no, te agradezco mucho la info 🙂

    • Marina octubre 25, 2017 at 4:34 pm #

      Creo que solo pasa cuando le das a “eliminar cuenta”. Si solo la desactivas, no la eliminan.

      Marina

      • Atreverse octubre 26, 2017 at 1:34 pm #

        Gracias, ya lo miraré 🙂

      • Atreverse octubre 26, 2017 at 1:52 pm #

        Mmmm, he entrado para comprobarlo y la única posibilidad que te ofrecen para eliminar cuenta es que te mueras :S

        Copio y pego las tres opciones:

        “Tu contacto de legado
        Un contacto de legado es la persona que eliges para que administre tu cuenta cuando fallezcas. Podrá realizar ciertas acciones, como fijar una publicación en tu biografía, responder a nuevas solicitudes de amistad y actualizar tu foto del perfil. No publicará en tu nombre ni verá tus mensajes. Más información.

        No se enviará ninguna notificación a tu contacto de legado hasta que tu cuenta se convierta en conmemorativa, pero si quieres puedes enviarle un mensaje ahora mismo.

        Si no quieres que tu cuenta de Facebook siga activa tras tu fallecimiento, puedes solicitar que la eliminemos definitivamente en lugar de elegir un contacto de legado.

        Desactivar tu cuenta
        Al desactivar tu cuenta, se desactivará tu perfil y se borrará tu nombre y tu foto de la mayor parte del contenido que compartiste en Facebook. Algunas personas podrán seguir viendo determinada información, como tu nombre en su lista de amigos y los mensajes que les enviaste. Más información.
        Desactivar tu cuenta.”

        Si le das a la opción de eliminar cuenta, sale lo siguiente:

        “Confirma que quieres eliminar tu cuenta tras tu fallecimiento. Una vez que alguien nos avise de que falleciste, toda tu información, fotos y publicaciones se eliminarán definitivamente de Facebook y nadie podrá volver a ver tu perfil.”

        La única salida es la muerte 🙁 🙁 🙁 Esto sí que es creepy.

  54. Fany octubre 25, 2017 at 10:37 pm #

    ¡¡Hola Marina!!
    Desde hace unos meses que di contigo, bendito aquel día. Gracias por compartir tus vivencias, experiencias, ideas, me sirven bastante para meditar muchos aspectos sobre cómo voy llevando mi vida. Leerte es como charlar con una persona bien cálida, sincera y con un sentido del humor fatal. Tienes una excelente habilidad para escribir y transmitir, al menos a mi llegas a veces como un baldazo de agua para despertarme y ser más consciente de lo que hago, otras veces eres como un rayo de luz que aparece en un día gris.
    Respecto al tema de las RRSS, creo que nos están robando una gran parte de la vida. Hay una frase que dice algo así: “No hay medio de comunicación que pueda reemplazar la mirada”, las relaciones de persona a persona son de lo mejor, el tan solo mirarle a los ojos a alguien puede ser suficiente, la mirada expresa y refleja mucho de uno. Pero con esto de las redes sociales las personas andamos más mirando el celular. Coincido contigo en algunos argumentos para dejar las RRSS, en otros no del todo. Ahora para mí esto de eliminar mi cuenta del fc es un alivio, ya que estoy más bien concentrándome en VIVIR cada momento con el foco en el presente, hasta cuando desayuno, quiero disfrutarlo como si fuese la primera vez que pruebo aquel platillo, o cuando como un postre, o un rico helado con una amiga.
    Sería muy gratificante y saludable disfrutar de cada segundo con los 5 sentidos.
    Esta algo fuera de contexto, pero te diré que hace semanas leí en un blog acerca del síndrome de querer fotografiar todo http://elmundoatravesdeunvisor.com/sindrome-querer-fotografiar/ en el cual la fotógrafa decía:
    Al principio fotografiaba todo, era obsesivo. Pensaba que en cualquier rincón, en cualquier momento podía estar LA FOTO.
    No desconectaba.
    Me pasaba el día alerta, observando todo y prestando mucha atención a mi entorno constantemente.
    Han pasado los años y aunque la fotografía sigue siendo lo que más llena mi corazón, he aprendido que de vez en cuando hay que saber bajar la cámara y disfrutar del momento sin ella.
    Hay cosas que quiero vivirlas directamente con mis ojos, sin visores ni pantallas de por medio.

