Dos horas y veintidós minutos (o cómo comprometerse realmente con la vida)

El pasado domingo Ueli Steck, un alpinista famoso por sus récords de velocidad, se murió en un accidente en el Everest.

Las personas solemos tener imágenes muy sencillas de la mayoría de los humanos, sobre todo de aquellos a los que no conocemos muy bien. Para mí, Ueli era el que cuando se enteró de que el alpinista Iñaki Ochoa de Olza estaba en el Annapurna con edema pulmonar y cerebral, echó a correr montaña arriba en zapatillas para tratar de salvarle.

Era el que escalaba rápido. Le vi unos años después en un corto de Reel Rock batiendo por segunda vez el record de ascensión del Eiger y me quedé enamorada de la escena final: cuando llega a la cumbre, y suena Welcome Home, de Radical Face y tú, por alguna extraña razón, te sientes orgullosa de pertenecer a la misma raza que ese hombre.

El martes por la tarde, mientras paseamos por las calles atestadas de gente de Granada en Feria, le digo a Pablo:

Estoy triste por lo de Ueli Steck, ¿sabes? Es una tontería, porque no le conocía, ni hago alpinismo, ni nada.

—Yo también estoy triste. Y no es ninguna tontería.

—¿Por qué crees que nos ha afectado tanto?

—Creo —Pablo se detiene un momento y se queda pensando, rodeado de trajes de gitana y de gente que canta en voz alta— que verle era como ver una expresión muy física de la voluntad de hacer realidad tu visión. Le ves avanzando con esa determinación y es inspirador.

Esta mañana me levanto decidida a escribir algo sobre Ueli, así que me pongo por enésima vez el vídeo del récord de velocidad de 2008.

Lo que me fascina del vídeo no es el peligro que se intuye, ni siquiera la brutalidad física de la hazaña. Me fascina la cualidad de la acción de Steck, el foco absoluto con que avanza montaña arriba, sin detenerse, con un objetivo en mente. Y mientras lo veo, me llama la atención una frase de Ueli en la que no había reparado antes.

«Estás progresando en algo —dice— y de eso es lo que trata todo. Solo te sigues moviendo, teniendo algo de progreso en tu vida».

Él también se había dado cuenta de que lo más importante de lo que estaba haciendo era ese movimiento. Cuando menciona la cima, unos segundos después, apenas le da importancia. «Fue un buen día» dice, únicamente.

Años después, lo intentó de nuevo y estableció el récord actual: dos horas y veintidós minutos. Cuando se murió el pasado domingo, Ueli Steck seguía moviéndose.

Pablo tiene razón: es una metáfora poderosa. Es lo que yo trato de comunicar una y otra vez cuando hablo de vivir con valores, de acción comprometida: se trata de conseguir la mayor cantidad posible de momentos así, en los que avanzas con concentración, en los que progresas, y estás completamente viva, dejando espacio a la incomodidad, al cansancio y al frío. Observando cómo tus manos y tus pies se mueven montaña arriba.

Había pensado en hacer una especie de convocatoria-homenaje a Ueli. Quería invitarte a ti, persona que está leyendo mi blog este viernes por la tarde, a que te comprometas a buscar en la próxima semana dos horas y veintidós minutos de acción comprometida. Dos horas y veintidós minutos que tengan una cualidad similar a esa épica subida de Ueli al Eiger. No hace falta que sean seguidas.

Puedes anotarte en el desafío aquí.

Te dejo unas breves instrucciones que te pueden ayudar:

Piensa en hacer tu vida más grande

«Las personas como él hacen el mundo más grande —me dijo Pablo el otro día, cuando hablábamos del tema—. Expanden los límites, no solo suyos, sino de toda la humanidad».

Crecer como personas significa expandir los límites de lo que creemos posible para nosotros mismos. Ser capaces de hacer más en condiciones más difíciles, para poder elegir con más libertad y más a menudo. Piensa en términos de expandirte, de ampliar el foco. Imagina que puedes alejar un par de metros la linterna con la que enfocas tu vida y distinguir más sobre ti en la oscuridad del mundo.

Haz espacio al cansancio, al frío y al miedo

No creo que Ueli fuera un inconsciente. Creo que se daba cuenta perfectamente de lo cerca que estaba de morir a cada paso que daba. Lo que ocurre es que seguir progresando era tan importante para él que estaba dispuesto a hacer espacio.

Nosotros tenemos suerte, los demás mortales. No tenemos que hacer espacio al pánico de despeñarse miles de metros en la cara norte del Eiger, sino a emociones mucho más prosaicas, como nuestra angustia, nuestra ansiedad, nuestros pequeños miedos. Con tu cumbre en mente, con tu deseo de avanzar enfocándote en algo que te importa, ¿a qué eres capaz de dejarle espacio?

Observa el vídeo, respira hondo y recuerda la última vez que te sentiste así, o imagina cómo podrías sentirte así

Mandé la novela que estoy a punto de publicar a corregir hace ya varios meses, y la correctora me devolvió un desastre absoluto. Tenía dos opciones: o publicarla así, o repasarla yo otra vez desde el principio y arreglar lo que estuviera mal. Me pasé un montón de horas seguidas, manuscrito en mano, consultando la web de la RAE para ver si «Erasmus» se escribe con mayúscula o con minúscula (respuesta corta: depende).

Y esa fue la imagen que me vino a la cabeza cuando pensé en Ueli. Corregir una novela tiene mucho menos glamour que escalar una montaña, pero el sentimiento de avanzar y avanzar y no pensar en nada más era parecido.

Conecta con la última vez que te sentiste así, o imagina la próxima vez que podrías sentirte así, y comprométete con lo que fuera que te llevó a ese estado. Tú sabes lo que es subir la cara norte del Eiger a toda velocidad; algo dentro de ti lo sabe.

Cuando llegues arriba, sonríe: es un buen día

Es un buen día cuando logras progresar en algo, aunque sea un poco. Así que en medio del cansancio, con los pulmones ardiendo y con el milagro cotidiano de no haberte muerto hoy, párate un momento y sonríe como lo hace Ueli al final del vídeo. Damos demasiada poca importancia a nuestros logros. Date permiso para celebrar.

***

Me siento un poco mejor, ahora, aunque todavía tengo un nudo en la garganta. Pero me ha alegrado saber que Ueli era totalmente consciente de que lo importante en su vida no eran las cimas, sino seguir avanzando. Me alegra que muriese mientras se movía hacia adelante en su sitio favorito. Creo que es la mejor muerte que todos podríamos desear.

Puedes apuntarte al reto aquí. Simplemente, edita la tabla con tu nombre y anota cada día la acción comprometida y el tiempo que le dedicas. Puedes hacerlo todo del tirón o dividirlo. Puede ser la misma acción o una diferente. Si se acaba la tabla, añade otra fila.

Por último: quiero repetir que yo no conocía a Ueli Steck. Ni siquiera le conocía lo suficiente como figura pública; no había seguido su carrera con detalle ni me interesa especialmente el alpinismo. Pero lo bonito del ser humano es que las cosas no son lo que son, sino lo que son para ti, y esto es lo que era él para mí y lo que puede ser para ti también.

Desde mi corazón humano hasta el tuyo, Ueli: muchas gracias por hacer de este mundo un lugar más grande. Espero que los que nos quedamos estemos a la altura durante el tiempo que nos quede.

 

[P.D.: Hoy termina el plazo para apuntarse a esta edición de Reescríbete. Te invito a que te unas a nosotros aquí]

 

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10 Responses to Dos horas y veintidós minutos (o cómo comprometerse realmente con la vida)

  1. marta mayo 5, 2017 at 8:33 am #

    Me parece una gran idea! A mi también me entristece, y más después de ver el documental sobre el intento de salvar a Iñaki, Pura Vida.. Pero todos ellos mueren haciendo lo que más les gustaba..

  2. Jorge mayo 5, 2017 at 8:34 am #

    Cuando el domingo me enteré de la muerte de Ueli Steck noté como poco a poco me invadía la tristeza. Ni siquiera sabía quién era hasta hace unos meses, cuando lo vi en un vídeo que aparecía en una de las lecciones de tu curso, “Reescríbete”. Inmediatamente me sentí fascinado por este hombre, no tanto por sus records como por su determinación y valentía. Haciendo un paralelismo con el Mito de la Caverna platónico, la mayoría somos como sombras de la excelencia de personas como él, capaces de plantarle cara a la vida y llevar sus sueños hasta el límite. El mundo ha perdido a uno de esos seres humanos que dignifican a su especie. Ojalá hubiera más como él.