    Y le doy toda la razón muchas veces andamos más preocupados en tomar una buena foto (para luego publicarlo en la ¨RRSS¨) no disfrutamos de lo que está pasando por el afán de querer capturarlo todo para luego darnos cuenta que se nos fue un momento que no volverá y la vida en sí.
    Gracias Marina por ayudarme y darme ese empujoncito como tú dices para que por ahora desactive mi cuenta de fc, no la elimine aún porque hay personas con las que solo mantengo comunicación o se de ellas por fc, y antes de retirarme a una de ellas estoy pensando en si le escribo o no (un testamento) por lo bueno que aporto a mi vida con sus publicaciones. Estoy en ese dilema porque hemos intercambiado palabras pocas veces vía fc pero siempre estaba al tanto de sus publicaciones.
    Me encantaría que cree un blog, ya que escribe tan bien, y tiene mucha claridad al momento de expresarse. Además que personas como yo, que lo seguimos y sabemos cómo ha evolucionado como persona, creo que sería muy bueno que lo comparta con otras personas. Y bueno también porque la gratitud es para mí un valor fundamental, y por eso mismo quisiera hacerle saber lo agradecida que estoy con él. Por otra parte me gusta la idea de experimentar ahora mi vida sin RRSS, ahora me sorprendió llamándome una amiga solo para saludarme (no es muy común en ella eso, creo que fue porque no me encontró en fc ja ja). Y como leí en un comentario: “SI ESTOY SOLA, QUIERO SABERLO” (ojo con el estar sola y sentirse sola).
    Deseo te esté yendo de perlas 🙂 alejada de las RRSS y felicidades por dejarlas a pesar de que eres psicóloga, das consultas online, tienes un blog y eso aparentemente es un medio de publicidad (pero tú no la necesitas, mentira, sí, pero tú tienes algo a tu favor que ni las RRSS ni nadie te lo puede quitar, tienes un don para escribir, eres buena en ello y pues a lo bueno se le busca y no al contrario).
    Pd: Recomiéndame un libro para mejorar en la escritura.

  55. Els octubre 25, 2017 at 11:58 pm #

    Yo también te echo de menos Mopi. Pero tocarte al fonoporta me pilla muy a desmano.
    Te quiero guapi

    • Marina octubre 26, 2017 at 9:08 am #

      <3 <3 <3 <3

  56. Maria octubre 26, 2017 at 9:45 pm #

    Hola Marina, he llegado a tu página navegando en internet y haciéndome la pregunta más existencial de todas ¿Cómo saber que hacer en la vida?. Mientras mi novio dormía, abrí el navegador incognito y dejé en manos de Google que la respuesta llegara a mí. Juntos trabajamos en proyectos web, hacemos SEO y durante y después de cada proyecto cada uno quedamos un poco más drenados, pues empezamos con ganas de hacer un nuevo mercadeo digital y rápidamente nos vemos sucumbidos en la fastidiosa necesidad de nuestros clientes por ser famosos a como dé lugar. Llegué aquí a través de la página viviralmaximo, y por ahí había una mención sobre Marina (tú). Dejé facebook hace mas de un año, pero desde hace unas semanas lo volví a abrir porque me fuí de mi país y no me pareció justo con mi familia (mamá y tia, que ahora usan facebook como locas) sin saber que había de mi vida. Leyendo tu post, confieso que acabo de pedirles a mis contactos, los pocos que tengo, porque sí pude eliminar mi cuenta completamente hace un año, que por favor me dejaran sus correos electrónicos para así escribirnos cartas de nuevo. Espero que me los dejen y volver al siglo pasado jeje.. Sino facebook 2.0 para mí ya llegó a su final. Gracias!!!!

  57. Gema :) octubre 27, 2017 at 9:39 am #

    Marina me ha gustado mucho tu artículo, me lo recomendó mi hermana y ya me he subscrito al blog. He echado de menos la palabra postureo jajaja pero quedaba implícita en más de un apartado del artículo. Yo me he creado un canal en youtube hace poco, y lo que me daba más pereza era tenerlo que compartir por RRSS, porque como tu has dicho, parece que si no lo haces no podras tomarte el cocoloco. Un proyecto no deja de ser bueno por no estar en las RRSS, pienso que al contrario, se vurlve mas exclusivo porque llega a quien le interesa de verdad. Con tu permiso menciono una frase de tu artículo en mi video.
    Esperando proximos artículos.
    Un saludo desde Badajoz. Gema 🙂

  58. Santi octubre 28, 2017 at 8:45 am #

    Este vídeo es un despelote, buenísimo:

    https://youtu.be/liO3z7udmEQ

    ¿y si tu novio no está en las redes sociales? jijiji

  59. Edu octubre 28, 2017 at 1:50 pm #

    Este artículo era justo lo que necesitaba leer hoy. Yo soy del 98, y la cultura de las RRSS me ha pillado de lleno. Cada día siento el mundo más a lo black mirror (pedazo de serie muy relacionada con esto si no la has visto), como si esa distopía ya estuviera aquí y bien asentada además.