  3. Jos mayo 5, 2017 at 9:03 am #

    No le conocia, pero a raiz de este post se puede decir que Ueli era un tio grande. Una pena. Se podría haber muerto alguna otra rata en vez de una persona tan necesaria.

  4. Ester mayo 5, 2017 at 9:57 am #

    Me acordé de ti cuando escuche la noticia, pensé : “seguro que a Marina le ha afectado” a mi también, pero es una tristeza distinta a cuando muere alguien de mala manera, hay algo de especial en morir haciendo lo que uno ama, aunque hay mucha gente que no entiende que alguien asuma ese tipo de riesgo, para mí son muy inspiradores, son luminarias.

  5. Kiko mayo 5, 2017 at 11:10 am #

    Te entiendo Marina, yo tambien lo siento.

    Gracias por seguir escribiendo y motivando.

  6. Isabel mayo 5, 2017 at 2:06 pm #

    ¡Hola Marina! ¡Me ha encantado este post! Siempre me han llamado la atención las personas que hacen cosas fuera de lo común, y me da curiosidad cómo algunos pueden entregarse a algo como el alpinismo, que conlleva tal riesgo. Me gusta mucho cómo Pablo y tú habéis analizado la manera en que Ueli veía el alpinismo, y cómo habéis sacado de su actitud unas reflexiones tan inspiradoras.
    Y por cierto, vaya práctica la del alpinismo, tan cercana a la muerte. En el artículo que has compartido mencionan varias veces las muertes de compañeros de Ueli. Recomiendo, por cierto, el libro “Mal de altura” de Jon Krakauer, es muy impactante.
    ¡Un saludo!

  7. chichita mayo 5, 2017 at 2:31 pm #

    Me encantó este post. – Cariños.- Chichita.-

  8. papaprimerizo mayo 6, 2017 at 8:30 am #

    Hola Marina,
    He disfrutado mucho leyéndote y he sentido esa determinación que te transmitía Ueli.
    Para mí, es una sensación que busco a diario.
    Es esa garra que transmite Nadal en sus partidos.
    Es ese saber lo que hay que hacer y lo voy a hacer.
    Es, en definitiva, conectar con el poder personal de uno mismo. Con la voluntad y la determinación.

    Muchas gracias por hacerme conectar con el mío mientras te leía.
    Un abrazo

  9. Roquefeler mayo 7, 2017 at 7:34 am #

    Hola Marina,

    He conocido este blog por Ueli, ya que me pasó el enlace un amigo. Esta es la muerte de una persona no conocida que más me ha afectado, me siento muy identificado con esa sensación de tristeza que comentas. Tristeza por la gran pérdida que supone para el alpinismo y la humanidad.

    Os dejo unas palabras de despedida de su gran amigo y mejor alpinista Simone Moro que definen a la perfección lo que fue Ueli.

    “He perdido a muchos, muchísimos amigos en las montañas: en los Himalayas, los Andes y los Alpes. No es un precio a pagar o un tributo, ni un sacrificio para aquellos que amamos este mundo vertical. Es simplemente lo que ocurre a aquellos que eligen vivir en lugar de simplemente sobrevivir, a aquellos se rodean de gente que está intensamente viva, que dedica cada segundo de su vida amando la acción y teniendo sentimientos que florecen con cada uno de los instantes de esta completud.

    No hay muerte noble o muerte miserable, sino que hay una vida vivida como un líder o bajo las órdenes de otros o influida por el miedo. Ueli no buscaba la aprobación o la comprensión, él sólo buscaba hacer las cosas de la mejor manera, según su deseo y motivación”

    Hasta siempre Ueli

    • Marina mayo 7, 2017 at 7:44 am #

      Muchas gracias por comentar, Roquefeler. Muy bonito el comentario de Simone Moro, y muy acertado. Un abrazo.

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