    Me pasó un día que conocí a un chaval en la facultad y me tomé una caña con él. Me pareció agradable y gracioso y esa misma tarde como no, lo busqué en instagram. Tenía algo así como 150 seguidores y 1500 seguidos. Automáticamente lo juzgué y lo percibí como una especie de loco, como una persona que no le interesa a nadie pero sigue a todo el mundo como un acosador. *creepiness*

    Hace poco un instagramer famosillo subió una foto en la que preguntaba a la gente si era feliz y que lo dijera en los comentarios. Yo no tenía nada que hacer y me puse a buscar correlaciones en los perfiles de la gente que decía sí y no. Algunos decían sí y la gran mayoría eran las típicas personas que tienen o saben aparentar éxito social, lo cual se traduce en muchos seguidores y bastante menos seguidos. Y después había una gran horda de noes, de los que podría decir que el 95% tenían menos seguidores que seguidos y menos habilidad para mostrar su vida de forma apetecible por la red.

    Es una telaraña que está generando chavales inseguros y ansiosos, y lo más importante, está haciendo la confianza cada vez más difícil porque mostrar defectos es mostrar los fallos de “tu producto”, las razones por las que la gente no te compraría. A veces sueño despierto en el autobús que de repente alguien empieza a gritar y a decir cosas embarazosas y la gente, cansada y aburrida, empieza a reírse y ese día comienza bien para todo el mundo porque creo que es lo que todos queremos y a la vez tememos en realidad, romper esa concha y sentir ya al prójimo más cercano, no como si fuera una potencial cámara que grabe cualquier error de tu comportamiento para unirlo a la red de opiniones y que pierdas puntos o seguidores o likes y mueras solo y triste porque tu producto no ha sido aceptado en el mercado y nada más que te quiere tu perro.

    Te deseo que no caigas otra vez en eso porque da pánico no estar en la burbuja pero la burbuja yo creo que es como las sirenas de la Odisea en realidad. Muchas gracias por el empujón y sigue publicando!!

    pd: me siento super identificado con el concepto NPP jajajaj, el mío es NCP y necesito agrandarlo 😛

  60. Mariana octubre 28, 2017 at 4:48 pm #

    Seré muy breve, porque el artículo me ha encantado y eso se dice corto. Me has hecho dar cuenta de que he perdido la capacidad de leer de forma concentrada durante más de 5 minutos! Antes me concentraba mucho más, no digo ya cuando hice la tesis…pero es como si un mago hubiera borrado esa capacidad, y eso me preocupa. Por trabajo no puedo dejar las redes, pero sí que quiero hacer un uso mucho más moderado de ellas, eso está claro.

  61. Vieja cruda octubre 29, 2017 at 10:43 am #

    Lo primero que he hecho esta mañana de resaca tras la cena fin de Máster ha sido scroll sin límites por las RRSS. Luego recordé la recomendación de Willy sobre tu artículo. Me ha encantado. Me resulta útil y me hace pensar. Pensar para mejorar mi vida. Y es curioso que, mientras recojo por última vez el sofá cama de mi amigo, y de fondo pongo a Puccini(como mejor forma de desitoxicarme del atracón de Reggeton), lo que me viene a la cabeza a tras emocionarme con O Mio Babbino Caro sea publicarlo en el dichoso muro. No suelo publicar pero ahora soy consciente de ese pájaro que aparece y te dice Compartelo y te saca del momento. Un abrazo
    o

  62. Marco octubre 31, 2017 at 5:15 pm #

    Por demás subversivo. Escribes increíble.

    Tuíter me parece más útil si restringes tanto a quien sigues, como los tres culposos minutos -máximo- al dia que se le pueden dedicar.

    Recuerdo al personaje de Mark Suckerberg al final de la película Red Social (¿cómo se llamó en inglés?) en un zombietediosoeternoscrolling.

    Gracias y felicidades por ser caudillo ¿caudilla? de una causa justa.
    Marco

  63. Emi noviembre 1, 2017 at 8:46 pm #

    Hola Marina, gracias por compartir tu experiencia, me identifico mucho con el proceso que has vivido. Hace tiempo que quité mi cumpleaños de FB para dejar de formar parte de esa hipocresía tan contagiosa y es algo que recomiendo a la gente de mi entorno; tengo una norma personal al respecto, si me entero de un cumpleaños por FB o en un grupo de wasap y no por interés personal (no porque quise acordarme) tampoco felicito a título personal. Debemos formentar costumbres sanas y tratar de hacer lo que hemos planificado hacer y evitar dejarnos arrastrar por estas tendencias tan impersonales.

    En mi caso no he salido totalmente de las RRSS, pero voy experimentando diferentes etapas de las que aprendo; el objetivo es dejar de utilizarlas en las relaciones personales pero las sigo considerando importantes para buscar ideas como por ejemplo Pinterest.

    Quiero sobre todo compartir cómo lo hice por si le sirve de ayuda a otras personas. Fué muy sencillo, dejé de seguir a todas las personas de mi circulo de contactos en FB para activar en mi cabeza un mecanismo de búsqueda de información más selectivo: dejar de poner en manos de Fb qué es lo que me puede interesar e interrogarme a mi mismo sobre lo que realmente me interesa saber de otras personas.

    En dos días FB quedó en un plano secundario y comprendí que toda la información que había estado recibiendo no me interesaba en absoluto. Al no tener espectativas de encontrar información dejé de considerarlo un canal del cual abastacerme. Y no cerrar la cuenta inmediatamente, me permitió comprobar que rara vez buscaba información sobre una o dos personas. Digamos que no sufrí abstinencia alguna.

    Ya tienes un lector más.
    Un saludo!

  64. Susana noviembre 6, 2017 at 6:06 am #

    Marina! Justamente me estaba empezando a sentir culpable de gastar tantas horas en Facebook a lo qe me contestaba que bueno que ya que estoy lejos de mi familia y amigos no está tan mal enterarme por internet de los que les pasa pero efectivamente lo que mas aprecio es cuando no es suficiente lo que está en facebook y me llaman o yo les he llamado pues no es reaaaaal ni completo de lo que uno realmente vive ejeje

    Bueno para mi han sido la excusa las fotos pues unos cuantos amigos quieren ver las experiencia en otro pais y yo les voy compartiendo de a una vez para todos… pero tal vez es sólo una excusa

    Así que me ha dado que pensar 🙂

  65. Silvia noviembre 15, 2017 at 9:54 am #

    Hola! pues en mi caso no estoy muy preparada para dejar facebook del todo. Realmente no publico mucho. Después de un par de encontronazos desagradables decidí mantener un perfil bajo, decisión que hasta ahora estoy cumpliendo. Tan sólo comparto enlaces que me parecen interesantes, pero nada de publicar fotos personales ni textos sobre qué estoy pensando o haciendo o dónde estoy. Eso sí, soy muy “scroller”. Y hace poco, con el tema de Cataluña, experimenté eso que dices de cabrearse leyendo opiniones contrarias… como no quería más encontronazos, suspendí la cuenta unos días. Pero no me animo a dejarlo del todo. Estoy en una asociación cuya vía de comunicación es el facebook. También en páginas con miles de ideas de decoración, bricolaje… en fin.

  66. @abuja62 noviembre 22, 2017 at 7:37 am #

    Hola Marina:

    He conseguido leer tu artículo entero, largo, interesante como todo lo que escribes, pero largo.
    Me parece bien que hayas dejado las redes si eso te hace sentir mejor.
    Personalmente creo que, si estás enganchado a ellas, es lo mejor que puedes hacer; aunque en esto como en todo en la vida todo o nada nunca es lo mejor. En el equilibrio está la sabiduría.
    Ejemplo. Cuando tuve a mi hija, hace ya muchos años, dejé de fumar porque sabía que era una adicción para mí, pero me encantaría poder hacer como mi marido, no fuma por norma pero puede fumarse un cigarro de mes en mes o año en año, solo por compartir con alguien un rato y humo.
    Además, las redes sociales, para una persona activa no son necesarias pero pienso en las personas con problemas físicos y no me parecen tan malas, siempre y cuando no sean adictivas claro.
    Te deseo lo mejor y que sigas disfrutando y haciéndonos disfrutas compartiendo tus ideas, aunque seamos desconocidos.
    Un saludo.

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